Rincones de moda para los amantes de la carne

De todos es bien sabida la variedad y diversidad de la gastronomía mexicana; sin embargo, me ha parecido oportuno cerrar el año destacando cuatro restaurantes especializados en carne que, aunque puede que más de uno discrepe en cuanto al criterio de selección de este ranking, para mi gusto son la estrella de este 2018.

Empecemos por lo básico; la materia prima. Como española, muchas veces me he cuestionado por qué esa costumbre —por no llamarlo manía obsesiva— de bañar siempre la carne y el pescado en 1 litro de salsa —eso cuando, además, no lo gratinan, le echan más salsa encima y demás condimentos— que solo consiguen opacar el sabor natural del producto principal. ¿De qué sirve tener una de las carnes con mayor calidad del mundo —con permiso de los argentinos— si la vamos a mandar a un segundo plano? En este punto me gustaría destacar el entrecôte al carbón de Blanco Castelar; un corte de excelente calidad, cocinado al calor de las brasas y apenas salpimentado. Si catar el verdadero sabor de la carne made in Mexico es tu objetivo, te recomiendo encarecidamente que te des una vuelta por esta construcción de estilo californiano, diseñada por el arquitecto Shafick Kaim, entre 1939 y 1940. Si además quieres darle ese toque de mar y montaña, puedes pedir de entrada el crudo de hamachi con perlas de trufa; una explosión de sabores que seguro sorprenderá a tu paladar.

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Centro de filete #blancocastelar

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Siguiendo con la constante del sabor natural de la carne, me parece interesante destacar, puede que no tanto por su sabor pero sí por su variedad de cortes, el restaurante Puerto Madero; un clásico en Ciudad de México. De ambiente más tradicional y serio, puede ser una buena opción para compartir un domingo en familia. Desde mi punto de vista, la mejor opción es que pidáis varios cortes y los compartáis. De esta forma podréis pasar de la suavidad del lomo a la gran textura y sabor del bife angosto en la misma visita. La cazuela de camarones y pulpo fue de mis entradas favoritas para abrir el apetito. Ya me contaréis si coincidís.

Corte de carne.

Dejando a un lado el purismo de la materia prima en su máximo esplendor, ha llegado el momento de hablar del restaurante Mochomos. Ubicado en la Avenida de Las Palmas, es el espacio perfecto para probar las mejores preparaciones y combinaciones con la carne como ingrediente principal. Pero antes de entrar en detalles, dejadme que os hable de sus tacos y tostadas, ¡una delicia! Si sois más de mar, tenéis que probar las tostadas puestas de atún, con pescado marinado en salsa de cítricos y salsas negras, coronada con finas rebanadas de aguacate y poro. Si la montaña es lo vuestro, os encantará la carne a la piedra para que la podáis ir haciendo paso a paso en la mesa —sí sí, como los muebles de Ikea—. Abierto ya el apetito, os recomiendo por encima de todas las opciones el filete de res bañado en salsa de cereza, mi favorito, o el filete Kawi; medallones gratinados con queso de cabra, tomate deshidratado y coronados con espinacas fritas y tomate cherry confitado. Eso sí, por mucho que la carta os haga ojitos, T-E-N-É-I-S que dejar espacio para el postre. Muchas amigas me han dicho que el pastel de pistache es la joya de la corona en Mochomos pero la verdad es que nunca lo he probado. Ojo, siempre me lo propongo pero es que cuando llega la hora del dulce y me acuerdo de su pastel de tres leches con chocolate y chispitas de chocolate no puedo ver más allá. De verdad si sois chocolate lovers, ¡tenéis que pedirlo!

Para finalizar con broche de oro, no podía despedirme de la carne sin probar el restaurante Cuerno Masaryk. Para empezar, lo más importante que debéis saber sobre este restaurante es que la lista de espera es E-T-E-R-N-A. Vamos que si pretendéis llegar un sábado cualquiera, a las tres de la tarde, que no os extrañe recibir un “tenemos lista de dos horas de espera” como respuesta —el que avisa no es traidor—. Lo mejor es que llaméis con tiempo y reservéis con antelación. Una vez que logréis conseguir una mesa, os sorprenderá lo acogedor del lugar y la bonita decoración que le caracteriza. Si vais al medio día, os recibirá un ambiente más distendido mientras que en la noche la situación se torna bastante más animada, con DJ en vivo incluido. Pero pasemos a lo importante; el menú. Además de una variada y atractiva carta de vinos, os recomiendo que seáis comedidos a la hora de pedir, pues los platos están bastante bien servidos. Como entrante os recomiendo el chicharrón de pulpo y los tacos Richi, con una carne tan jugosa que se derrite en la boca. Como plato fuerte, cuentan con una amplia variedad de cortes y opciones carnívoras con el sabor auténtico de la materia prima de la mejor calidad. Sin embargo; si sois de los que os atrevéis con nuevos sabores y lo exótico forma parte de vuestra dieta básica, os recomiendo mucho que probéis las láminas de wagyu japonés. Una carne tan suave y jugosa que dejará a vuestro paladar en el paraíso. Un trance culinario del que solo podréis salir con su ya archiconocido pastel de campechanas. ¿La receta? Secreto de sumario. Ya me contaréis qué os parece…

