Así dan las gracias en México

El día de Acción de Gracias en Estados Unidos —porque en Inglaterra fue mucho antes— data del siglo XVII y, aunque la idea original era dar gracias por las cosechas del año, hoy en día esta costumbre se sigue practicando, aunque no necesariamente haya ninguna plantación —al menos literal— previa.

Si os digo la verdad, hasta que llegué a México no sabía mucho de esta tradición —más que por los capítulos de Friends en donde el pavo, el desfile anual de Macy’s y la reunión de los protagonistas alrededor de la mesa eran los ingredientes principales—, pero aquí, aunque es una costumbre que nadie celebra, la cercanía con los vecinos del norte te lleva a conocer más de cerca sus costumbres y así descubrí, entre otras cosas, que le día de Thanksgiving es casi tan importante (o más) que la Navidad para algunos de ellos.

Sé que en el artículo sobre el Día de Muertos fui un poco —vale, muy— dura con eso de celebrar Halloween cuando creciste en Puebla o en Albacete pero, en este caso, he de confesar que me parece una tradición que todos deberíamos adoptar. ¿Qué mejor motivo para reunirte con tu familia y seres queridos que dar las gracias por todo lo bueno que te ha pasado este año?

El caso es que hace unos días me invitaron al restaurante Rulfo Paraje Latino, ubicado en el Hotel Hyatt, para probar su menú especial de Thanksgiving. Obviamente, mi primera pregunta —esperando que la respuesta me diera munición suficiente para atacarlos por copiones— fue referente a por qué celebrar una costumbre americana en México. La contestación me sorprendió gratamente; para que los ciudadanos estadounidenses que se encuentran ese día en México puedan celebrarlo “en familia”.

En cuanto al menú, al que cualquiera se puede apuntar —bien sea americano o solo por el gusto de compartir— será ofrecido el próximo 22 de noviembre y, aunque respeta los ingredientes principales del banquete, ofrece unas variables bastante interesantes.

En primer lugar, Alejandro Escudero, Chef Ejecutivo del hotel, y el Sous Chef Ejecutivo, Davide Preziuso, decidieron arrancar su propuesta con un entrante fresco, de sabores vibrantes y muy atractivo visualmente; un amouse bouche de salmón curado en casa, queso de cabra especiado con arándano y nueces, espárragos frescos y vinagreta de lima. He de deciros que la vinagreta le da un toque divertido e interesante a la cremosidad del pescado.

 

Amouse bouche de salmón curado en casa.
Amouse bouche de salmón curado en casa.

 

La oferta culinaria sigue con una sopa de elote dulce, poro dorado, pimientos, aceite de perejil y aire de trufa, para calentar el ambiente —puede que en México sigamos en manga corta pero en el norte ya empieza a asomar el frío del invierno—.

 

Sopa de elote dulce.
Sopa de elote dulce.

 

La tradición se hace presente con el plato fuerte del menú; pechuga de pavo rellena de semillas y frutos secos, tocino, puré de camote amarillo y morado, ejotes y gravy de ave. Una delicia para los sentidos y para el corazón de los que abrazan los sabores de siempre.

 

Pechuga de pavo rellena.
Pechuga de pavo rellena.

 

Por último, y reinventando el clásico pastel de manzana, Escudero y Preziuso proponen un postre compuesto por manzana horneada con frutos rojos y secos, canela, vino tinto y helado de macadamia. El broche perfecto para una cena de las que hacen historia.

 

Manzana horneada.
Manzana horneada.

 

Por último, si eres de los que prefiere no celebrar, siempre te puedes consolar con aprovechar el viernes siguiente al día de Acción de Gracias para desquitarte con los precios especiales del Black Friday. Ojo que en México, el Buen Fin —la versión mexicana, y ampliada, del viernes negro americano— se celebra este fin de semana. No os vayáis a reservar —a no ser que tengáis pensado viajar a Estados Unidos a celebrar con ellos el Thanksgiving, claro—.

Y vosotros, ¿por qué daríais las gracias este año?

