Restaurantes y bares de Oviedo; dónde ir y qué no repetir

Vivir a un océano de tu hogar te da una perspectiva diferente de las cosas. Lo que para los que se quedan se convierte en algo ordinario, para mí adquiere un carácter de exclusividad que me hace anhelarlo más que la llegada de los Reyes Magos para un niño. ¿Un ejemplo? Las Moscovitas de Rialto. Para quien no las conozca, son finas pastas de almendra marcona y cobertura de chocolate con leche, típicas de Oviedo, que están al alcance de la mano de cualquier local, y que se vuelven más preciadas que el anillo de Gollum para los que las hemos probado y tenemos que esperar más de un año para sentirlas de nuevo derritiéndose en nuestra boca —en este momento agradecería un caldero (cubo). Quien las ha probado, lo sabe…—.

 

Moscovitas de Rialto
Moscovitas de Rialto

 

Entenderéis que, teniendo que esperar meses para volver a sentir el calor del hogar en mis papilas gustativas, aproveche mis fugaces visitas a casa no solo para consentirme con mis caprichos de siempre, sino también para sumar nuevos manjares, hot spots y restaurantes a mi lista de favoritos.

Casadiellas a parte —es uno de los postres icónicos de Asturias y es una especie de empanada frita, elaborada con una masa de harina de trigo que se rellena con una mezcla de nueces, azúcar y anís—, durante mi último viaje a España, hace apenas un mes, descubrí nuevos y deliciosos rincones para comer, constaté la calidad que mantienen los clásicos y me percaté, muy a mí pesar, de cómo otros han perdido mi particular (y humilde) “estrella Michelín”. Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que en diciembre espero ampliaros la lista con nuevas adquisiciones, hoy os dejaré mi crítica (y muy personal) opinión sobre algunas de mis experiencias recientes (que no todas), para los que os decidáis por Oviedo en vuestra próxima excursión:

La corte de Pelayo

Un clásico donde los haya. En 2014 se ganaron el premio del mejor cachopo y a día de hoy os puedo decir que no he probado otro mejor —al margen del que hace mi primo Juanjo, por supuesto—. Para los que no estáis muy familiarizados con el concepto, el cachopo (clásico, porque hay tantas variables como peces en el mar) se compone de dos filetes de ternera rellenos de jamón serrano y queso. Todo ello se reboza en harina, huevo y pan rallado y ¡a freír! En el plato encontraréis, acompañando a este manjar, patatas fritas, pimientos asados o champiñones salteados (normalmente).

 

El cachopo de La Corte
El cachopo de La Corte

En el caso del creado en este restaurante, el relleno, además del jamón serrano, en este caso ibérico, y el queso, de cabra, incluye pimientos del piquillo, lacón asturiano y espárrago blanco. ¿Lo mejor de todo? La salsa con la que lo acompañan ¡para chuparse los dedos!

La tabernilla de Oviedo

Si de menús del día hablamos, este rinconcito, fundado en 2005 por Rafael García, ha sido mi gran descubrimiento en esta visita. Lo tiene todo. Y cuando digo “todo” es T-O-D-O; buen sabor, una amplia variedad de opciones, platos que se salen de lo “típico” —vamos que aquí no vas a comer macarrones con tomate y merluza rebozada—, un trato de primera y un precio tan atractivo que me abstengo de compartirlo para que no me saturéis el sitio y tenga que reservar un mes antes la próxima vez que quiera volver. Aquí os comparto una foto de la experiencia para daros una muestra (limitada, que os veo venir) de su atractivo.

 

Primer plato en La Tabernilla
Primer plato en La Tabernilla

 

La eterna batalla del vermuth solera

“Cuatro cosas tiene Oviedo que siempre debes probar, los bombones de Peñalba, carballones de Camilo de Blas, moscovitas de Rialto y el Vermuth de La Paloma”. Así versa el cartel que preside este bar ubicado en la calle de la Independencia. Un rinconcito mítico de Oviedo donde, se dice, inventaron el vermuth solera en 1900. Ser el primero en algo está muy bien, no lo vamos a negar, pero a no ser que tengas en tu haber la receta secreta de la Coca-Cola, la etiqueta de “el mejor” es un estándar que hay que saber mantener. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A pesar de que muchos ovetenses se declinen a favor del hervidero dominical de La Paloma, yo me inclino más por el solera de Casa Amparo, un localito de toda la vida situado en la plaza del Fontán al que me llevó mi padre una mañana cualquiera.

 

La Paloma
La Paloma

 

Si del vermuth hablamos, y con ello hacemos referencia a un tipo de vino bañado en flores, frutas, plantas, especias y maderas, el de Casa Amparo (desde mi punto de vista) supera con creces al de La Paloma, no solo en presentación, que también influye —y si no que se lo pregunten a los concursantes de MasterChef Celebrity—, sino en sabor, siendo el del Fontán más dulce y más fino al paladar.

 

Casa Amparo
Casa Amparo

 

Otro de los puntos a favor de Casa Amparo son las tapas. Y es que no nos engañemos queridos amigos, España es un país D-E T-A-P-A-S y así como la salsa de los tacos marca la diferencia en México, en mi tierra, la distinción viene marcada por el maridaje (gratuito, claro está) con el que acompañan las bebidas. A mí que me perdonen pero prefiero unos buenos mejillones con salsa picante —lo mexicano por algún sitio se tiene que notar—, que unas gambas a la gabardina. Señores, lo de los entremeses fríos y calientes ya ha quedado totalmente demodé. ¡Renovarse o morir! —con todos mis respetos, claro está—.