Láminas de wagyu japonés.

Fotos: Alba Vázquez/ Cortesía

Así dan las gracias en México

El día de Acción de Gracias en Estados Unidos —porque en Inglaterra fue mucho antes— data del siglo XVII y, aunque la idea original era dar gracias por las cosechas del año, hoy en día esta costumbre se sigue practicando, aunque no necesariamente haya ninguna plantación —al menos literal— previa.

Si os digo la verdad, hasta que llegué a México no sabía mucho de esta tradición —más que por los capítulos de Friends en donde el pavo, el desfile anual de Macy’s y la reunión de los protagonistas alrededor de la mesa eran los ingredientes principales—, pero aquí, aunque es una costumbre que nadie celebra, la cercanía con los vecinos del norte te lleva a conocer más de cerca sus costumbres y así descubrí, entre otras cosas, que le día de Thanksgiving es casi tan importante (o más) que la Navidad para algunos de ellos.

Sé que en el artículo sobre el Día de Muertos fui un poco —vale, muy— dura con eso de celebrar Halloween cuando creciste en Puebla o en Albacete pero, en este caso, he de confesar que me parece una tradición que todos deberíamos adoptar. ¿Qué mejor motivo para reunirte con tu familia y seres queridos que dar las gracias por todo lo bueno que te ha pasado este año?

El caso es que hace unos días me invitaron al restaurante Rulfo Paraje Latino, ubicado en el Hotel Hyatt, para probar su menú especial de Thanksgiving. Obviamente, mi primera pregunta —esperando que la respuesta me diera munición suficiente para atacarlos por copiones— fue referente a por qué celebrar una costumbre americana en México. La contestación me sorprendió gratamente; para que los ciudadanos estadounidenses que se encuentran ese día en México puedan celebrarlo “en familia”.

En cuanto al menú, al que cualquiera se puede apuntar —bien sea americano o solo por el gusto de compartir— será ofrecido el próximo 22 de noviembre y, aunque respeta los ingredientes principales del banquete, ofrece unas variables bastante interesantes.

En primer lugar, Alejandro Escudero, Chef Ejecutivo del hotel, y el Sous Chef Ejecutivo, Davide Preziuso, decidieron arrancar su propuesta con un entrante fresco, de sabores vibrantes y muy atractivo visualmente; un amouse bouche de salmón curado en casa, queso de cabra especiado con arándano y nueces, espárragos frescos y vinagreta de lima. He de deciros que la vinagreta le da un toque divertido e interesante a la cremosidad del pescado.

 

Amouse bouche de salmón curado en casa.
Amouse bouche de salmón curado en casa.

 

La oferta culinaria sigue con una sopa de elote dulce, poro dorado, pimientos, aceite de perejil y aire de trufa, para calentar el ambiente —puede que en México sigamos en manga corta pero en el norte ya empieza a asomar el frío del invierno—.

 

Sopa de elote dulce.
Sopa de elote dulce.

 

La tradición se hace presente con el plato fuerte del menú; pechuga de pavo rellena de semillas y frutos secos, tocino, puré de camote amarillo y morado, ejotes y gravy de ave. Una delicia para los sentidos y para el corazón de los que abrazan los sabores de siempre.

 

Pechuga de pavo rellena.
Pechuga de pavo rellena.

 

Por último, y reinventando el clásico pastel de manzana, Escudero y Preziuso proponen un postre compuesto por manzana horneada con frutos rojos y secos, canela, vino tinto y helado de macadamia. El broche perfecto para una cena de las que hacen historia.

 

Manzana horneada.
Manzana horneada.