Fotos: Cortesía

Valle de Bravo; un lugar encantado donde desconectar como VIP

Vivir en una de las ciudades más pobladas y saturadas del mundo no es tarea fácil. Más aún cuando te tienes que chutar horas y horas en el tráfico para moverte de un lado a otro. Desconectar de la rutina no es tan sencillo y, después de 3 semanas seguidas yendo al cine y a tomar una copita de vino, la verdad es que el cuerpo te pide a gritos un cambio de rutina.

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Muchos os dirán que un paseo por Puebla (pollito con mole incluido) es vital para sanear el espíritu y hay quienes optarán por San Miguel de Allende para ir a pasar el fin de semana con los amigos y montarse una que otra fiesta casera pero yo, mis queridos amigos, no puedo negar mis orígenes y, como se suele decir coloquialmente, la cabra tira al monte.

Por eso, siempre que la disponibilidad de tiempo y el bolsillo lo permiten, me escapo al rincón más “asturiano” de los alrededores; Valle de Bravo. Un pueblo de esos considerados como “mágicos”, con lago, bosque y montañas incluidos, en los que por unos días puedes disfrutar de la vida en plena naturaleza. (No, salir a correr por Chapultepec no te quita el sambenito de “flor de asfalto”).

Tanto si buscas reconectarte con tus instintos más primarios como si quieres disfrutar de un fin de semana a todo lujo, Valle de Bravo tiene las mejores opciones. En mi caso, después de probar algún que otro hotelito alternativo (sí, hay vida más allá de El Santuario Resort), me decanto por el Hotel Mesón de Leyendas, para quienes buscan algo más casual, y por el Hotel Rodavento, para los que prefieren una experiencia sensorial en medio del bosque, sin renunciar al trato preferencial.

 

Hotel Rodavento

 

En esta ocasión, sin embargo, quise aventurarme con algo nuevo y opté por probar suerte con AirBnB, después del grato sabor de boca que me había dejado en mi aventura italiana. Así fue como encontré a Carlos y José Luis, los anfitriones de un hotel en construcción que ofrece, a través de dicha plataforma, sus primeras suites. ¿El resultado? Las comodidades de un hotel con la libertad y la independencia de un AirBnB. La ubicación es perfecta, tiene piscina, jacuzzi y unas vistas súper bonitas al lago. Aunque lo mejor de todo, sin duda, la hospitalidad y el buen trato de sus propietarios. Tenían respuesta para todo y, teniendo en cuenta lo exigente que puede llegar a ser uno estando de vacaciones, resulta de gran ayuda.

¿Qué hacer en Valle de Bravo?

La pregunta más bien sería qué no hacer, ya que las opciones en este (mi) rinconcito de felicidad son tan diversas como inagotables.

 

 

Después de haber probado el parapente, los paseos en caballo y en cuatrimoto (con visita a iglesia budista incluida), me quedo con el esquí acuático (traje de neopreno no negociable, por eso de que la edad ya no perdona) y el tiro con arco. Para esto último yo os recomiendo el Hotel Rodavento ya que, además de la clase de iniciación, tienen un circuito en plena naturaleza para que te sientas como Robin Hood en pleno Bosque de Sherwood. Además puedes aprovechar el viaje para darte un masaje en una de sus cabañitas. Vale que son un poco más caros que los que ofrecen las masajistas a domicilio pero el entorno, y sobre todo el trato del personal, hacen que valga la pena.

 

 

Eso sí, donde ya te aconsejaría no hacer escala es en el restaurante pues los precios son un poco —a veces bastante— elevados para lo que consumes. Siempre puedes aprovechar las actividades y después acercarte a Avándaro para comer algo y dar un paseo.

