Arte, Bares y Comida

Restaurantes y bares de Oviedo; dónde ir y qué no repetir

Vivir a un océano de tu hogar te da una perspectiva diferente de las cosas. Lo que para los que se quedan se convierte en algo ordinario, para mí adquiere un carácter de exclusividad que me hace anhelarlo más que la llegada de los Reyes Magos para un niño. ¿Un ejemplo? Las Moscovitas de Rialto. Para quien no las conozca, son finas pastas de almendra marcona y cobertura de chocolate con leche, típicas de Oviedo, que están al alcance de la mano de cualquier local, y que se vuelven más preciadas que el anillo de Gollum para los que las hemos probado y tenemos que esperar más de un año para sentirlas de nuevo derritiéndose en nuestra boca —en este momento agradecería un caldero (cubo). Quien las ha probado, lo sabe…—.

 

Moscovitas de Rialto
Moscovitas de Rialto

 

Entenderéis que, teniendo que esperar meses para volver a sentir el calor del hogar en mis papilas gustativas, aproveche mis fugaces visitas a casa no solo para consentirme con mis caprichos de siempre, sino también para sumar nuevos manjares, hot spots y restaurantes a mi lista de favoritos.

Casadiellas a parte —es uno de los postres icónicos de Asturias y es una especie de empanada frita, elaborada con una masa de harina de trigo que se rellena con una mezcla de nueces, azúcar y anís—, durante mi último viaje a España, hace apenas un mes, descubrí nuevos y deliciosos rincones para comer, constaté la calidad que mantienen los clásicos y me percaté, muy a mí pesar, de cómo otros han perdido mi particular (y humilde) “estrella Michelín”. Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que en diciembre espero ampliaros la lista con nuevas adquisiciones, hoy os dejaré mi crítica (y muy personal) opinión sobre algunas de mis experiencias recientes (que no todas), para los que os decidáis por Oviedo en vuestra próxima excursión:

La corte de Pelayo

Un clásico donde los haya. En 2014 se ganaron el premio del mejor cachopo y a día de hoy os puedo decir que no he probado otro mejor —al margen del que hace mi primo Juanjo, por supuesto—. Para los que no estáis muy familiarizados con el concepto, el cachopo (clásico, porque hay tantas variables como peces en el mar) se compone de dos filetes de ternera rellenos de jamón serrano y queso. Todo ello se reboza en harina, huevo y pan rallado y ¡a freír! En el plato encontraréis, acompañando a este manjar, patatas fritas, pimientos asados o champiñones salteados (normalmente).

 

El cachopo de La Corte
El cachopo de La Corte

En el caso del creado en este restaurante, el relleno, además del jamón serrano, en este caso ibérico, y el queso, de cabra, incluye pimientos del piquillo, lacón asturiano y espárrago blanco. ¿Lo mejor de todo? La salsa con la que lo acompañan ¡para chuparse los dedos!

La tabernilla de Oviedo

Si de menús del día hablamos, este rinconcito, fundado en 2005 por Rafael García, ha sido mi gran descubrimiento en esta visita. Lo tiene todo. Y cuando digo “todo” es T-O-D-O; buen sabor, una amplia variedad de opciones, platos que se salen de lo “típico” —vamos que aquí no vas a comer macarrones con tomate y merluza rebozada—, un trato de primera y un precio tan atractivo que me abstengo de compartirlo para que no me saturéis el sitio y tenga que reservar un mes antes la próxima vez que quiera volver. Aquí os comparto una foto de la experiencia para daros una muestra (limitada, que os veo venir) de su atractivo.

 

Primer plato en La Tabernilla
Primer plato en La Tabernilla

 

La eterna batalla del vermuth solera

“Cuatro cosas tiene Oviedo que siempre debes probar, los bombones de Peñalba, carballones de Camilo de Blas, moscovitas de Rialto y el Vermuth de La Paloma”. Así versa el cartel que preside este bar ubicado en la calle de la Independencia. Un rinconcito mítico de Oviedo donde, se dice, inventaron el vermuth solera en 1900. Ser el primero en algo está muy bien, no lo vamos a negar, pero a no ser que tengas en tu haber la receta secreta de la Coca-Cola, la etiqueta de “el mejor” es un estándar que hay que saber mantener. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A pesar de que muchos ovetenses se declinen a favor del hervidero dominical de La Paloma, yo me inclino más por el solera de Casa Amparo, un localito de toda la vida situado en la plaza del Fontán al que me llevó mi padre una mañana cualquiera.

 

La Paloma
La Paloma

 

Si del vermuth hablamos, y con ello hacemos referencia a un tipo de vino bañado en flores, frutas, plantas, especias y maderas, el de Casa Amparo (desde mi punto de vista) supera con creces al de La Paloma, no solo en presentación, que también influye —y si no que se lo pregunten a los concursantes de MasterChef Celebrity—, sino en sabor, siendo el del Fontán más dulce y más fino al paladar.

 

Casa Amparo
Casa Amparo

 

Otro de los puntos a favor de Casa Amparo son las tapas. Y es que no nos engañemos queridos amigos, España es un país D-E T-A-P-A-S y así como la salsa de los tacos marca la diferencia en México, en mi tierra, la distinción viene marcada por el maridaje (gratuito, claro está) con el que acompañan las bebidas. A mí que me perdonen pero prefiero unos buenos mejillones con salsa picante —lo mexicano por algún sitio se tiene que notar—, que unas gambas a la gabardina. Señores, lo de los entremeses fríos y calientes ya ha quedado totalmente demodé. ¡Renovarse o morir! —con todos mis respetos, claro está—.

El carajillo al estilo español

Que levante la mano a quien no le agrade un buen carajillo «shakeado» después de comer. Bien pues, aunque el carajillo como tal es originario de España, su preparación dista mucho del que degustamos en México. Para empezar, allí es caliente. Además, en lugar de llevar Licor 43, se hace con coñac (previamente flameado o quemado) y para finalizar se le añade un poco de nata —aunque yo lo prefiero con espuma de leche—. Lo de endulzarlo ya va a gustos.

El caso es que aprovechando mi visita, decidí tomarme un carajillo en un lugar llamado Ópera café, antes conocido como El Teatrillo, situado frente al Teatro Campoamor (donde cada año se entregan los premios Princesa de Asturias), y donde recordaba haberme tomado uno bastante bueno la última vez.

¡Error! El resultado de esta ocasión fue un café frío, con muy muy poca cantidad de alcohol y cuando le sugería al camarero que no estaba del todo bien, quiso rellenarlo con coñac D-I-R-E-C-T-A-M-E-N-T-E de la botella… —los cafeteros entenderán por qué me eché las manos a la cabeza cuando, además, tuve que pagar 4.5 euros por él—.

Vamos, que poco más y termino en el Starbucks que han abierto este año en Oviedo. Presumen que es el primero pero yo no lo vi muy concurrido. Aunque siendo sinceros, teniendo a escasos metros más de una emblemática cafetería —de esas españolas tradicionales donde hasta galletita te ponen con el café—, la contienda presume ser difícil de ganar para los verdes…

En definitiva, y para terminar, una última reflexión: A los nuevos amantes de mi vida, encantada de haberos conocido, a los “amigos” de siempre, un placer volver a veros y a los que en este momento estáis nominados para salir de mi corazón, estoy deseando volver para daros una nueva oportunidad.

Más adelante os compartiré los principales atractivos turísticos para que no todo sea comer y beber…

Fotos: Alba Vázquez

Soy ovetense de nacimiento y mexicana por adopción. Periodista de profesión y cotilla por vocación, dicen que el sarcasmo y el humor negro son mis señas de identidad.

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