 

Por último, si eres de los que prefiere no celebrar, siempre te puedes consolar con aprovechar el viernes siguiente al día de Acción de Gracias para desquitarte con los precios especiales del Black Friday. Ojo que en México, el Buen Fin —la versión mexicana, y ampliada, del viernes negro americano— se celebra este fin de semana. No os vayáis a reservar —a no ser que tengáis pensado viajar a Estados Unidos a celebrar con ellos el Thanksgiving, claro—.

Y vosotros, ¿por qué daríais las gracias este año?

Fotos: Cortesía

¿Cuáles son los mejores tacos de México?

Tortas, tacos, tamales, tlayudas… la variedad de opciones que ofrece una simple letra es tan variopinta como infinita. Con «la dieta T”, el mexicano común se refiere a aquel compatriota que acostumbra —día sí, día también— a alimentarse de todos aquellos manjares que, en su mayoría, se conocen como “garnachas”. De entre todas las opciones que abarca esta categoría, hoy he decidido hablaros del clásico de los clásicos; el taco.

Eso sí, como dirían por ahí, hasta entre los perros hay razas y no es lo mismo comerse un taco en el típico lugar que abre solo para que los borrachos de turno equilibren el exceso de alcohol en cuerpo, que degustar aquellos que presumen de ofrecer una obra de arte dentro de una tortilla.

 

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Pero antes de entrar en detalles, hay dos cosas que todo buen mexicano sabe y, como extranjero, debes aprender a dominar; la compañía y la posición —sin pensar mal que el postre ya vendrá después—. Con compañía me refiero a uno de los placeres más valorados por los amantes de los tacos; la salsa. Muchas veces, elegimos en qué tacos pararnos a reponer fuerzas, no por la calidad de la carne —que también influye— sino por el nivel de la salsa que le pondremos encima como complemento. El Califa, por ejemplo, tiene muy buenas (y variadas) opciones para aderezar tus tacos.

En cuanto a la posición, me refiero al arte de levantar el dedo meñique cuando coges tu taco y evitar que se derrame una sola gota del limón o la salsa con la que lo has bañado —sí, a mí también se me está cayendo la baba solo de imaginármelo…—.

 

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Por último, llegados a este punto, me dispongo a compartiros mi top five con aquellos que por originalidad y, sobre todo, por relleno, son mis favoritos:

Restaurante Chapulín

Ubicado en el interior del Hotel Presidente Intercontinental de Campos Elíseos, este restaurante ofrece un menú de fusión mexicano con delicias como el ceviche de camarón y sandía, con soja y maíz crujiente, o el delicioso Taco de Lechón; una terrina de lechón confitado con cremoso de aguacate, cebolla asada y polvo de chicharrón. Una delicia que te hará plantearte si merece la pena echarle salsa o comértelo así, como la chef Josefina López Méndez lo trajo al mundo.

 

Tacos de lechón
Tacos de lechón

 

El Parnita

Situado en la calle de Yucatán, este restaurante familiar es, sin lugar a dudas, de mis opciones favoritas para disfrutar de la comida típica mexicana. Además de tener los mejores ceviches —ya os habréis dado cuenta de que es uno de mis platos fetiche—, tienen uno de los mejores tacos que han pisado la faz de la tierra; El Huérfano. En este punto es importante aclarar que el mexicano común acostumbra a decir que algo “no tiene madre” cuando está muy bueno. Con esta premisa, podéis adivinar fácilmente de dónde viene el nombre de esta delicia compuesta por camarones empanizados, queso, guacamole y frijoles. ¿De verdad necesitáis más para correr a probarlo?

 

 

El Califa

Clásico de clásicos. El Califa ofrece una carta común, si de taquerías hablamos, pero presume de tener muy buena materia prima y salsas de excelente calidad. Aquí os recomiendo el chicharrón de queso —merece mucho la pena— y los típicos tacos al pastor. Uno de los musts de la Ciudad de México, realizados en trompo —el que me diga que es un kebab a la mexicana lo mato, sin ofender, pero nada se compara al fino sabor de un buen taco al pastor—, que debes probar —y repetir— para ser considerado un local entre los expertos.

 

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Como cada sábado tenemos para ti un remedio infalible. #Tacos al #Pastor y #Guacamole.

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Los tacos Marvichi

Sí, sé lo que me vais a decir; ¿no que no te gustaban los tacos que se ponen afuera de los antros? Queridos amigos, los tacos ambulantes —sin entrar en detalles de instalaciones ni condiciones—Marvichi, en Polanco, son toda una institución. El de milanesa empanizada con cebolla, queso y patatas fritas es mejor que un vaso de leche con miel para conciliar el sueño. He de confesar que, en más de una ocasión, me he ido en chándal a cenar ahí y me he mimetizado entre los borrachos de turno que, por su condición etílica, no pueden apreciar, como yo, el regalo culinario que tienen entre sus manos.

