Rincones de moda para los amantes de la carne

De todos es bien sabida la variedad y diversidad de la gastronomía mexicana; sin embargo, me ha parecido oportuno cerrar el año destacando cuatro restaurantes especializados en carne que, aunque puede que más de uno discrepe en cuanto al criterio de selección de este ranking, para mi gusto son la estrella de este 2018.

Empecemos por lo básico; la materia prima. Como española, muchas veces me he cuestionado por qué esa costumbre —por no llamarlo manía obsesiva— de bañar siempre la carne y el pescado en 1 litro de salsa —eso cuando, además, no lo gratinan, le echan más salsa encima y demás condimentos— que solo consiguen opacar el sabor natural del producto principal. ¿De qué sirve tener una de las carnes con mayor calidad del mundo —con permiso de los argentinos— si la vamos a mandar a un segundo plano? En este punto me gustaría destacar el entrecôte al carbón de Blanco Castelar; un corte de excelente calidad, cocinado al calor de las brasas y apenas salpimentado. Si catar el verdadero sabor de la carne made in Mexico es tu objetivo, te recomiendo encarecidamente que te des una vuelta por esta construcción de estilo californiano, diseñada por el arquitecto Shafick Kaim, entre 1939 y 1940. Si además quieres darle ese toque de mar y montaña, puedes pedir de entrada el crudo de hamachi con perlas de trufa; una explosión de sabores que seguro sorprenderá a tu paladar.

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Centro de filete #blancocastelar

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Siguiendo con la constante del sabor natural de la carne, me parece interesante destacar, puede que no tanto por su sabor pero sí por su variedad de cortes, el restaurante Puerto Madero; un clásico en Ciudad de México. De ambiente más tradicional y serio, puede ser una buena opción para compartir un domingo en familia. Desde mi punto de vista, la mejor opción es que pidáis varios cortes y los compartáis. De esta forma podréis pasar de la suavidad del lomo a la gran textura y sabor del bife angosto en la misma visita. La cazuela de camarones y pulpo fue de mis entradas favoritas para abrir el apetito. Ya me contaréis si coincidís.

Corte de carne.

Dejando a un lado el purismo de la materia prima en su máximo esplendor, ha llegado el momento de hablar del restaurante Mochomos. Ubicado en la Avenida de Las Palmas, es el espacio perfecto para probar las mejores preparaciones y combinaciones con la carne como ingrediente principal. Pero antes de entrar en detalles, dejadme que os hable de sus tacos y tostadas, ¡una delicia! Si sois más de mar, tenéis que probar las tostadas puestas de atún, con pescado marinado en salsa de cítricos y salsas negras, coronada con finas rebanadas de aguacate y poro. Si la montaña es lo vuestro, os encantará la carne a la piedra para que la podáis ir haciendo paso a paso en la mesa —sí sí, como los muebles de Ikea—. Abierto ya el apetito, os recomiendo por encima de todas las opciones el filete de res bañado en salsa de cereza, mi favorito, o el filete Kawi; medallones gratinados con queso de cabra, tomate deshidratado y coronados con espinacas fritas y tomate cherry confitado. Eso sí, por mucho que la carta os haga ojitos, T-E-N-É-I-S que dejar espacio para el postre. Muchas amigas me han dicho que el pastel de pistache es la joya de la corona en Mochomos pero la verdad es que nunca lo he probado. Ojo, siempre me lo propongo pero es que cuando llega la hora del dulce y me acuerdo de su pastel de tres leches con chocolate y chispitas de chocolate no puedo ver más allá. De verdad si sois chocolate lovers, ¡tenéis que pedirlo!