El carajillo al estilo español

Que levante la mano a quien no le agrade un buen carajillo «shakeado» después de comer. Bien pues, aunque el carajillo como tal es originario de España, su preparación dista mucho del que degustamos en México. Para empezar, allí es caliente. Además, en lugar de llevar Licor 43, se hace con coñac (previamente flameado o quemado) y para finalizar se le añade un poco de nata —aunque yo lo prefiero con espuma de leche—. Lo de endulzarlo ya va a gustos.

El caso es que aprovechando mi visita, decidí tomarme un carajillo en un lugar llamado Ópera café, antes conocido como El Teatrillo, situado frente al Teatro Campoamor (donde cada año se entregan los premios Princesa de Asturias), y donde recordaba haberme tomado uno bastante bueno la última vez.

¡Error! El resultado de esta ocasión fue un café frío, con muy muy poca cantidad de alcohol y cuando le sugería al camarero que no estaba del todo bien, quiso rellenarlo con coñac D-I-R-E-C-T-A-M-E-N-T-E de la botella… —los cafeteros entenderán por qué me eché las manos a la cabeza cuando, además, tuve que pagar 4.5 euros por él—.

Vamos, que poco más y termino en el Starbucks que han abierto este año en Oviedo. Presumen que es el primero pero yo no lo vi muy concurrido. Aunque siendo sinceros, teniendo a escasos metros más de una emblemática cafetería —de esas españolas tradicionales donde hasta galletita te ponen con el café—, la contienda presume ser difícil de ganar para los verdes…

En definitiva, y para terminar, una última reflexión: A los nuevos amantes de mi vida, encantada de haberos conocido, a los “amigos” de siempre, un placer volver a veros y a los que en este momento estáis nominados para salir de mi corazón, estoy deseando volver para daros una nueva oportunidad.

Más adelante os compartiré los principales atractivos turísticos para que no todo sea comer y beber…

Fotos: Alba Vázquez

El día que perdí mi virginidad (en un desayuno)

Ojo, no penséis mal, este no es un artículo pornográfico ni mucho menos —aunque incluya la crónica de algún que otro orgasmo—. Esta es la historia del día que dejé a un lado las galletas de chocolate y me enfrenté, por primera vez, a unos tacos de carnitas para desayunar.

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Para los que no están tan familiarizados con la cultura popular española, deciros que el español, por definición, acostumbra a desayunar ligero. Esto significa que no nos metemos una tortilla de patata al alba ni mucho menos una paella. Como mucho, una tostada con aceite de oliva y jamón serrano. Pero vamos, lo normal son unas galletas, cereales o alguna opción de bollería. Advertidos ya sobre mis hábitos, entenderéis lo difícil que fue para mí llegar a un país donde comer barbacoa los domingos por la mañana se considera deporte nacional y donde los huevos (en cualquiera de sus presentaciones) son básicos en el desayuno de la mayoría de los mexicanos.

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Sin embargo; ya que estamos en el confesionario, he de deciros que tras meses citando a Danny Ocean —por aquello del “me rehúso”— decidí probar suerte y hacer realidad lo del “desayuno de campeones”. Empecé con quesadillas de queso —aunque la aclaración es evidente para los norteños, en la capital es necesaria la aclaración— y hoy en día puedo presumir de haber alcanzado el nivel experto, llegando incluso a disfrutar de unos buenos tacos de carnitas, sin necesidad de una noche de fiesta previa que justifique la sobredosis de calorías.

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En mi particular búsqueda de la felicidad culinaria, he de confesar que nada se compara a unos buenos chilaquiles cualquier sábado por la mañana. Eso sí, como buena catadora de este emblemático plato mexicano, considero que hay ciertas reglas que se deben cumplir para alzarse con el título de “unos buenos chilaquiles”. En primer lugar, T-I-E-N-E-N Q-U-E P-I-C-A-R. Nada de salsitas flojitas que pasan desapercibidas por las papilas gustativas. Solo los que de verdad despiertan tu fuego interior merecen mención especial. Por si me preguntan los puristas, yo los prefiero verdes que rojos, aunque si se me permite la licencia de la innovación, me quedo con los cremosos de chipotle del restaurante Volver. Si por alguna razón no los ves en la carta, pregunta por ellos, me lo vas a agradecer.

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Por otra parte, dejando a un lado los toppings tradicionales, como huevo y pollo desmenuzado, entramos en uno de los debates más recurrentes en cuanto a los chilaquiles; ¿crujientes o aguados? Esa pregunta, para mí, es cómo si me hicieran elegir entre mi padre o mi madre. La mejor respuesta a esa pregunta son aquellos que combinan totopos de diferentes texturas.

Llegados a este punto, me gustaría hacer una reseña especial a los del Café El Popular; además de que la salsa está en su nivel idóneo de picor y los totopos en su punto, tienen la opción de sustituir la crema y el queso rallado por manchego gratinado. ¿Quieres saber lo que es estar en el séptimo cielo? Aprovecha tu paseo por el centro histórico y date un homenaje.

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Por último, si tu idea es mantener la línea y respetar la dieta a rajatabla —o, al menos, intentarlo— te recomiendo los de Ojo de agua, con totopos horneados y topping de aguacate. Una opción saludable que calmará tu antojo.

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Cuéntame tus preferencias, ¿cuáles son tus chilaquiles favoritos?

Fotos: Alba Vázquez

La verdadera magia del Día de Muertos

En España cada vez se extiende más la tradición de celebrar una de las fiestas estadounidenses por excelencia y, aunque los mexicanos aprovechan cualquier excusa para montar un guateque, lo cierto es que aunque Halloween ya se ha adherido con fuerza en su lista de usos y costumbres, en México tienen otra tradición mucho más arraigada, más auténtica y más suya; el Día de Muertos.

Una noche cargada de tradiciones donde los mexicanos veneran y recuerdan a sus seres queridos desaparecidos. Si quieres entender un poco más a fondo de qué se trata este día, te recomiendo (por esa y muchas otras razones) que veas la película de Coco.

