MADAME CLICQUOT
El Confesionario

La verdadera magia del Día de Muertos

En España cada vez se extiende más la tradición de celebrar una de las fiestas estadounidenses por excelencia y, aunque los mexicanos aprovechan cualquier excusa para montar un guateque, lo cierto es que aunque Halloween ya se ha adherido con fuerza en su lista de usos y costumbres, en México tienen otra tradición mucho más arraigada, más auténtica y más suya; el Día de Muertos.

Una noche cargada de tradiciones donde los mexicanos veneran y recuerdan a sus seres queridos desaparecidos. Si quieres entender un poco más a fondo de qué se trata este día, te recomiendo (por esa y muchas otras razones) que veas la película de Coco.

 

 

De entre las tradiciones que rodean a esta fecha tan señalada en el calendario, me gustaría hablaros en particular del Altar de Muertos. Una costumbre que, aunque pueda parecer un poco siniestra, me parece una forma muy entrañable y original de mantener vivo el recuerdo de aquellos seres queridos que, por azares del destino o por caprichos de la “llorona” —¿a qué crees que se refería, si no, Chavela Vargas en su mítica interpretación?— , se nos adelantaron en el camino hacia el eterno descanso.

 

 

El Altar de Muertos consiste, como su propio nombre indica, en un altar dedicado a los seres queridos que ya no están con nosotros y que, durante una noche al año, regresan de entre los muertos para venir a visitarnos. Eso sí, como bien refleja la película de Disney antes mencionada, el camino no es fácil y es necesario guiarles en su travesía.

Dejando a un lado los tipos de altares y sus significados, dependiendo del número de niveles incluidos en cada uno, me gustaría resaltaros aquellos elementos más llamativos que los convierten —desde mi humilde opinión— en verdaderas obras de arte.

 

MADAME CLICQUOT
MADAME CLICQUOT

 

Creo que lo que más me llama la atención de estos particulares altares es el colorido de los mismos. Un claro ejemplo de lo que significa la muerte para los mexicanos. Aquí la muerte, a pesar de que la sufren igual que el resto de mortales y sienten la marcha de sus seres queridos como cualquier otra persona, está rodeada de ese humor negro que se respira en la cultura popular, donde llegan, incluso, a reírse de esa llorona insaciable que siempre se empeña en llevarnos de la mano.

Esa vibrante gama cromática de la que os hablaba se refleja muy bien en el arco de flores que simboliza la entrada al mundo de los muertos y que se coloca en la parte alta del altar, presidiendo, además de las representaciones del fuego, el agua y la tierra, y diferentes elementos religiosos; los recuerdos, fotos, objetos y demás atractivos dedicados a los difuntos. Elementos aromáticos, como el incienso y el olor del azúcar de las calaveras —a veces también incluyen chocolate y amaranto— se fusionan con el naranja más potente de la flor de cempasúchil, característica del Día de Muertos, y entran en perfecta sintonía con la comida y la bebida favorita del difunto. Alguna vez, durante una excursión a Morelia, me hablaron del cementerio de Patzcuaro, donde el Día de Muertos adquiere un significado aún más especial, si cabe, y me contaron que los alimentos que los vivos ofrecen a los muertos durante esa noche, se quedan sin sabor al día siguiente, como si la esencia de los mismos se la llevara el festejado… —no, aún no me ha dado por corroborar la teoría—.

 

Altar de muertos en Careyes
Altar de muertos en Careyes

 

Independientemente de las viandas preferidas con las que cada uno quiera agasajar a sus festejados, el pan de muerto es un must en todo Altar de Muertos que se precie. Se trata de un bollito dulce, decorado con dos patitas, que representan los huesos de los muertos, y sésamo (ajonjolí), que representa las lágrimas de las almas que no pueden descansar en paz. Si te vas a los supermercados —el de Chedraui Selecto es una verdadera delicia— y a las pastelerías más sofisticadas, podrás encontrarlos con rellenos especiales como chocolate o cajeta (aquí ya me pierdo en darle significado) y hasta sin gluten (por aquello de que está de moda). Eso sí, yo me quedo con el de siempre, ese que hacen en las confiterías de toda la vida y que huele y sabe a tradición.

 

Pan de muerto
Pan de muerto de Maison Kayser

 

Llegados a este punto, es necesario hacer una advertencia. Si pensabas en echarle mano al altar y llevarte algo de recuerdo, cuidado; al igual que Dante protegía a Miguel en la película de Coco, en la vida real, la figura de un Xoloitzcuintle (el perro típico de México) guiará a las almas a cruzar y será su guardián.

 

 

 

Por otra parte, los altares se han convertido en tal atractivo que muchos hoteles montan el suyo y hasta exposiciones tradicionales se organizan en torno a esta costumbre. Si queréis disfrutar de una muestra de esta tradición, y aderezarla con un buen coctel, os recomiendo que visitéis Madame Clicquot, un bar efímero, ubicado en el hotel St. Regis, en el que la marca de champagne Veuve Clicquot celebra la vida de la mano de los que se han ido con un homenaje a la riqueza cultural y gastronómica de México, a través de una amplia propuesta de mixología.

 

MADAME CLICQUOT
MADAME CLICQUOT

 

Reserva tu espacio, hasta el próximo 2 de noviembre, y no olvides ir con un toque amarillo Clicquot, ya que cuenta la leyenda que Madame Clicquot sabe premiar a los que le hacen tributo a sus muertos de esta manera y no miente, yo hice caso de la tradición, con una blusa de Balmain para H&M en el tono requerido, y Madame Clicquot “en persona”, me lo “agradeció”… (y hasta ahí puedo leer).

 

Con Ludmila Fagoaga
Con Ludmila Fagoaga

 

Por último, decirte que si tienes la suerte de vivir la noche del 1 de noviembre con alguna familia mexicana, sentirás el calor de los vivos que reciben a sus antepasados, mientras comparten un delicioso banquete, marinado con las mejores anécdotas y recuerdos de los que, por un día, vuelven a la vida en el corazón de quienes siempre están dispuestos a recibirlos un año más. Esa es la verdadera magia del Día de Muertos.

Fotos: Cortesía

 

Soy ovetense de nacimiento y mexicana por adopción. Periodista de profesión y cotilla por vocación, dicen que el sarcasmo y el humor negro son mis señas de identidad.

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