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Valle de Bravo; un lugar encantado donde desconectar como VIP

Vivir en una de las ciudades más pobladas y saturadas del mundo no es tarea fácil. Más aún cuando te tienes que chutar horas y horas en el tráfico para moverte de un lado a otro. Desconectar de la rutina no es tan sencillo y, después de 3 semanas seguidas yendo al cine y a tomar una copita de vino, la verdad es que el cuerpo te pide a gritos un cambio de rutina.

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Muchos os dirán que un paseo por Puebla (pollito con mole incluido) es vital para sanear el espíritu y hay quienes optarán por San Miguel de Allende para ir a pasar el fin de semana con los amigos y montarse una que otra fiesta casera pero yo, mis queridos amigos, no puedo negar mis orígenes y, como se suele decir coloquialmente, la cabra tira al monte.

Por eso, siempre que la disponibilidad de tiempo y el bolsillo lo permiten, me escapo al rincón más “asturiano” de los alrededores; Valle de Bravo. Un pueblo de esos considerados como “mágicos”, con lago, bosque y montañas incluidos, en los que por unos días puedes disfrutar de la vida en plena naturaleza. (No, salir a correr por Chapultepec no te quita el sambenito de “flor de asfalto”).

Tanto si buscas reconectarte con tus instintos más primarios como si quieres disfrutar de un fin de semana a todo lujo, Valle de Bravo tiene las mejores opciones. En mi caso, después de probar algún que otro hotelito alternativo (sí, hay vida más allá de El Santuario Resort), me decanto por el Hotel Mesón de Leyendas, para quienes buscan algo más casual, y por el Hotel Rodavento, para los que prefieren una experiencia sensorial en medio del bosque, sin renunciar al trato preferencial.

 

Hotel Rodavento

 

En esta ocasión, sin embargo, quise aventurarme con algo nuevo y opté por probar suerte con AirBnB, después del grato sabor de boca que me había dejado en mi aventura italiana. Así fue como encontré a Carlos y José Luis, los anfitriones de un hotel en construcción que ofrece, a través de dicha plataforma, sus primeras suites. ¿El resultado? Las comodidades de un hotel con la libertad y la independencia de un AirBnB. La ubicación es perfecta, tiene piscina, jacuzzi y unas vistas súper bonitas al lago. Aunque lo mejor de todo, sin duda, la hospitalidad y el buen trato de sus propietarios. Tenían respuesta para todo y, teniendo en cuenta lo exigente que puede llegar a ser uno estando de vacaciones, resulta de gran ayuda.

¿Qué hacer en Valle de Bravo?

La pregunta más bien sería qué no hacer, ya que las opciones en este (mi) rinconcito de felicidad son tan diversas como inagotables.

 

 

Después de haber probado el parapente, los paseos en caballo y en cuatrimoto (con visita a iglesia budista incluida), me quedo con el esquí acuático (traje de neopreno no negociable, por eso de que la edad ya no perdona) y el tiro con arco. Para esto último yo os recomiendo el Hotel Rodavento ya que, además de la clase de iniciación, tienen un circuito en plena naturaleza para que te sientas como Robin Hood en pleno Bosque de Sherwood. Además puedes aprovechar el viaje para darte un masaje en una de sus cabañitas. Vale que son un poco más caros que los que ofrecen las masajistas a domicilio pero el entorno, y sobre todo el trato del personal, hacen que valga la pena.

 

 

Eso sí, donde ya te aconsejaría no hacer escala es en el restaurante pues los precios son un poco —a veces bastante— elevados para lo que consumes. Siempre puedes aprovechar las actividades y después acercarte a Avándaro para comer algo y dar un paseo.

Aunque si me preguntáis a mí, yo, definitivamente, optaría siempre por el pueblo de Valle de Bravo para comer. Aquí os comparto mis propuestas de desayuno, comida y cena para que la experiencia culinaria sea C-O-M-P-L-E-T-A:

Para iniciar el día

¿Quieres un desayuno bueno, bonito y barato? Bien, ¡eres de los míos! Mi último descubrimiento en Valle de Bravo fue un pequeño restaurante ubicado muy cerca del templo de Santa María Ahuacatlán, donde se encuentra el legendario Cristo Negro (sí, como su propio nombre indica, es negro), llamado El Punto. Si bien su carta no tiene 10 páginas, te costará elegir solo uno de sus platos. Además de estar decorado con mucho gusto (lo que se refleja también en el emplatado), te reciben con un croissant de chocolate que, si tratas de cuidar la línea, te recomendamos no probar (en serio, N-O L-O P-R-U-E-B-E-S) o saldrás del restaurante con cuatro (al menos) para llevar. El chai latte de esta cafetería de autor, con mucho encanto, es uno de los más ricos que he probado.

 

 

La comida

Aunque no lo creáis (y eso que acabo de volver de Milán), el restaurante italiano más rico que he probado E-N M-I V-I-D-A está en Valle de Bravo. Se llama Trattoria Toscana y no acepta reservaciones, así que trata de llegar temprano para comer a una hora prudencial. El Linguine de setas es tan bueno que necesitarás ver cómo elaboran la pasta en directo para creerte que es real y la pizza… Mamma mia! tiene la masa más deliciosa y equilibrada del mundo. Ni muy fina ni muy gruesa, tostada y en su punto de sal. Lo sé, lo sé, a mí también se me está cayendo la baba solo con recordarlo.

 

 

Un clásico para cerrar el día

Si alguna vez has ido a Valle de Bravo, seguro que el restaurante Dipao no es nuevo para ti; sin embargo, a pesar de que sus pizzas son legendarias, te recomiendo hacer una variación en la elección y probar su ensalada de trucha o su alcachofa gratinada con queso. Un buen rosado para maridar la aventura y ¡que aproveche!

Para terminar tu visita, y habiendo probado ya los mejores manjares y experimentado las actividades más divertidas, no olvides dar una vuelta por el centro; además de la iglesia principal con su correspondiente plaza central (con uno de los ya famosos y entrañables Timos, de Rodrigo de la Sierra, incluido), hay muchas galerías de arte donde podrás encontrar más de un souvenir interesante. No dejes de entrar en la tienda de las hadas porque, al igual que las meigas, y a pesar de estar a un océano de distancia, haberlas haylas. Avisados estáis…

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Fotos: Alba Vázquez

Soy ovetense de nacimiento y mexicana por adopción. Periodista de profesión y cotilla por vocación, dicen que el sarcasmo y el humor negro son mis señas de identidad.

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