 

 

De entre las tradiciones que rodean a esta fecha tan señalada en el calendario, me gustaría hablaros en particular del Altar de Muertos. Una costumbre que, aunque pueda parecer un poco siniestra, me parece una forma muy entrañable y original de mantener vivo el recuerdo de aquellos seres queridos que, por azares del destino o por caprichos de la “llorona” —¿a qué crees que se refería, si no, Chavela Vargas en su mítica interpretación?— , se nos adelantaron en el camino hacia el eterno descanso.

 

 

El Altar de Muertos consiste, como su propio nombre indica, en un altar dedicado a los seres queridos que ya no están con nosotros y que, durante una noche al año, regresan de entre los muertos para venir a visitarnos. Eso sí, como bien refleja la película de Disney antes mencionada, el camino no es fácil y es necesario guiarles en su travesía.

Dejando a un lado los tipos de altares y sus significados, dependiendo del número de niveles incluidos en cada uno, me gustaría resaltaros aquellos elementos más llamativos que los convierten —desde mi humilde opinión— en verdaderas obras de arte.

 

MADAME CLICQUOT
MADAME CLICQUOT

 

Creo que lo que más me llama la atención de estos particulares altares es el colorido de los mismos. Un claro ejemplo de lo que significa la muerte para los mexicanos. Aquí la muerte, a pesar de que la sufren igual que el resto de mortales y sienten la marcha de sus seres queridos como cualquier otra persona, está rodeada de ese humor negro que se respira en la cultura popular, donde llegan, incluso, a reírse de esa llorona insaciable que siempre se empeña en llevarnos de la mano.

Esa vibrante gama cromática de la que os hablaba se refleja muy bien en el arco de flores que simboliza la entrada al mundo de los muertos y que se coloca en la parte alta del altar, presidiendo, además de las representaciones del fuego, el agua y la tierra, y diferentes elementos religiosos; los recuerdos, fotos, objetos y demás atractivos dedicados a los difuntos. Elementos aromáticos, como el incienso y el olor del azúcar de las calaveras —a veces también incluyen chocolate y amaranto— se fusionan con el naranja más potente de la flor de cempasúchil, característica del Día de Muertos, y entran en perfecta sintonía con la comida y la bebida favorita del difunto. Alguna vez, durante una excursión a Morelia, me hablaron del cementerio de Patzcuaro, donde el Día de Muertos adquiere un significado aún más especial, si cabe, y me contaron que los alimentos que los vivos ofrecen a los muertos durante esa noche, se quedan sin sabor al día siguiente, como si la esencia de los mismos se la llevara el festejado… —no, aún no me ha dado por corroborar la teoría—.

 

Altar de muertos en Careyes
Altar de muertos en Careyes

 

Independientemente de las viandas preferidas con las que cada uno quiera agasajar a sus festejados, el pan de muerto es un must en todo Altar de Muertos que se precie. Se trata de un bollito dulce, decorado con dos patitas, que representan los huesos de los muertos, y sésamo (ajonjolí), que representa las lágrimas de las almas que no pueden descansar en paz. Si te vas a los supermercados —el de Chedraui Selecto es una verdadera delicia— y a las pastelerías más sofisticadas, podrás encontrarlos con rellenos especiales como chocolate o cajeta (aquí ya me pierdo en darle significado) y hasta sin gluten (por aquello de que está de moda). Eso sí, yo me quedo con el de siempre, ese que hacen en las confiterías de toda la vida y que huele y sabe a tradición.

 

Pan de muerto
Pan de muerto de Maison Kayser

 

Llegados a este punto, es necesario hacer una advertencia. Si pensabas en echarle mano al altar y llevarte algo de recuerdo, cuidado; al igual que Dante protegía a Miguel en la película de Coco, en la vida real, la figura de un Xoloitzcuintle (el perro típico de México) guiará a las almas a cruzar y será su guardián.

 

 

 

Por otra parte, los altares se han convertido en tal atractivo que muchos hoteles montan el suyo y hasta exposiciones tradicionales se organizan en torno a esta costumbre. Si queréis disfrutar de una muestra de esta tradición, y aderezarla con un buen coctel, os recomiendo que visitéis Madame Clicquot, un bar efímero, ubicado en el hotel St. Regis, en el que la marca de champagne Veuve Clicquot celebra la vida de la mano de los que se han ido con un homenaje a la riqueza cultural y gastronómica de México, a través de una amplia propuesta de mixología.

 

MADAME CLICQUOT
MADAME CLICQUOT

 

Reserva tu espacio, hasta el próximo 2 de noviembre, y no olvides ir con un toque amarillo Clicquot, ya que cuenta la leyenda que Madame Clicquot sabe premiar a los que le hacen tributo a sus muertos de esta manera y no miente, yo hice caso de la tradición, con una blusa de Balmain para H&M en el tono requerido, y Madame Clicquot “en persona”, me lo “agradeció”… (y hasta ahí puedo leer).

 

Con Ludmila Fagoaga
Con Ludmila Fagoaga

 

Por último, decirte que si tienes la suerte de vivir la noche del 1 de noviembre con alguna familia mexicana, sentirás el calor de los vivos que reciben a sus antepasados, mientras comparten un delicioso banquete, marinado con las mejores anécdotas y recuerdos de los que, por un día, vuelven a la vida en el corazón de quienes siempre están dispuestos a recibirlos un año más. Esa es la verdadera magia del Día de Muertos.

Fotos: Cortesía

 

Valle de Bravo; un lugar encantado donde desconectar como VIP

Vivir en una de las ciudades más pobladas y saturadas del mundo no es tarea fácil. Más aún cuando te tienes que chutar horas y horas en el tráfico para moverte de un lado a otro. Desconectar de la rutina no es tan sencillo y, después de 3 semanas seguidas yendo al cine y a tomar una copita de vino, la verdad es que el cuerpo te pide a gritos un cambio de rutina.