Para finalizar con broche de oro, no podía despedirme de la carne sin probar el restaurante Cuerno Masaryk. Para empezar, lo más importante que debéis saber sobre este restaurante es que la lista de espera es E-T-E-R-N-A. Vamos que si pretendéis llegar un sábado cualquiera, a las tres de la tarde, que no os extrañe recibir un “tenemos lista de dos horas de espera” como respuesta —el que avisa no es traidor—. Lo mejor es que llaméis con tiempo y reservéis con antelación. Una vez que logréis conseguir una mesa, os sorprenderá lo acogedor del lugar y la bonita decoración que le caracteriza. Si vais al medio día, os recibirá un ambiente más distendido mientras que en la noche la situación se torna bastante más animada, con DJ en vivo incluido. Pero pasemos a lo importante; el menú. Además de una variada y atractiva carta de vinos, os recomiendo que seáis comedidos a la hora de pedir, pues los platos están bastante bien servidos. Como entrante os recomiendo el chicharrón de pulpo y los tacos Richi, con una carne tan jugosa que se derrite en la boca. Como plato fuerte, cuentan con una amplia variedad de cortes y opciones carnívoras con el sabor auténtico de la materia prima de la mejor calidad. Sin embargo; si sois de los que os atrevéis con nuevos sabores y lo exótico forma parte de vuestra dieta básica, os recomiendo mucho que probéis las láminas de wagyu japonés. Una carne tan suave y jugosa que dejará a vuestro paladar en el paraíso. Un trance culinario del que solo podréis salir con su ya archiconocido pastel de campechanas. ¿La receta? Secreto de sumario. Ya me contaréis qué os parece…

Láminas de wagyu japonés.

Fotos: Alba Vázquez/ Cortesía

En México no se habla español

Algunos de mis amigos, en tono cariñoso —espero—, me llaman Cervantes. Curioso apodo teniendo en cuenta que ni El Quijote me he leído —quien esté libre de pecado que tire la primera piedra—. Sin embargo, su ilustre adjetivo va más por mi obsesión por el idioma español que por otra cosa.

Que sí, que soy consciente de que estar pegados a los vecinos del norte tiene claras repercusiones en la cultura —véase la costumbre de celebrar Halloween y la iniciativa de algunos hoteles por ofrecer a sus huéspedes norteamericanos una cena de Acción de Gracias—, pero eso no significa que debamos renunciar a nuestro ADN. Y el idioma oficial de México, queridos amigos, no es otro que el español.

He de reconocer que cuando llegué a este país, el coger y el “culo” no fueron mis únicos enfrentamientos con el lenguaje. Los anglicismos y los términos españolizados a lo bruto —véase coachear— llegaron a hacer cortocircuito en mi sistema. Aún recuerdo cuando una amiga me llamó un jueves por la tarde para decirme que la habían invitado a una cena súper top y me ofreció ser su “plus one”. ¿Perdona? ¿tu qué? ¿Dónde quedó el “quieres ser mi acompañante” de toda la vida? Y puedo tolerar que el código de vestimenta haya pasado a ser un simple dress code y que la gente se despida con un escueto “bye” —yo seguiré defendiendo mi “hasta luego” de siempre— pero oye, ¿que me llames para ir a hanguear —no sé ni cómo escribirlo—? ¿qué es eso? ¿No podemos quedar para tomar un café y echar una risas como T-O-D-A L-A V-I-D-A D-E D-I-O-S?

En más de una ocasión he tenido que acompañar a alguna compañera al cajero porque no traía “cash” para pagar la comida o he tenido que posponer mi reunión con el jefe porque “andaba a full”. Y luego me dicen que soy una exagerada cuando les corrijo y les digo que nieva y no “neva”. Por favor… Al menos yo no insisto en “bustear” una publicación para obtener más visibilidad —la verdad es que yo con promocionarla me conformo—.

Señores, blush es colorete —o rubor, en su defecto—, lipstick es pintalabios —o labial, si prefieres—, y, definitivamente, por mucho que te empeñes en decir que te encantan los shots, en el Diccionario de la Real Academia Española no hay cabida para otra cosa que no sean chupitos.

Así que abracemos todos el idioma de Cervantes, alcemos nuestras copas y digamos “salud”—al que me salga con un “cheers” le doy con la copa en la cabeza—.

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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