Aunque si me preguntáis a mí, yo, definitivamente, optaría siempre por el pueblo de Valle de Bravo para comer. Aquí os comparto mis propuestas de desayuno, comida y cena para que la experiencia culinaria sea C-O-M-P-L-E-T-A:

Para iniciar el día

¿Quieres un desayuno bueno, bonito y barato? Bien, ¡eres de los míos! Mi último descubrimiento en Valle de Bravo fue un pequeño restaurante ubicado muy cerca del templo de Santa María Ahuacatlán, donde se encuentra el legendario Cristo Negro (sí, como su propio nombre indica, es negro), llamado El Punto. Si bien su carta no tiene 10 páginas, te costará elegir solo uno de sus platos. Además de estar decorado con mucho gusto (lo que se refleja también en el emplatado), te reciben con un croissant de chocolate que, si tratas de cuidar la línea, te recomendamos no probar (en serio, N-O L-O P-R-U-E-B-E-S) o saldrás del restaurante con cuatro (al menos) para llevar. El chai latte de esta cafetería de autor, con mucho encanto, es uno de los más ricos que he probado.

 

 

La comida

Aunque no lo creáis (y eso que acabo de volver de Milán), el restaurante italiano más rico que he probado E-N M-I V-I-D-A está en Valle de Bravo. Se llama Trattoria Toscana y no acepta reservaciones, así que trata de llegar temprano para comer a una hora prudencial. El Linguine de setas es tan bueno que necesitarás ver cómo elaboran la pasta en directo para creerte que es real y la pizza… Mamma mia! tiene la masa más deliciosa y equilibrada del mundo. Ni muy fina ni muy gruesa, tostada y en su punto de sal. Lo sé, lo sé, a mí también se me está cayendo la baba solo con recordarlo.

 

 

Un clásico para cerrar el día

Si alguna vez has ido a Valle de Bravo, seguro que el restaurante Dipao no es nuevo para ti; sin embargo, a pesar de que sus pizzas son legendarias, te recomiendo hacer una variación en la elección y probar su ensalada de trucha o su alcachofa gratinada con queso. Un buen rosado para maridar la aventura y ¡que aproveche!

Para terminar tu visita, y habiendo probado ya los mejores manjares y experimentado las actividades más divertidas, no olvides dar una vuelta por el centro; además de la iglesia principal con su correspondiente plaza central (con uno de los ya famosos y entrañables Timos, de Rodrigo de la Sierra, incluido), hay muchas galerías de arte donde podrás encontrar más de un souvenir interesante. No dejes de entrar en la tienda de las hadas porque, al igual que las meigas, y a pesar de estar a un océano de distancia, haberlas haylas. Avisados estáis…

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Fotos: Alba Vázquez

México, España y Escocia; el maridaje perfecto

“Toda la carta, a excepción del pan, es gluten free”, me espeta un tío con una rebanada de pizza tatuada en su brazo, junto a un helado (cucurucho incluido) y a una hamburguesa. “Me tatúo todas las cochinadas que me gustan. Me encanta comer”, confiesa David Izquierdo quien, desde hace poco menos de un año, trabaja como chef ejecutivo del restaurante Candela Romero, ubicado en el interior del hotel St. Regis.

David Izquierdo
David Izquierdo

Hippie por convicción y entendido en historia por afición, este valenciano de nacimiento y ciudadano del mundo, por experiencia, es el encargado de servirnos el menú que acompaña el maridaje del día; una selección del mejor whisky escocés.

Del lado de la bebida, nos acompaña Brendan McCarron, director de maduración de los whiskys de de Glenmorangie, quien nos explica, con todo lujo de detalle, el proceso de elaboración de cada etiqueta y sus matices.

Brendan McCarron
Brendan McCarron

Después de abrir boca con un tiradito de pulpo, mi preferido, si me preguntan, aderezado con The Original, disfrutamos de un taco de cochinillo pekín, acompañado del variante Lasanta (que nada tiene de santo), para seguir con un cordero lechado muy bien acompañado por un Quinta Ruban. Con toques de jerez y cierto acento dulzón, Lasanta es, desde mi punto de vista, la variante más atractiva de Glenmorangie. Eso sí, para los más aficionados al brebaje escocés, les recomiendo Nectar D’Or y 18 años, los cuales probamos con un mole curry con atún y cerdo ibérico y un original postre denominado Te extraño, Oaxaca, respectivamente.