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Muchos os dirán que un paseo por Puebla (pollito con mole incluido) es vital para sanear el espíritu y hay quienes optarán por San Miguel de Allende para ir a pasar el fin de semana con los amigos y montarse una que otra fiesta casera pero yo, mis queridos amigos, no puedo negar mis orígenes y, como se suele decir coloquialmente, la cabra tira al monte.

Por eso, siempre que la disponibilidad de tiempo y el bolsillo lo permiten, me escapo al rincón más “asturiano” de los alrededores; Valle de Bravo. Un pueblo de esos considerados como “mágicos”, con lago, bosque y montañas incluidos, en los que por unos días puedes disfrutar de la vida en plena naturaleza. (No, salir a correr por Chapultepec no te quita el sambenito de “flor de asfalto”).

Tanto si buscas reconectarte con tus instintos más primarios como si quieres disfrutar de un fin de semana a todo lujo, Valle de Bravo tiene las mejores opciones. En mi caso, después de probar algún que otro hotelito alternativo (sí, hay vida más allá de El Santuario Resort), me decanto por el Hotel Mesón de Leyendas, para quienes buscan algo más casual, y por el Hotel Rodavento, para los que prefieren una experiencia sensorial en medio del bosque, sin renunciar al trato preferencial.

 

Hotel Rodavento

 

En esta ocasión, sin embargo, quise aventurarme con algo nuevo y opté por probar suerte con AirBnB, después del grato sabor de boca que me había dejado en mi aventura italiana. Así fue como encontré a Carlos y José Luis, los anfitriones de un hotel en construcción que ofrece, a través de dicha plataforma, sus primeras suites. ¿El resultado? Las comodidades de un hotel con la libertad y la independencia de un AirBnB. La ubicación es perfecta, tiene piscina, jacuzzi y unas vistas súper bonitas al lago. Aunque lo mejor de todo, sin duda, la hospitalidad y el buen trato de sus propietarios. Tenían respuesta para todo y, teniendo en cuenta lo exigente que puede llegar a ser uno estando de vacaciones, resulta de gran ayuda.

¿Qué hacer en Valle de Bravo?

La pregunta más bien sería qué no hacer, ya que las opciones en este (mi) rinconcito de felicidad son tan diversas como inagotables.

 

 

Después de haber probado el parapente, los paseos en caballo y en cuatrimoto (con visita a iglesia budista incluida), me quedo con el esquí acuático (traje de neopreno no negociable, por eso de que la edad ya no perdona) y el tiro con arco. Para esto último yo os recomiendo el Hotel Rodavento ya que, además de la clase de iniciación, tienen un circuito en plena naturaleza para que te sientas como Robin Hood en pleno Bosque de Sherwood. Además puedes aprovechar el viaje para darte un masaje en una de sus cabañitas. Vale que son un poco más caros que los que ofrecen las masajistas a domicilio pero el entorno, y sobre todo el trato del personal, hacen que valga la pena.

 

 

Eso sí, donde ya te aconsejaría no hacer escala es en el restaurante pues los precios son un poco —a veces bastante— elevados para lo que consumes. Siempre puedes aprovechar las actividades y después acercarte a Avándaro para comer algo y dar un paseo.

Aunque si me preguntáis a mí, yo, definitivamente, optaría siempre por el pueblo de Valle de Bravo para comer. Aquí os comparto mis propuestas de desayuno, comida y cena para que la experiencia culinaria sea C-O-M-P-L-E-T-A:

Para iniciar el día

¿Quieres un desayuno bueno, bonito y barato? Bien, ¡eres de los míos! Mi último descubrimiento en Valle de Bravo fue un pequeño restaurante ubicado muy cerca del templo de Santa María Ahuacatlán, donde se encuentra el legendario Cristo Negro (sí, como su propio nombre indica, es negro), llamado El Punto. Si bien su carta no tiene 10 páginas, te costará elegir solo uno de sus platos. Además de estar decorado con mucho gusto (lo que se refleja también en el emplatado), te reciben con un croissant de chocolate que, si tratas de cuidar la línea, te recomendamos no probar (en serio, N-O L-O P-R-U-E-B-E-S) o saldrás del restaurante con cuatro (al menos) para llevar. El chai latte de esta cafetería de autor, con mucho encanto, es uno de los más ricos que he probado.

 

 

La comida

Aunque no lo creáis (y eso que acabo de volver de Milán), el restaurante italiano más rico que he probado E-N M-I V-I-D-A está en Valle de Bravo. Se llama Trattoria Toscana y no acepta reservaciones, así que trata de llegar temprano para comer a una hora prudencial. El Linguine de setas es tan bueno que necesitarás ver cómo elaboran la pasta en directo para creerte que es real y la pizza… Mamma mia! tiene la masa más deliciosa y equilibrada del mundo. Ni muy fina ni muy gruesa, tostada y en su punto de sal. Lo sé, lo sé, a mí también se me está cayendo la baba solo con recordarlo.

 

 

Un clásico para cerrar el día

Si alguna vez has ido a Valle de Bravo, seguro que el restaurante Dipao no es nuevo para ti; sin embargo, a pesar de que sus pizzas son legendarias, te recomiendo hacer una variación en la elección y probar su ensalada de trucha o su alcachofa gratinada con queso. Un buen rosado para maridar la aventura y ¡que aproveche!