Las carnitas de los Hermanos García

Pido perdón por terminar con algo tan sumamente local, pero de todos es bien sabido que en los mercados, como en casa de las abuelas, es donde mejor se come. Las carnitas de cerdo, desde mi punto de vista, son ese gusto culposo que nos permitimos algún que otro fin de semana —o todos si nadie nos limita—. El nombre de “carnitas” se refiere a las diferentes partes del cerdo que son fritas en manteca del mismo animal para después incorporarlas a grandes ollas de cobre y mezclarlas, a su vez, con diferentes ingredientes secretos según el cocinero —sé lo que parece pero créeme cuando te digo que son un manjar divino—. Mi perdición, sin duda, son las de los hermanos García, que se ponen los sábados en el mercado de Presa Salinillas (Colonia Irrigación). Un taco de chamorro y otro de oreja pueden devolverle la sonrisa a cualquier día gris.

 

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¿Algún alma caritativa que me quiera invitar a unos buenos tacos? Prometo no defraudaros; lo del meñique en alto, queridos amigos, ya lo tengo totalmente dominado. Y aquí es donde aclaro que la foto de portada corresponde a mi primera noche en México (allá por 2011), donde me llevaron a comer mis primeros tacos y donde, evidentemente, aún me faltaba cierta destreza en el arte del levantamiento de meñique.

 

 

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Fotos: Cortesía

Restaurantes y bares de Oviedo; dónde ir y qué no repetir

Vivir a un océano de tu hogar te da una perspectiva diferente de las cosas. Lo que para los que se quedan se convierte en algo ordinario, para mí adquiere un carácter de exclusividad que me hace anhelarlo más que la llegada de los Reyes Magos para un niño. ¿Un ejemplo? Las Moscovitas de Rialto. Para quien no las conozca, son finas pastas de almendra marcona y cobertura de chocolate con leche, típicas de Oviedo, que están al alcance de la mano de cualquier local, y que se vuelven más preciadas que el anillo de Gollum para los que las hemos probado y tenemos que esperar más de un año para sentirlas de nuevo derritiéndose en nuestra boca —en este momento agradecería un caldero (cubo). Quien las ha probado, lo sabe…—.

 

Moscovitas de Rialto
Moscovitas de Rialto

 

Entenderéis que, teniendo que esperar meses para volver a sentir el calor del hogar en mis papilas gustativas, aproveche mis fugaces visitas a casa no solo para consentirme con mis caprichos de siempre, sino también para sumar nuevos manjares, hot spots y restaurantes a mi lista de favoritos.

Casadiellas a parte —es uno de los postres icónicos de Asturias y es una especie de empanada frita, elaborada con una masa de harina de trigo que se rellena con una mezcla de nueces, azúcar y anís—, durante mi último viaje a España, hace apenas un mes, descubrí nuevos y deliciosos rincones para comer, constaté la calidad que mantienen los clásicos y me percaté, muy a mí pesar, de cómo otros han perdido mi particular (y humilde) “estrella Michelín”. Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que en diciembre espero ampliaros la lista con nuevas adquisiciones, hoy os dejaré mi crítica (y muy personal) opinión sobre algunas de mis experiencias recientes (que no todas), para los que os decidáis por Oviedo en vuestra próxima excursión:

La corte de Pelayo

Un clásico donde los haya. En 2014 se ganaron el premio del mejor cachopo y a día de hoy os puedo decir que no he probado otro mejor —al margen del que hace mi primo Juanjo, por supuesto—. Para los que no estáis muy familiarizados con el concepto, el cachopo (clásico, porque hay tantas variables como peces en el mar) se compone de dos filetes de ternera rellenos de jamón serrano y queso. Todo ello se reboza en harina, huevo y pan rallado y ¡a freír! En el plato encontraréis, acompañando a este manjar, patatas fritas, pimientos asados o champiñones salteados (normalmente).

 

El cachopo de La Corte
El cachopo de La Corte

En el caso del creado en este restaurante, el relleno, además del jamón serrano, en este caso ibérico, y el queso, de cabra, incluye pimientos del piquillo, lacón asturiano y espárrago blanco. ¿Lo mejor de todo? La salsa con la que lo acompañan ¡para chuparse los dedos!