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Cada plato, minuciosamente pensado por David Izquierdo, tiene un atractivo común denominador; es apto para celíacos. “Hoy puedo decir que, menos el pan, que me encanta hacerlo aunque sea celiaco, toda la carta es gluten free”, me confirma este maestro del fogón al que, a pesar de su amor por las harinas, hace unos meses le pusieron un alto en el camino al confirmarle que es alérgico. “Estoy deseando regenerar un poco el intestino para de vez en cuanto cometer algún pecado. Comerme un bocadillo de jamón serrano, por ejemplo, o irme a Brooklyn a la pizzería Motorino, que abrí yo en Hong Kong, a comerme una pizza de coles de bruselas. Es la mejor del mundo”.

Curiosamente, y a pesar de lo difícil que es aún en México encontrar productos actos para celíacos, ya que aquí, como bien dice Izquierdo, “es un producto de lujo”, en la carta del restaurante no se anuncia a bombo y platillo que su carta es gluten free. “Podría estar bien promocionarlo pero mi interés es que cuando viene un celíaco decirle: ‘Tranquilo, yo también lo soy y aquí vas a comer bien’. Nuestros postres son todos sin gluten. Me puedo comer un bizcocho y está bueno. Al pastelero lo he vuelto un poco loco. Mi objetivo es que se pueda comer rico”.

David Izquierdo, como yo, es un enamorado de México y de su gente y, aunque echa de menos una buena horchata de Alboraya, encuentra en su equipo su segunda familia —“Yo solo contrato buenas personas”— y en la cocina, una forma de expresar su pasión. “Cocinar es algo más que seguir una receta; para mí es mi forma de expresarte”, dice. Eso sí, por muy moderno que sea este genio de la cocina, no puede evitar aflorar su lado más purista (como buen valenciano) al hablar de la paella.

Finalmente, después de una comida tan deliciosa como bien marinada, me despido de los protagonistas, no sin antes felicitar a David Izquierdo por haber logrado imitar (en versión gluten free), la noche antes, uno de los platos más amados por los españoles: “Ayer me comí una croqueta después de cinco meses. No es la de harina de mi madre, pero está buena”, concluye.

Fotos: Cortesía

 

 

Masajes a domicilio

No sé si alguna vez os habéis dado cuenta pero el tráfico de esta ciudad es estresante, caótico y agotador. Una ecuación fatídica si tienes que trasladarte de un lugar a otro; sobretodo, en hora punta (ya no digamos si además es quincena y para acabar de (…) llueve). En muchas ocasiones agradezco un buen masaje en fin de semana para desconectar y darle un break a mi cuerpo (Nota mental para hacerme un regalo: un masaje siempre es una buena opción). Lo malo es que muchas veces llego tan cansada al viernes que me da pereza el simple hecho de trasladarme a algún lugar a que me restauren los chakras.

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Por eso, entenderéis mi grado de satisfacción cuando descubrí Scape. Si bien es cierto que al principio no me daba mucha confianza eso de los masajes a domicilio (como que de buenas a primeras muy bien no suena), he de deciros que ha sido el descubrimiento del año. Se trata de una aplicación que funciona de forma similar a Uber Eats; es decir, descargas la APP en tu teléfono, te registras, ordenas un masaje y voilà! La terapeuta llega a la puerta de tu casa.

Scape MX
Scape MX

Para los que, como yo en su momento, estáis pensando si forrar el burro de planchar con mantas para usarlo a modo de camilla, ¡parad el carro! Las terapeutas de Scape llegan con camilla incluida. Y eso no es todo. Por si fuera poco, los productos que usan son de Natura Bissé, una de las mejores firmas desde mi punto de vista, e incluso se traen su propio altavoz (o bocina) para lograr el ambiente perfecto en la habitación. Si a eso le sumas su profesionalismo y lo mucho que se preocupan por dejar todo ordenado, para que parezca que ahí no ha pasado nada, te sentirás exactamente igual que si estuvieses en el spá. Solo que en este caso, no tienes que pedir un uber o coger el coche para volver a casa; puedes pasar de la camilla a acurrucarte placenteramente en el sofá.