Para terminar tu visita, y habiendo probado ya los mejores manjares y experimentado las actividades más divertidas, no olvides dar una vuelta por el centro; además de la iglesia principal con su correspondiente plaza central (con uno de los ya famosos y entrañables Timos, de Rodrigo de la Sierra, incluido), hay muchas galerías de arte donde podrás encontrar más de un souvenir interesante. No dejes de entrar en la tienda de las hadas porque, al igual que las meigas, y a pesar de estar a un océano de distancia, haberlas haylas. Avisados estáis…

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Fotos: Alba Vázquez

Así viví mi primer Milan Fashion Week (sin morir en el intento)

 Grazia Italia celebraba su 80 aniversario y tenía que estar ahí. Una semana en la capital de la moda (con el permiso de París) y podía presenciar algunos de los desfiles más importantes de la temporada, tenía que estar en primera fila. Una de las ciudades más imponentes de Europa y el bullicio de los turistas, ávidos de tendencias, pululando por sus calles; tenía que vivirlo al máximo.

Alba en el Duomo de Milán
Duomo de Milán

Supongo que para muchos de vosotros, Milán ya no esconde ningún secreto; sin embargo, para mí, todo era nuevo, porque la única toma de contacto que había tenido en mi vida con esa ciudad de Italia fue una tarde de hace más de 15 años con un Duomo cubierto de andamios. Como podéis imaginar, lo primero que hice nada más aterrizar, fue correr a hacerme mi foto de rigor frente a la imponente catedral y saludar a la Madonnina en primera persona.

 

Alba en el Duomo de Milán
Duomo de Milán

 

Si alguien me pregunta qué hice la primera vez que estuve en Milán, la respuesta es fácil; correr mucho y dormir poco. De esa experiencia he aprendido alguna que otra lección pero, la más importante que os puedo transmitir es que elijáis muy bien dónde os vais a alojar, ya que en estos (y en otros muchos) casos, el tiempo es oro.

En mi caso opté por AirBnB, donde encontré un pisito monísimo, de autor, en pleno Cuadrilátero de la Moda, con todas las comodidades del mundo. Vale que nunca usé el jacuzzi pero oye, estaba bien saber que en cualquier momento podía darme un bañito de burbujas.

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Una vez deshecha la maleta, lo primero que me planteé (como buena comedora que soy) fue elegir qué manjares estaba dispuesta a incluir en mi dieta de esa semana a pesar de que sabía que, inevitablemente, acabarían reflejándose en el botón de mi pantalón. Y, la verdad, después de concederme más de las licencias que debería para probar pasta, pizza y algún que otro postre, más allá de los helados, he de deciros que me quedo con los espaguetis de mi madre y los macarrones al pesto del Non Solo.  Ojo, no digo que la comida no sea buena pero creo que mis expectativas eran demasiado altas.

De todas formas, si me preguntáis qué restaurante recomendaría, este sería, sin duda, el Paper moon para pasta (incluid un tiramisú de postre) y el Bar Mare para ir más en plan de picar (el pulpo es una delicia). Si nos vamos a los helados, aunque todo el mundo diga que los de Grom son sus favoritos, creedme cuando os digo que el de pistacho de la emblemática cafetería Marchesi, ubicada en la galería Vittorio Emanuele II, y el de sabor «Cremito» de Venchi son los M-E-J-O-R-E-S. Si no eres tanto de gelatos y aprecias más un buen café, prueba precisamente el de Marchesi. Eso sí, ya que estás, no te cortes y pide uno de sus deliciosos brioche de yogurt. ¡Para chuparse los dedos!

Marchesi
Marchesi

En la categoría del «qué ver», además de lo evidente, yo me quedaría con el Cimitero Monumentale por encima, incluso, del castillo Sforzesco. Tumbas monumentales se entrelazan con frondosa vegetación que hace del cementerio de Milán un lugar místico y, a la vez, acogedor. Eso sí, si decides coger el metro e ir a visitarlo, recuerda la máxima de todos los lugares para el descanso eterno: silencio y respeto.

Cementerio Monumental de Milán
Cementerio Monumental de Milán

Otro must de la ciudad italiana preferida por las fashionistas es la iglesia de Santa Maria delle Grazie. Y no por la iglesia en sí, aunque sea muy bonita, si no porque en su interior se encuentra la pintura original de La Última Cena de Leonardo da Vinci. Ojo al dato; solo entran grupos reducidos de gente y a los 15 minutos ya te están invitando a abandonar la sala. Compra las entradas C-O-N T-I-E-M-P-O y opta por una audioguía.

Claro que si lo tuyo (lo tuyo) es la moda y las compras, tu paseo obligado pasará, sin discusión, por la vía Monte Napoleone, donde descubrí que el souvenir más barato tenía más ceros que toda la ropa de mi armario. Eso sí, solo por ver la magia de las tiendas y la curaduría de las mismas, merece la pena darse una vuelta. Te recomiendo que le pongas candado a tu cartera, la tentación será muy grande y la fuerza de voluntad quedará por los suelos después de entrar en Gucci… (el que avisa no es traidor).

Y ya si nos metemos en la industria de la moda, os contaré que mi experiencia en Milan Fashion Week no fue muy diferente a mis contactos anteriores con otras semanas de la moda. Aunque no os voy a negar que saludar a Ángela Missoni (E-N P-E-R-S-O-N-A) durante la fiesta de aniversario de la firma, no tiene comparación; y deleitarse con el desfile urbano de la fauna más variopinta supone un espectáculo en sí mismo. ¿Lo mejor de todo? Conocer los rincones más alternativos de Milán gracias a las localizaciones elegidas por los diseñadores para exhibir sus nuevas colecciones.

Invitaciones a los desfiles de la Milan Fashion Week
Invitaciones a los desfiles de la Milan Fashion Week

A Milán volveré, seguro. Quizá no repita experiencia pero de lo que sí estoy segura es de que esta ciudad, fuente inagotable de sorpresas, nunca me dejará indiferente. Cuéntame, ¿cuál es tu espacio favorito de Milán?