La tabernilla de Oviedo

Si de menús del día hablamos, este rinconcito, fundado en 2005 por Rafael García, ha sido mi gran descubrimiento en esta visita. Lo tiene todo. Y cuando digo “todo” es T-O-D-O; buen sabor, una amplia variedad de opciones, platos que se salen de lo “típico” —vamos que aquí no vas a comer macarrones con tomate y merluza rebozada—, un trato de primera y un precio tan atractivo que me abstengo de compartirlo para que no me saturéis el sitio y tenga que reservar un mes antes la próxima vez que quiera volver. Aquí os comparto una foto de la experiencia para daros una muestra (limitada, que os veo venir) de su atractivo.

 

Primer plato en La Tabernilla
Primer plato en La Tabernilla

 

La eterna batalla del vermuth solera

“Cuatro cosas tiene Oviedo que siempre debes probar, los bombones de Peñalba, carballones de Camilo de Blas, moscovitas de Rialto y el Vermuth de La Paloma”. Así versa el cartel que preside este bar ubicado en la calle de la Independencia. Un rinconcito mítico de Oviedo donde, se dice, inventaron el vermuth solera en 1900. Ser el primero en algo está muy bien, no lo vamos a negar, pero a no ser que tengas en tu haber la receta secreta de la Coca-Cola, la etiqueta de “el mejor” es un estándar que hay que saber mantener. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A pesar de que muchos ovetenses se declinen a favor del hervidero dominical de La Paloma, yo me inclino más por el solera de Casa Amparo, un localito de toda la vida situado en la plaza del Fontán al que me llevó mi padre una mañana cualquiera.

 

La Paloma
La Paloma

 

Si del vermuth hablamos, y con ello hacemos referencia a un tipo de vino bañado en flores, frutas, plantas, especias y maderas, el de Casa Amparo (desde mi punto de vista) supera con creces al de La Paloma, no solo en presentación, que también influye —y si no que se lo pregunten a los concursantes de MasterChef Celebrity—, sino en sabor, siendo el del Fontán más dulce y más fino al paladar.

 

Casa Amparo
Casa Amparo

 

Otro de los puntos a favor de Casa Amparo son las tapas. Y es que no nos engañemos queridos amigos, España es un país D-E T-A-P-A-S y así como la salsa de los tacos marca la diferencia en México, en mi tierra, la distinción viene marcada por el maridaje (gratuito, claro está) con el que acompañan las bebidas. A mí que me perdonen pero prefiero unos buenos mejillones con salsa picante —lo mexicano por algún sitio se tiene que notar—, que unas gambas a la gabardina. Señores, lo de los entremeses fríos y calientes ya ha quedado totalmente demodé. ¡Renovarse o morir! —con todos mis respetos, claro está—.

El carajillo al estilo español

Que levante la mano a quien no le agrade un buen carajillo «shakeado» después de comer. Bien pues, aunque el carajillo como tal es originario de España, su preparación dista mucho del que degustamos en México. Para empezar, allí es caliente. Además, en lugar de llevar Licor 43, se hace con coñac (previamente flameado o quemado) y para finalizar se le añade un poco de nata —aunque yo lo prefiero con espuma de leche—. Lo de endulzarlo ya va a gustos.

El caso es que aprovechando mi visita, decidí tomarme un carajillo en un lugar llamado Ópera café, antes conocido como El Teatrillo, situado frente al Teatro Campoamor (donde cada año se entregan los premios Princesa de Asturias), y donde recordaba haberme tomado uno bastante bueno la última vez.

¡Error! El resultado de esta ocasión fue un café frío, con muy muy poca cantidad de alcohol y cuando le sugería al camarero que no estaba del todo bien, quiso rellenarlo con coñac D-I-R-E-C-T-A-M-E-N-T-E de la botella… —los cafeteros entenderán por qué me eché las manos a la cabeza cuando, además, tuve que pagar 4.5 euros por él—.

Vamos, que poco más y termino en el Starbucks que han abierto este año en Oviedo. Presumen que es el primero pero yo no lo vi muy concurrido. Aunque siendo sinceros, teniendo a escasos metros más de una emblemática cafetería —de esas españolas tradicionales donde hasta galletita te ponen con el café—, la contienda presume ser difícil de ganar para los verdes…

En definitiva, y para terminar, una última reflexión: A los nuevos amantes de mi vida, encantada de haberos conocido, a los “amigos” de siempre, un placer volver a veros y a los que en este momento estáis nominados para salir de mi corazón, estoy deseando volver para daros una nueva oportunidad.

