Experiencias,  Moda y Belleza

¿Masajes colombianos? ¿Qué es eso?

La primera vez que entré a Moulí Clinique pensé que mis amigas eran unas exageradas. Por sus crónicas de sucesos, esperaba llegar (literalmente) al matadero. “Te va a doler”, me decían unas. “No lo vas a aguantar”, me retaban otras. Y la verdad, en ese momento pensé que me había equivocado de spot. Ante mí, una mujer encantadora, detrás de un mostrador encantador, en un cuarto encantador, con una decoración encantadora me dijo: “Bienvenida Alba. No te preocupes, no duele tanto como dicen”. Y yo, ante tal derroche de simpatía, le creí.

Los masajes reductores o masajes colombianos son una técnica manual, cada vez más extendida en México, mediante la cual unas chicas (E-N-C-A-N-T-A-D-O-R-A-S) moldean tu cuerpo con sus (E-N-C-A-N-T-A-D-O-R-A-S) manos, como si una fuera de plastilina. Claro que teniendo en cuenta que una no es de plastilina en la teoría, la cosa se tuerce un poco en la práctica…

Lo que vino después del cálido recibimiento fue una mezcla de sensaciones que bien podrían compararse con la experiencia del primer amor. En media hora de sesión, reviví todo el catálogo de sentimientos que caben en mi ser; nervios, placer, dolor, miedo, incertidumbre, alivio… Sí, todo a la vez.

Con un menú a la carta que repasa todas las partes del cuerpo que nos suelen obsesionar a las mujeres, Mouli te ofrece la oportunidad de trabajar desde las piernas hasta la espalda pasando, como era de esperarse, por esa parte que siempre está condenada a sufrir los efectos de la gravedad, nuestro querido derriere. En mi caso, me decidí por el abdomen y el clásico flotador que nos sale a la mayoría aunque, si he de ser sincera, después de los primeros diez minutos, estuve a punto de rogarle a aquella (E-N-C-A-N-T-A-D-O-R-A) señorita que me los dejara donde estaban, alegando el cariño que les había cogido después de casi 32 años…

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¿Qué si aguanté hasta el final? No solo lo hice, sino que después de vestirme de nuevo, contraté un paquete de diez sesiones más. Y es que, aunque la vanidad pesa casi tanto como la gravedad, he de confesaros que el gran cambio para mí fue interno. Desde mi primera sesión, mis digestiones mejoraron (a pesar del estrés) y mi funcionamiento general comenzó a ir viento en popa. Además, el hecho de que puedas combinar tus masajes con sesiones de cafeterapia y masajes relajantes, lo hace mucho más llevadero. Y es que, queridos amigos, llegados a cierta edad, la salud empieza a importar más que el (siempre E-N-C-A-N-T-A-D-O-R) derriere…

Soy ovetense de nacimiento y mexicana por adopción. Periodista de profesión y cotilla por vocación, dicen que el sarcasmo y el humor negro son mis señas de identidad.

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