Scape MX
Scape MX

Lo que daría yo por tener ahora los servicios de Scape a un click de mi piel. Pero hoy, desde el aeropuerto de Schiphol, en Amsterdam, donde me encuentro escribiendo estas líneas, durante una escala técnica, me tengo que limitar a reponer mi estabilidad natural, después de casi 11 horas de vuelo, con un café. Y es que, después de probar las ventajas de los masajes a domicilio, desembolsar 40 EUR por una sobadita rápida en la espalda, entre la multitud congregada frente a las puertas de embarque y el caos de algún que otro viajero desorientado, no me parece una opción para nada atractiva. Creo que mejor aprovecharé el WIFI del aeropuerto para ir agendando mi siguiente cita con Scape para mi regreso a México.

 

 

¿Masajes colombianos? ¿Qué es eso?

La primera vez que entré a Moulí Clinique pensé que mis amigas eran unas exageradas. Por sus crónicas de sucesos, esperaba llegar (literalmente) al matadero. “Te va a doler”, me decían unas. “No lo vas a aguantar”, me retaban otras. Y la verdad, en ese momento pensé que me había equivocado de spot. Ante mí, una mujer encantadora, detrás de un mostrador encantador, en un cuarto encantador, con una decoración encantadora me dijo: “Bienvenida Alba. No te preocupes, no duele tanto como dicen”. Y yo, ante tal derroche de simpatía, le creí.

Los masajes reductores o masajes colombianos son una técnica manual, cada vez más extendida en México, mediante la cual unas chicas (E-N-C-A-N-T-A-D-O-R-A-S) moldean tu cuerpo con sus (E-N-C-A-N-T-A-D-O-R-A-S) manos, como si una fuera de plastilina. Claro que teniendo en cuenta que una no es de plastilina en la teoría, la cosa se tuerce un poco en la práctica…

Lo que vino después del cálido recibimiento fue una mezcla de sensaciones que bien podrían compararse con la experiencia del primer amor. En media hora de sesión, reviví todo el catálogo de sentimientos que caben en mi ser; nervios, placer, dolor, miedo, incertidumbre, alivio… Sí, todo a la vez.

Con un menú a la carta que repasa todas las partes del cuerpo que nos suelen obsesionar a las mujeres, Mouli te ofrece la oportunidad de trabajar desde las piernas hasta la espalda pasando, como era de esperarse, por esa parte que siempre está condenada a sufrir los efectos de la gravedad, nuestro querido derriere. En mi caso, me decidí por el abdomen y el clásico flotador que nos sale a la mayoría aunque, si he de ser sincera, después de los primeros diez minutos, estuve a punto de rogarle a aquella (E-N-C-A-N-T-A-D-O-R-A) señorita que me los dejara donde estaban, alegando el cariño que les había cogido después de casi 32 años…

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¿Qué si aguanté hasta el final? No solo lo hice, sino que después de vestirme de nuevo, contraté un paquete de diez sesiones más. Y es que, aunque la vanidad pesa casi tanto como la gravedad, he de confesaros que el gran cambio para mí fue interno. Desde mi primera sesión, mis digestiones mejoraron (a pesar del estrés) y mi funcionamiento general comenzó a ir viento en popa. Además, el hecho de que puedas combinar tus masajes con sesiones de cafeterapia y masajes relajantes, lo hace mucho más llevadero. Y es que, queridos amigos, llegados a cierta edad, la salud empieza a importar más que el (siempre E-N-C-A-N-T-A-D-O-R) derriere…

Deportes para pijos

Uno pensará que adquirir una rutina de ejercicio es igual de fácil en cualquier parte del mundo. Pues no, o no exactamente. Los gimnasios, esos lugares de esparcimiento que tanto nos gustan a los españoles para ir a sudar la gota gorda y a socializar un poco, no son tan asequibles fuera de los límites de Fantasía.

En México, al menos, son un producto de semi lujo. Aquí no hay ofertones para menores de 26 (ah, qué buenos tiempos) como en las cadenas más pro de Barcelona, ni espacios subvencionados por ayuntamientos locales. Aquí existen unas dos o tres cadenas que tienen el monopolio del ejercicio metropolitano y exprimen los bolsillos de sus clientes.