Más adelante os compartiré los principales atractivos turísticos para que no todo sea comer y beber…

Fotos: Alba Vázquez

Valle de Bravo; un lugar encantado donde desconectar como VIP

Vivir en una de las ciudades más pobladas y saturadas del mundo no es tarea fácil. Más aún cuando te tienes que chutar horas y horas en el tráfico para moverte de un lado a otro. Desconectar de la rutina no es tan sencillo y, después de 3 semanas seguidas yendo al cine y a tomar una copita de vino, la verdad es que el cuerpo te pide a gritos un cambio de rutina.

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Muchos os dirán que un paseo por Puebla (pollito con mole incluido) es vital para sanear el espíritu y hay quienes optarán por San Miguel de Allende para ir a pasar el fin de semana con los amigos y montarse una que otra fiesta casera pero yo, mis queridos amigos, no puedo negar mis orígenes y, como se suele decir coloquialmente, la cabra tira al monte.

Por eso, siempre que la disponibilidad de tiempo y el bolsillo lo permiten, me escapo al rincón más “asturiano” de los alrededores; Valle de Bravo. Un pueblo de esos considerados como “mágicos”, con lago, bosque y montañas incluidos, en los que por unos días puedes disfrutar de la vida en plena naturaleza. (No, salir a correr por Chapultepec no te quita el sambenito de “flor de asfalto”).

Tanto si buscas reconectarte con tus instintos más primarios como si quieres disfrutar de un fin de semana a todo lujo, Valle de Bravo tiene las mejores opciones. En mi caso, después de probar algún que otro hotelito alternativo (sí, hay vida más allá de El Santuario Resort), me decanto por el Hotel Mesón de Leyendas, para quienes buscan algo más casual, y por el Hotel Rodavento, para los que prefieren una experiencia sensorial en medio del bosque, sin renunciar al trato preferencial.

 

Hotel Rodavento

 

En esta ocasión, sin embargo, quise aventurarme con algo nuevo y opté por probar suerte con AirBnB, después del grato sabor de boca que me había dejado en mi aventura italiana. Así fue como encontré a Carlos y José Luis, los anfitriones de un hotel en construcción que ofrece, a través de dicha plataforma, sus primeras suites. ¿El resultado? Las comodidades de un hotel con la libertad y la independencia de un AirBnB. La ubicación es perfecta, tiene piscina, jacuzzi y unas vistas súper bonitas al lago. Aunque lo mejor de todo, sin duda, la hospitalidad y el buen trato de sus propietarios. Tenían respuesta para todo y, teniendo en cuenta lo exigente que puede llegar a ser uno estando de vacaciones, resulta de gran ayuda.

¿Qué hacer en Valle de Bravo?

La pregunta más bien sería qué no hacer, ya que las opciones en este (mi) rinconcito de felicidad son tan diversas como inagotables.

 

 

Después de haber probado el parapente, los paseos en caballo y en cuatrimoto (con visita a iglesia budista incluida), me quedo con el esquí acuático (traje de neopreno no negociable, por eso de que la edad ya no perdona) y el tiro con arco. Para esto último yo os recomiendo el Hotel Rodavento ya que, además de la clase de iniciación, tienen un circuito en plena naturaleza para que te sientas como Robin Hood en pleno Bosque de Sherwood. Además puedes aprovechar el viaje para darte un masaje en una de sus cabañitas. Vale que son un poco más caros que los que ofrecen las masajistas a domicilio pero el entorno, y sobre todo el trato del personal, hacen que valga la pena.

 

 

Eso sí, donde ya te aconsejaría no hacer escala es en el restaurante pues los precios son un poco —a veces bastante— elevados para lo que consumes. Siempre puedes aprovechar las actividades y después acercarte a Avándaro para comer algo y dar un paseo.

Aunque si me preguntáis a mí, yo, definitivamente, optaría siempre por el pueblo de Valle de Bravo para comer. Aquí os comparto mis propuestas de desayuno, comida y cena para que la experiencia culinaria sea C-O-M-P-L-E-T-A:

Para iniciar el día

¿Quieres un desayuno bueno, bonito y barato? Bien, ¡eres de los míos! Mi último descubrimiento en Valle de Bravo fue un pequeño restaurante ubicado muy cerca del templo de Santa María Ahuacatlán, donde se encuentra el legendario Cristo Negro (sí, como su propio nombre indica, es negro), llamado El Punto. Si bien su carta no tiene 10 páginas, te costará elegir solo uno de sus platos. Además de estar decorado con mucho gusto (lo que se refleja también en el emplatado), te reciben con un croissant de chocolate que, si tratas de cuidar la línea, te recomendamos no probar (en serio, N-O L-O P-R-U-E-B-E-S) o saldrás del restaurante con cuatro (al menos) para llevar. El chai latte de esta cafetería de autor, con mucho encanto, es uno de los más ricos que he probado.