México, España y Escocia; el maridaje perfecto

“Toda la carta, a excepción del pan, es gluten free”, me espeta un tío con una rebanada de pizza tatuada en su brazo, junto a un helado (cucurucho incluido) y a una hamburguesa. “Me tatúo todas las cochinadas que me gustan. Me encanta comer”, confiesa David Izquierdo quien, desde hace poco menos de un año, trabaja como chef ejecutivo del restaurante Candela Romero, ubicado en el interior del hotel St. Regis.

David Izquierdo
David Izquierdo

Hippie por convicción y entendido en historia por afición, este valenciano de nacimiento y ciudadano del mundo, por experiencia, es el encargado de servirnos el menú que acompaña el maridaje del día; una selección del mejor whisky escocés.

Del lado de la bebida, nos acompaña Brendan McCarron, director de maduración de los whiskys de de Glenmorangie, quien nos explica, con todo lujo de detalle, el proceso de elaboración de cada etiqueta y sus matices.

Brendan McCarron
Brendan McCarron

Después de abrir boca con un tiradito de pulpo, mi preferido, si me preguntan, aderezado con The Original, disfrutamos de un taco de cochinillo pekín, acompañado del variante Lasanta (que nada tiene de santo), para seguir con un cordero lechado muy bien acompañado por un Quinta Ruban. Con toques de jerez y cierto acento dulzón, Lasanta es, desde mi punto de vista, la variante más atractiva de Glenmorangie. Eso sí, para los más aficionados al brebaje escocés, les recomiendo Nectar D’Or y 18 años, los cuales probamos con un mole curry con atún y cerdo ibérico y un original postre denominado Te extraño, Oaxaca, respectivamente.

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Cada plato, minuciosamente pensado por David Izquierdo, tiene un atractivo común denominador; es apto para celíacos. “Hoy puedo decir que, menos el pan, que me encanta hacerlo aunque sea celiaco, toda la carta es gluten free”, me confirma este maestro del fogón al que, a pesar de su amor por las harinas, hace unos meses le pusieron un alto en el camino al confirmarle que es alérgico. “Estoy deseando regenerar un poco el intestino para de vez en cuanto cometer algún pecado. Comerme un bocadillo de jamón serrano, por ejemplo, o irme a Brooklyn a la pizzería Motorino, que abrí yo en Hong Kong, a comerme una pizza de coles de bruselas. Es la mejor del mundo”.

Curiosamente, y a pesar de lo difícil que es aún en México encontrar productos actos para celíacos, ya que aquí, como bien dice Izquierdo, “es un producto de lujo”, en la carta del restaurante no se anuncia a bombo y platillo que su carta es gluten free. “Podría estar bien promocionarlo pero mi interés es que cuando viene un celíaco decirle: ‘Tranquilo, yo también lo soy y aquí vas a comer bien’. Nuestros postres son todos sin gluten. Me puedo comer un bizcocho y está bueno. Al pastelero lo he vuelto un poco loco. Mi objetivo es que se pueda comer rico”.

David Izquierdo, como yo, es un enamorado de México y de su gente y, aunque echa de menos una buena horchata de Alboraya, encuentra en su equipo su segunda familia —“Yo solo contrato buenas personas”— y en la cocina, una forma de expresar su pasión. “Cocinar es algo más que seguir una receta; para mí es mi forma de expresarte”, dice. Eso sí, por muy moderno que sea este genio de la cocina, no puede evitar aflorar su lado más purista (como buen valenciano) al hablar de la paella.

Finalmente, después de una comida tan deliciosa como bien marinada, me despido de los protagonistas, no sin antes felicitar a David Izquierdo por haber logrado imitar (en versión gluten free), la noche antes, uno de los platos más amados por los españoles: “Ayer me comí una croqueta después de cinco meses. No es la de harina de mi madre, pero está buena”, concluye.

Fotos: Cortesía

 

 

Masajes a domicilio

No sé si alguna vez os habéis dado cuenta pero el tráfico de esta ciudad es estresante, caótico y agotador. Una ecuación fatídica si tienes que trasladarte de un lugar a otro; sobretodo, en hora punta (ya no digamos si además es quincena y para acabar de (…) llueve). En muchas ocasiones agradezco un buen masaje en fin de semana para desconectar y darle un break a mi cuerpo (Nota mental para hacerme un regalo: un masaje siempre es una buena opción). Lo malo es que muchas veces llego tan cansada al viernes que me da pereza el simple hecho de trasladarme a algún lugar a que me restauren los chakras.

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Por eso, entenderéis mi grado de satisfacción cuando descubrí Scape. Si bien es cierto que al principio no me daba mucha confianza eso de los masajes a domicilio (como que de buenas a primeras muy bien no suena), he de deciros que ha sido el descubrimiento del año. Se trata de una aplicación que funciona de forma similar a Uber Eats; es decir, descargas la APP en tu teléfono, te registras, ordenas un masaje y voilà! La terapeuta llega a la puerta de tu casa.

Scape MX
Scape MX

Para los que, como yo en su momento, estáis pensando si forrar el burro de planchar con mantas para usarlo a modo de camilla, ¡parad el carro! Las terapeutas de Scape llegan con camilla incluida. Y eso no es todo. Por si fuera poco, los productos que usan son de Natura Bissé, una de las mejores firmas desde mi punto de vista, e incluso se traen su propio altavoz (o bocina) para lograr el ambiente perfecto en la habitación. Si a eso le sumas su profesionalismo y lo mucho que se preocupan por dejar todo ordenado, para que parezca que ahí no ha pasado nada, te sentirás exactamente igual que si estuvieses en el spá. Solo que en este caso, no tienes que pedir un uber o coger el coche para volver a casa; puedes pasar de la camilla a acurrucarte placenteramente en el sofá.

