El Confesionario

No cojo, no salgo fuera y no me caigo de culo

No sé qué os habrán contado, pero los mexicanos y los españoles no hablamos el mismo idioma. Aunque ambos provienen de la misma raíz latina y están considerados por los entendidos en el tema como “español”, las diferencias de forma y contenido hacen que, en algunas ocasiones, hasta sea complicado entendernos. Por ello, me pareció importante compartiros algunas normas básicas de convivencia para que podamos comunicarnos todos mejor:

1.- En España usamos la palabra “coger” para casi todo. Un verbo, inofensivo en la península Ibérica, que al cruzar el Atlántico se torna algo impúdico dependiendo de los foros en los que uno se encuentre. Aquí no puedes “coger el autobús”, ni decir que alguien “te coge” a una hora determinada (refiriéndose a la hora que pasan a buscarte) ni, mucho menos, celebrar tu nuevo contrato laboral con un “ya me cogieron en el trabajo”. Eso sí, si en el periodo de adaptación se te escapa algún que otro “vas a coger frío” o “te cojo ocupado”, recuerda que en México todo lo agarran mientras que nosotros todo lo cogemos. Y digo yo, ¿quién se lo pasa mejor entonces?

2.- Siento decirte que para vivir en este país es necesario e ineludible que te olvides del culo. Pompis está permitido, trasero es aceptable e, incluso, dependiendo de la audiencia, hasta quedarías bien con un derriere. Pero, queridos amigos, para los ciudadanos de este país, esa palabra que tanto nos gusta a los españoles, y que nos llena el buche cada vez que la usamos en la frase “qué buen culo tiene”, es un vocablo fuera de lugar. Si en este momento estás conteniendo la lágrima al borrar del diccionario tu palabra favorita, no te sientas mal; después del culo, vendrán las tetas…

3.- El mexicano es una persona extremadamente amable y acogedora; sin embargo, su forma de expresarlo a veces llega incluso a malinterpretarse. Me explico; seguro más de una vez habrás escuchado la expresión de “mi casa es tu casa”. Bien pues en este país, muchas veces se ahorran alguna que otra palabra y directamente empezarán las frases con: “El otro día estaba en tu casa (…)”. Todos tranquilos, no es que un desconocido haya allanado tu humilde morada mientras salías a comprar unos chicles. Simplemente están dejando clara la oferta de que su casa también es la suya.

4.- De los mexicanos aprenderás que gastamos demasiado en preposiciones. Si vas por el pan, no necesitas ir A POR el pan. Es algo que me costó aprender pero que me ha hecho ahorrar un montón de saliva en siete años.

5.- De los lugareños también aprenderás que no se puede subir abajo y entrar fuera. ¿Por qué los españoles siempre decimos bajar abajo y salir fuera? Si alguien os dice: “voy a entrar”, ¿os lo imagináis saliendo por la puerta? ¿a que no? ¿Alguna vez os habíais parado a pensarlo?

6.- En el tema de las palabrotas siento deciros que solo la experiencia os dará la clave para usarlas correctamente. Aquí no son tan básicos y evidentes como en España, donde dependiendo de en qué “te cagues”, se puede leer entre líneas la dimensión de tu cabreo. Si aceptáis mi consejo, os recomiendo ampliamente un libro titulado El chingonario: Diccionario de uso, reuso y abuso del chingar y sus derivados, que explica todos los significados y conjugaciones del verbo más básico para sobrevivir en el argot popular.

7.- México no es guay. Y no porque no lo sea de verdad, porque molar, mola un montón. Si no porque aquí, esa palabra, que tan bien define todo lo que es súper hiper mega chachi, no tiene ningún sentido. Si quieres expresar tu admiración por algo, recurre a los clásicos “qué padre” o “qué chido”.

8.- Que no te asuste la obsesión de los mexicanos con la madre. Sus palabrotas más recurrentes incluyen, en la mayoría de las veces, a la más grande de su casa. Si algo les vale madre, les importa un pepino, si algo vale madre (sin el artículo) es que ya no tiene solución y si están hasta la madre quiere decir que ya están hasta las narices. Después de siete años, aún no he descubierto cuánto vale una madre…

9.- Olvídate de tus tíos. En México solo usan ese sustantivo para referirse a los hermanos de sus padres. El clásico “¡qué fuerte tía!” los dejará desconcertados. Eso sí, del otro lado de la moneda encontrarás la muletilla más extendida de toda la república y que, te puedo asegurar, escucharás unas 100 veces por minuto en cualquier rincón de la ciudad: “güey”.

10.- Seguro ya lo habrás oído pero no esta de más recordarte que los adverbios de tiempo en México son mucho más relativos que en España. Si alguien te dice “nos vemos luego” no esperes que te llame en un par de horas. Con ese “luego”, los locales se refieren a “un día de estos” (que nadie te asegura, vaya a llegar). Pero nada desespera más a los recién llegados que el “ahora” o “ahorita”. “Ahorita voy” es como cuando tu madre te llamaba para comer y tú, en el punto álgido de tu sesión de juegos, le gritabas un nada convincente “ya voy”. He tratado de medir cuánto dura el “ahorita” por años; sin embargo, mi única conclusión es que es esa incertidumbre de no saber si durará minutos, horas o si se quedará en el eterno limbo temporal, es lo que hace de este idioma un atractivo y estimulante juego de azar.

Soy ovetense de nacimiento y mexicana por adopción. Periodista de profesión y cotilla por vocación, dicen que el sarcasmo y el humor negro son mis señas de identidad.

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