 

 

La comida

Aunque no lo creáis (y eso que acabo de volver de Milán), el restaurante italiano más rico que he probado E-N M-I V-I-D-A está en Valle de Bravo. Se llama Trattoria Toscana y no acepta reservaciones, así que trata de llegar temprano para comer a una hora prudencial. El Linguine de setas es tan bueno que necesitarás ver cómo elaboran la pasta en directo para creerte que es real y la pizza… Mamma mia! tiene la masa más deliciosa y equilibrada del mundo. Ni muy fina ni muy gruesa, tostada y en su punto de sal. Lo sé, lo sé, a mí también se me está cayendo la baba solo con recordarlo.

 

 

Un clásico para cerrar el día

Si alguna vez has ido a Valle de Bravo, seguro que el restaurante Dipao no es nuevo para ti; sin embargo, a pesar de que sus pizzas son legendarias, te recomiendo hacer una variación en la elección y probar su ensalada de trucha o su alcachofa gratinada con queso. Un buen rosado para maridar la aventura y ¡que aproveche!

Para terminar tu visita, y habiendo probado ya los mejores manjares y experimentado las actividades más divertidas, no olvides dar una vuelta por el centro; además de la iglesia principal con su correspondiente plaza central (con uno de los ya famosos y entrañables Timos, de Rodrigo de la Sierra, incluido), hay muchas galerías de arte donde podrás encontrar más de un souvenir interesante. No dejes de entrar en la tienda de las hadas porque, al igual que las meigas, y a pesar de estar a un océano de distancia, haberlas haylas. Avisados estáis…

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Fotos: Alba Vázquez

México, España y Escocia; el maridaje perfecto

“Toda la carta, a excepción del pan, es gluten free”, me espeta un tío con una rebanada de pizza tatuada en su brazo, junto a un helado (cucurucho incluido) y a una hamburguesa. “Me tatúo todas las cochinadas que me gustan. Me encanta comer”, confiesa David Izquierdo quien, desde hace poco menos de un año, trabaja como chef ejecutivo del restaurante Candela Romero, ubicado en el interior del hotel St. Regis.

David Izquierdo
David Izquierdo

Hippie por convicción y entendido en historia por afición, este valenciano de nacimiento y ciudadano del mundo, por experiencia, es el encargado de servirnos el menú que acompaña el maridaje del día; una selección del mejor whisky escocés.

Del lado de la bebida, nos acompaña Brendan McCarron, director de maduración de los whiskys de de Glenmorangie, quien nos explica, con todo lujo de detalle, el proceso de elaboración de cada etiqueta y sus matices.

Brendan McCarron
Brendan McCarron

Después de abrir boca con un tiradito de pulpo, mi preferido, si me preguntan, aderezado con The Original, disfrutamos de un taco de cochinillo pekín, acompañado del variante Lasanta (que nada tiene de santo), para seguir con un cordero lechado muy bien acompañado por un Quinta Ruban. Con toques de jerez y cierto acento dulzón, Lasanta es, desde mi punto de vista, la variante más atractiva de Glenmorangie. Eso sí, para los más aficionados al brebaje escocés, les recomiendo Nectar D’Or y 18 años, los cuales probamos con un mole curry con atún y cerdo ibérico y un original postre denominado Te extraño, Oaxaca, respectivamente.

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Cada plato, minuciosamente pensado por David Izquierdo, tiene un atractivo común denominador; es apto para celíacos. “Hoy puedo decir que, menos el pan, que me encanta hacerlo aunque sea celiaco, toda la carta es gluten free”, me confirma este maestro del fogón al que, a pesar de su amor por las harinas, hace unos meses le pusieron un alto en el camino al confirmarle que es alérgico. “Estoy deseando regenerar un poco el intestino para de vez en cuanto cometer algún pecado. Comerme un bocadillo de jamón serrano, por ejemplo, o irme a Brooklyn a la pizzería Motorino, que abrí yo en Hong Kong, a comerme una pizza de coles de bruselas. Es la mejor del mundo”.