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Lo que daría yo por tener ahora los servicios de Scape a un click de mi piel. Pero hoy, desde el aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam, donde me encuentro escribiendo estas líneas, durante una escala técnica, me tengo que limitar a reponer mi estabilidad natural, después de casi 11 horas de vuelo, con un café. Y es que, después de probar las ventajas de los masajes a domicilio, desembolsar 40 EUR por una sobadita rápida en la espalda, entre la multitud congregada frente a las puertas de embarque y el caos de algún que otro viajero desorientado, no me parece una opción para nada atractiva. Creo que mejor aprovecharé el WIFI del aeropuerto para ir agendando mi siguiente cita con Scape para mi regreso a México.

 

 

No cojo, no salgo fuera y no me caigo de culo

No sé qué os habrán contado, pero los mexicanos y los españoles no hablamos el mismo idioma. Aunque ambos provienen de la misma raíz latina y están considerados por los entendidos en el tema como “español”, las diferencias de forma y contenido hacen que, en algunas ocasiones, hasta sea complicado entendernos. Por ello, me pareció importante compartiros algunas normas básicas de convivencia para que podamos comunicarnos todos mejor:

1.- En España usamos la palabra “coger” para casi todo. Un verbo, inofensivo en la península Ibérica, que al cruzar el Atlántico se torna algo impúdico dependiendo de los foros en los que uno se encuentre. Aquí no puedes “coger el autobús”, ni decir que alguien “te coge” a una hora determinada (refiriéndose a la hora que pasan a buscarte) ni, mucho menos, celebrar tu nuevo contrato laboral con un “ya me cogieron en el trabajo”. Eso sí, si en el periodo de adaptación se te escapa algún que otro “vas a coger frío” o “te cojo ocupado”, recuerda que en México todo lo agarran mientras que nosotros todo lo cogemos. Y digo yo, ¿quién se lo pasa mejor entonces?

2.- Siento decirte que para vivir en este país es necesario e ineludible que te olvides del culo. Pompis está permitido, trasero es aceptable e, incluso, dependiendo de la audiencia, hasta quedarías bien con un derriere. Pero, queridos amigos, para los ciudadanos de este país, esa palabra que tanto nos gusta a los españoles, y que nos llena el buche cada vez que la usamos en la frase “qué buen culo tiene”, es un vocablo fuera de lugar. Si en este momento estás conteniendo la lágrima al borrar del diccionario tu palabra favorita, no te sientas mal; después del culo, vendrán las tetas…

3.- El mexicano es una persona extremadamente amable y acogedora; sin embargo, su forma de expresarlo a veces llega incluso a malinterpretarse. Me explico; seguro más de una vez habrás escuchado la expresión de “mi casa es tu casa”. Bien pues en este país, muchas veces se ahorran alguna que otra palabra y directamente empezarán las frases con: “El otro día estaba en tu casa (…)”. Todos tranquilos, no es que un desconocido haya allanado tu humilde morada mientras salías a comprar unos chicles. Simplemente están dejando clara la oferta de que su casa también es la suya.

4.- De los mexicanos aprenderás que gastamos demasiado en preposiciones. Si vas por el pan, no necesitas ir A POR el pan. Es algo que me costó aprender pero que me ha hecho ahorrar un montón de saliva en siete años.

5.- De los lugareños también aprenderás que no se puede subir abajo y entrar fuera. ¿Por qué los españoles siempre decimos bajar abajo y salir fuera? Si alguien os dice: “voy a entrar”, ¿os lo imagináis saliendo por la puerta? ¿a que no? ¿Alguna vez os habíais parado a pensarlo?

6.- En el tema de las palabrotas siento deciros que solo la experiencia os dará la clave para usarlas correctamente. Aquí no son tan básicos y evidentes como en España, donde dependiendo de en qué “te cagues”, se puede leer entre líneas la dimensión de tu cabreo. Si aceptáis mi consejo, os recomiendo ampliamente un libro titulado El chingonario: Diccionario de uso, reuso y abuso del chingar y sus derivados, que explica todos los significados y conjugaciones del verbo más básico para sobrevivir en el argot popular.

7.- México no es guay. Y no porque no lo sea de verdad, porque molar, mola un montón. Si no porque aquí, esa palabra, que tan bien define todo lo que es súper hiper mega chachi, no tiene ningún sentido. Si quieres expresar tu admiración por algo, recurre a los clásicos “qué padre” o “qué chido”.

8.- Que no te asuste la obsesión de los mexicanos con la madre. Sus palabrotas más recurrentes incluyen, en la mayoría de las veces, a la más grande de su casa. Si algo les vale madre, les importa un pepino, si algo vale madre (sin el artículo) es que ya no tiene solución y si están hasta la madre quiere decir que ya están hasta las narices. Después de siete años, aún no he descubierto cuánto vale una madre…

9.- Olvídate de tus tíos. En México solo usan ese sustantivo para referirse a los hermanos de sus padres. El clásico “¡qué fuerte tía!” los dejará desconcertados. Eso sí, del otro lado de la moneda encontrarás la muletilla más extendida de toda la república y que, te puedo asegurar, escucharás unas 100 veces por minuto en cualquier rincón de la ciudad: “güey”.

10.- Seguro ya lo habrás oído pero no esta de más recordarte que los adverbios de tiempo en México son mucho más relativos que en España. Si alguien te dice “nos vemos luego” no esperes que te llame en un par de horas. Con ese “luego”, los locales se refieren a “un día de estos” (que nadie te asegura, vaya a llegar). Pero nada desespera más a los recién llegados que el “ahora” o “ahorita”. “Ahorita voy” es como cuando tu madre te llamaba para comer y tú, en el punto álgido de tu sesión de juegos, le gritabas un nada convincente “ya voy”. He tratado de medir cuánto dura el “ahorita” por años; sin embargo, mi única conclusión es que es esa incertidumbre de no saber si durará minutos, horas o si se quedará en el eterno limbo temporal, es lo que hace de este idioma un atractivo y estimulante juego de azar.

