Galería Víctor Manuel II
Española por el mundo

Así viví mi primer Milan Fashion Week (sin morir en el intento)

 Grazia Italia celebraba su 80 aniversario y tenía que estar ahí. Una semana en la capital de la moda (con el permiso de París) y podía presenciar algunos de los desfiles más importantes de la temporada, tenía que estar en primera fila. Una de las ciudades más imponentes de Europa y el bullicio de los turistas, ávidos de tendencias, pululando por sus calles; tenía que vivirlo al máximo.

Alba en el Duomo de Milán
Duomo de Milán

Supongo que para muchos de vosotros, Milán ya no esconde ningún secreto; sin embargo, para mí, todo era nuevo, porque la única toma de contacto que había tenido en mi vida con esa ciudad de Italia fue una tarde de hace más de 15 años con un Duomo cubierto de andamios. Como podéis imaginar, lo primero que hice nada más aterrizar, fue correr a hacerme mi foto de rigor frente a la imponente catedral y saludar a la Madonnina en primera persona.

 

Alba en el Duomo de Milán
Duomo de Milán

 

Si alguien me pregunta qué hice la primera vez que estuve en Milán, la respuesta es fácil; correr mucho y dormir poco. De esa experiencia he aprendido alguna que otra lección pero, la más importante que os puedo transmitir es que elijáis muy bien dónde os vais a alojar, ya que en estos (y en otros muchos) casos, el tiempo es oro.

En mi caso opté por AirBnB, donde encontré un pisito monísimo, de autor, en pleno Cuadrilátero de la Moda, con todas las comodidades del mundo. Vale que nunca usé el jacuzzi pero oye, estaba bien saber que en cualquier momento podía darme un bañito de burbujas.

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Una vez deshecha la maleta, lo primero que me planteé (como buena comedora que soy) fue elegir qué manjares estaba dispuesta a incluir en mi dieta de esa semana a pesar de que sabía que, inevitablemente, acabarían reflejándose en el botón de mi pantalón. Y, la verdad, después de concederme más de las licencias que debería para probar pasta, pizza y algún que otro postre, más allá de los helados, he de deciros que me quedo con los espaguetis de mi madre y los macarrones al pesto del Non Solo.  Ojo, no digo que la comida no sea buena pero creo que mis expectativas eran demasiado altas.

De todas formas, si me preguntáis qué restaurante recomendaría, este sería, sin duda, el Paper moon para pasta (incluid un tiramisú de postre) y el Bar Mare para ir más en plan de picar (el pulpo es una delicia). Si nos vamos a los helados, aunque todo el mundo diga que los de Grom son sus favoritos, creedme cuando os digo que el de pistacho de la emblemática cafetería Marchesi, ubicada en la galería Vittorio Emanuele II, y el de sabor «Cremito» de Venchi son los M-E-J-O-R-E-S. Si no eres tanto de gelatos y aprecias más un buen café, prueba precisamente el de Marchesi. Eso sí, ya que estás, no te cortes y pide uno de sus deliciosos brioche de yogurt. ¡Para chuparse los dedos!

Marchesi
Marchesi

En la categoría del «qué ver», además de lo evidente, yo me quedaría con el Cimitero Monumentale por encima, incluso, del castillo Sforzesco. Tumbas monumentales se entrelazan con frondosa vegetación que hace del cementerio de Milán un lugar místico y, a la vez, acogedor. Eso sí, si decides coger el metro e ir a visitarlo, recuerda la máxima de todos los lugares para el descanso eterno: silencio y respeto.

Cementerio Monumental de Milán
Cementerio Monumental de Milán

Otro must de la ciudad italiana preferida por las fashionistas es la iglesia de Santa Maria delle Grazie. Y no por la iglesia en sí, aunque sea muy bonita, si no porque en su interior se encuentra la pintura original de La Última Cena de Leonardo da Vinci. Ojo al dato; solo entran grupos reducidos de gente y a los 15 minutos ya te están invitando a abandonar la sala. Compra las entradas C-O-N T-I-E-M-P-O y opta por una audioguía.

Claro que si lo tuyo (lo tuyo) es la moda y las compras, tu paseo obligado pasará, sin discusión, por la vía Monte Napoleone, donde descubrí que el souvenir más barato tenía más ceros que toda la ropa de mi armario. Eso sí, solo por ver la magia de las tiendas y la curaduría de las mismas, merece la pena darse una vuelta. Te recomiendo que le pongas candado a tu cartera, la tentación será muy grande y la fuerza de voluntad quedará por los suelos después de entrar en Gucci… (el que avisa no es traidor).

Y ya si nos metemos en la industria de la moda, os contaré que mi experiencia en Milan Fashion Week no fue muy diferente a mis contactos anteriores con otras semanas de la moda. Aunque no os voy a negar que saludar a Ángela Missoni (E-N P-E-R-S-O-N-A) durante la fiesta de aniversario de la firma, no tiene comparación; y deleitarse con el desfile urbano de la fauna más variopinta supone un espectáculo en sí mismo. ¿Lo mejor de todo? Conocer los rincones más alternativos de Milán gracias a las localizaciones elegidas por los diseñadores para exhibir sus nuevas colecciones.

Invitaciones a los desfiles de la Milan Fashion Week
Invitaciones a los desfiles de la Milan Fashion Week

A Milán volveré, seguro. Quizá no repita experiencia pero de lo que sí estoy segura es de que esta ciudad, fuente inagotable de sorpresas, nunca me dejará indiferente. Cuéntame, ¿cuál es tu espacio favorito de Milán?

Soy ovetense de nacimiento y mexicana por adopción. Periodista de profesión y cotilla por vocación, dicen que el sarcasmo y el humor negro son mis señas de identidad.

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