Por eso, cansada de pagar una millonada y encadenarme durante un año entero a un mismo local (hacían oferta por pagar un año, yo creo que si pagas cinco, te regalan un kit de mancuernas), donde las clases no me llenaban y donde lo único bueno era contratar (independientemente del paquete que incluye lo que pagas, claro está) un entrenador personal, decidí ampliar mis horizontes.

Algunas amigas me hablaron de varios sistemas de entrenamiento alterno que, según contaban, me iban a enamorar. Una especie de sectas privadas donde lo más importante no es hacer ejercicio sino subirlo a tus redes sociales. Sí, yo también he caído…

El caso es que tras aventurarme con Síclo y Beatbox, seguro habéis oído hablar de ellos, decidí probar una actividad que se hacía llamar Commando Studio. Fui después de que una amiga me dijera que iba a ser la mejor experiencia de mi vida. Lo de “amiga” lo puse en duda después de lo que os voy a contar…

 

En las instrucciones que venían en la web cuando reservabas tu clase, te solicitaban llegar cinco minutos antes para fichar. Sí, sí, como los funcionarios. Total, que quince minutos antes hacía yo mi entrada triunfal por aquella puerta de cristal, con la típica camiseta de merchandising que siempre guardas por si algún día vas al gimnasio. Delante de mí, una niña de poco más de veinte años con un bolso de Gucci y su mascota tamaño bolsillo. Ahí empezaron las señales…

Llegada la hora, las puertas de aquel búnquer se abrieron y todos accedimos al interior. El profesor, un simpático musculitos con cara de psicópata, nos indicó que empezáramos a mover las piernas. Así que yo, muy metida en mi papel, me subí a la cinta y, a una prudente velocidad de crucero, comencé mi paseo matutino. De repente, aquel lobo con piel de cordero anunció: “Corredores, comiencen a trotar. Principiantes 10, intermedios 12, avanzados 14”. ¡Km por hora, sí! Una locura… De repente la luz se apagó, los neones rojos se encendieron y la música empezó a ir a toda pastilla. Vamos, que yo no sabía si salir por patas o pedirme un cubata. Pero ya estaba ahí y no iba a claudicar, así que me puse la etiqueta de “principiante” y comencé a “trotar”.

Tres minutos después, aquel duende infernal ya estaba sugiriendo a sus víctimas “correr” a un mínimo de 15. Y yo, en un apurado 14, con el corazón a punto de salirse por la boca y rezando para no perder mis piernas en aquella carrera contra la muerte, decidí mirar a mi alrededor. Sí, ya sé que nunca es bueno comparar pero tuve que comprobar si el resto de alumnos estaban sufriendo tanto como yo. Por eso de que la unión hace la fuerza… Y nada más lejos de mi realidad. La media de aquella sala era de 20, 23 años, como mucho. Cuerpos atléticos y esculturales que corrían sin rumbo fijo como gacelas por el parque del Retiro. Decidí parar, era la vida o mi dignidad. Y todos tenemos un precio. Cuando por fin alcanzamos el periodo de recuperación, le pregunté a la jovencita de al lado si aquello era siempre tan exigente. Ella, ligeramente sofocada y con una sonrisa de oreja a oreja (que me dieron ganas de borrarle de un guantazo) me dijo: “Sí, ¿a que está padre?”. Ni padre, ni madre, ni Rita la cantadora pensé yo…

Os podéis imaginar cómo salí de allí; confundida, desorientada y con una nueva mejor amiga. No, no me refiero a la simpática adolescente de al lado, sino a la cinta de correr a la que encomendé mi vida durante 50 minutos. Nunca había abrazado tanto algo en mi vida…

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En resumen, el sudor en México, bien sea por el dinero o por la manera de obtenerlo, es caro; muy caro… Y aunque sigo sin adoptar el cuerpo atlético y escultural del resto de pupilos, ya he conseguido subir mi velocidad máxima a unos dignos 16 kilómetros por hora. Dicen que del amor al odio hay un paso y yo sigo yendo cada sábado a Commando Studio a reunirme con mi amante bandido. Y sí, lo documento todo en mi Instagram. Porque aunque he aprendido a querer esta secta de adrenalina, la satisfacción de presumirlo no me la quita nadie.

 

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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