Living Las Vegas

La primera vez que pisé la Ciudad del Pecado, pensaba que la fiesta y los casinos serían su único atractivo. Por suerte para mí, no podía estar más lejos de la realidad. Y no es que no disfrutara de un buen coctelito en un lugar coqueto, ni que no me lo pasara en grande durante una jornada maratónica jugando black Jack, en el Down Town, con un veterano procedente de Georgia que me enseñó a apostar (casi) como una profesional.

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Sin embargo, la oferta gastronómica y cultural, hasta entonces desconocida para mí, me dio una nueva perspectiva de Las Vegas y la convirtió así en uno de mis lugares favoritos de Estados Unidos. Dado que mi vivencia personal fue clave para ver la ciudad desde otro punto de vista, he decidido compartiros mis favoritos para os sirvan también a vosotros de inspiración.

Dónde comer

En lo alto del Hotel Delano (el nombre no es broma ni mucho menos) se encuentra un restaurante de comida internacional llamado Rivea, del chef ejecutivo Bruno Riou. Si el risotto es una de tus debilidades, no te lo puedes perder. De los más cremosos y sabrosos que he probado. Aunque, sin duda, el favorito de la noche, fue la langosta. Además de la comida, nada mejor para acompañarla que una buena copa de vino y unas vistas espectaculares a la ciudad. Si vas con tiempo, te sugiero que después bajes al hotel y asistas al espectáculo de Michael Jackson ONE by Cirque du Soleil. Tanto si eras fanático del Rey del Pop como si no, merece la pena recordarlo. Sentirás que está presente en el escenario.

Otro de mis favoritos, sin duda, está firmado por un chef español, José Andrés, y presenta una mezcla tan exótica como atractiva; comida china y mexicana. El menú degustación del China poblano es bastante asequible, teniendo en cuenta que está dentro del Hotel The Cosmopolitan, e incluye unos de los mejores tacos de carnitas y unas de las salsas más deliciosas que he tenido la suerte de probar en estos años.

Un espectáculo

Después de ver varias opciones, definitivamente el mayor atractivo del momento lo encontrarás en el hotel Wynn. Le Rêve – The Dream es un espectáculo de acrobacias, donde combinan fuego viento y agua para recrear un mundo de fantasía que te tendrá con los ojos abiertos como platos durante todo el show. Te recomiendo que no te sientes ni muy adelante ni muy atrás, para no perderte ningún detalle.

Qué ver

Además del clásico tour por los hoteles y la excursión imprescindible, desde mi punto de vista, al Gran Cañón, te recomiendo ampliamente que te des una vuelta por la parte vieja de Las Vegas, conocida como Down Town. Además de transportarte al pasado en sus casinos más emblemáticos y antiguos (no te pierdas la pecera de tiburones que está en el interior de la piscina del hotel Golden Nugget), podrás descubrir el encanto de los murales que año tras año aumentan en número y espectacularidad gracias al Life is Beautiful Urban Art Festival.

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Un paseo nocturno

El helicóptero será tu medio de transporte idóneo para tener la mejor visión de la Ciudad del Pecado. Recorrer el Strip cuando el sol ha caído, con las luces de Los Casinos sobre tus pies y con los Red Hot Chili Peppers tocando de fondo (así, al menos, fue mi experiencia con Sundance Helicopters), hará que te sientas parte de una película de Hollywood o, al menos, en el inicio de CSI Las Vegas.

Una actividad alternativa

¿Te gusta la acción? ¿Qué te parecería pelear contra una horda de zombis hiperrealistas que solo viven para comerte el cerebro? Eso, en Las Vegas, es posible. Te gusten o no los videojuegos, tienes que ir a la experiencia de realidad virtual que se encuentra dentro del Hotel MGM Grand. La adrenalina que soltarás en esos 45 minutos luchando por tu vida (de manera metafórica pero altamente creíble) no se compara ni con una clase de spinning.

¿Dónde comprar?

Dejando a un lado los famosos outlets, donde los precios no son tan irrisoriamente baratos a no ser que vayas en temporada de rebajas, es visita obligada que recorras los pasillos que conectan algunos hoteles más importantes como el Bellagio y el Venetian. La decoración es uno de los principales atractivos de la ciudad y las mejores firmas internacionales tienen su spot en esos conductos. Date una vuelta por Prada, Louis Vuitton o Chanel, pero no olvides deleitarte con las flores de cristal de Murano que decoran el techo del lobby del Bellagio o con el jardín itinerante, dentro del mismo hotel, que redecoran íntegramente según la temporada. ¡Tan espectacular como el show de fuentes más icónico de la ciudad!

Dónde relajarme

Si quieres que te den un buen masaje, te propongo dos opciones de acuerdo al tipo de expectativas que busques llenar. Si lo que quieres es disfrutar de un circuito termal a la altura de los dioses griegos, el Qua Baths And Spa, situado en el interior del hotel Caesars Palace, es tu opción. Los baños romanos que presiden su sala principal te harán sentirte como Zeus en el Olimpo. Si sales con hambre y te gusta la comida francesa, en frente está el restaurante Guy Savoy, donde todo, incluso el pan, está para chuparse los dedos.

Si tus pretensiones van más a lo experiencial y a tratamientos más alternativos, te recomendamos probar el Sahra Spa & Hammam en The Cosmopolitan. Prueba el hammam, más conocido como baño turco. Después de vivir esa experiencia, te sentirás renovada, revitalizada y lista para volver a la realidad.

Por último, después de tu primera vez en Las Vegas, hay un mensaje que siempre debes llevar contigo. Pide un taxi, ve al emblemático cartel de Welcome to Fabulous Las Vegas y mira del otro lado del letrero. Espero noticias tuyas.

 

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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