Curiosamente, y a pesar de lo difícil que es aún en México encontrar productos actos para celíacos, ya que aquí, como bien dice Izquierdo, “es un producto de lujo”, en la carta del restaurante no se anuncia a bombo y platillo que su carta es gluten free. “Podría estar bien promocionarlo pero mi interés es que cuando viene un celíaco decirle: ‘Tranquilo, yo también lo soy y aquí vas a comer bien’. Nuestros postres son todos sin gluten. Me puedo comer un bizcocho y está bueno. Al pastelero lo he vuelto un poco loco. Mi objetivo es que se pueda comer rico”.

David Izquierdo, como yo, es un enamorado de México y de su gente y, aunque echa de menos una buena horchata de Alboraya, encuentra en su equipo su segunda familia —“Yo solo contrato buenas personas”— y en la cocina, una forma de expresar su pasión. “Cocinar es algo más que seguir una receta; para mí es mi forma de expresarte”, dice. Eso sí, por muy moderno que sea este genio de la cocina, no puede evitar aflorar su lado más purista (como buen valenciano) al hablar de la paella.

Finalmente, después de una comida tan deliciosa como bien marinada, me despido de los protagonistas, no sin antes felicitar a David Izquierdo por haber logrado imitar (en versión gluten free), la noche antes, uno de los platos más amados por los españoles: “Ayer me comí una croqueta después de cinco meses. No es la de harina de mi madre, pero está buena”, concluye.

Fotos: Cortesía

 

 

La mejor comida del día

La primera vez que llegué a México me sorprendió la facilidad de los lugareños para encontrar cualquier excusa viable que les permitiese reunirse para comer y beber. Y no, no hablo de las clásicas catas con su correspondiente maridaje a las que los editores comunes acostumbramos a asistir. Me refiero a esas “inocentes” quedadas que empiezan con un “vamos a tomar algo en plan tranqui” y acaban en una resaca monumental.

Seguro conocéis ese dicho que recomienda, con el objetivo de llevar una vida sana y una dieta saludable, desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo. Bien, pues esa ecuación en México no aplica. Si por algo se caracterizan los mexicanos, además de por su calidez y “buena onda”, es por su buen diente. Solo en México puedes desayunar unos buenos huevos fritos (con sus correspondientes complementos), comer una comida digna de un marajá y cenar como si no hubieras ingerido alimento alguno en las pasadas 12 horas.

Planteada ya la premisa de mi teoría, sobra explicaros la facilidad con la que los mexicanos adoptaron como propia la costumbre de “ir al brunch”. Y es que el mexicano (y los que ya nos sentimos locales) disfruta como nadie de un buen menú. Para los que no estáis habituados a esta práctica, se denomina brunch a ese desayuno tardío en el que son aceptables tanto los huevos revueltos, como la bollería e incluso un pulpo a las brasas. Nada está vetado y todo está permitido. Eso sí, en cuanto al maridaje, ahí no hay lugar a negociaciones; la mimosa es el brebaje estrella.                     

Actualmente en la Ciudad de México existe una amplia oferta de restaurantes que ofrecen este servicio pero, si estás buscando opciones, te propongo dos imprescindibles que te harán amar este nuevo momento del día. En primer lugar, te recomiendo Blanco Colima, en la colonia Roma. Con un menú de brunch recién incorporado a su carta habitual, puedes degustar tu selección del día en una agradable terraza que te hará sentir en el salón de casa. No dejes de probar los tacos de langosta y el french dip. E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R Un croissant, para mojar (chopear para los locales) en tu café, serán el cierre perfecto para que la experiencia sea redonda.

Si prefieres un menú establecido y en formato de buffet, el brunch del restaurante Zanaya, ubicado en el patio central del Hotel Four Seasons, se convertirá en tu place to be particular. Además del ambiente acogedor y de la atención excepcional, podrás comer desde una amplia variedad de quesos y mariscos, hasta un pulpo a las brasas o un corte de carne. Eso sí, si aceptas un consejo, deja un hueco para el postre. Unas buenas crepas, hechas al momento, o una amplia variedad de postres internacionales, como macarons o los clásicos baklavas árabes, son solo algunos ejemplos de las delicias que podrás encontrar como colofón a una comida apta para los sibaritas más exigentes.

Así que ya sabes, si este fin de semana no tienes plan, levántate a una hora que considerarías vergonzosamente imprudencial en cualquier día laborable, elige un outfit informal, llama a ese amante del buen comer que se caracteriza por ser tu perfecto compañero de batallas en lo que a experiencias culinarias se refiere y prepárate para darte un homenaje. Te recomiendo no desayunar previamente. A no ser que hayas nacido en México…

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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