En México no llueve

Además del ya analizado tráfico infernal, una de las cosas que llamó mucho mi atención, cuando me mudé a Ciudad de México, fue la altura de los bordillos —en serio, aquí puedes llegar a desarrollar vértigo por el simple hecho de asomarte desde una banqueta—. Aquello era algo que se escapaba de mi entendimiento; sobre todo, teniendo en cuenta que el promedio de este país está muy alejado de la media de los nórdicos —sin ofender—. De hecho son tan altas que estoy convencida que solo con subir y bajar unas cuantas al día, es más que suficiente para lograr un bonito y tonificado derrierepor eso de que nadie se vaya a ofender si digo “culo”—.

Mis dudas se disiparon el día que cayó el primer diluvio universal. Porque en México no llueve, queridos amigos, en este país cuando las nubes deciden ponerse a descargar, más te vale que tu coche se convierta en lancha, pues parece que todos los ángeles se ponen de acuerdo para arrojar cubos de agua por la borda. Una vez empezada la tormenta, reza para estar bien resguardado pues, como daño colateral, la ciudad se inunda en cuestión de minutos —literal—. Puedes correr, saltar y gritar pero no podrás esconderte. Os lo dice alguien que ha visto llegarle el agua hasta las rodillas —y no es una forma de hablar—, en medio de una de esas “lloviznas”, mientras esperaba a que pasara el autobús.

Otra de las consecuencias de la lluvia en la capital azteca tiene que ver con la cantidad de coches y es que, por si el nivel de tráfico no fuese suficiente en condiciones normales, cuando llueve se triplica. En este punto te recomiendo que tengas lista una buena lista de Spotify para montarte tu karaoke particular y que lleves alguna que otra provisión —galletas y frutos secos son la mejor opción, tampoco te pongas a sacar el tupper en plena avenida Reforma porque en una de esas, al de al lado se le antoja— para hacer la espera menos desesperante.

Y si ese día elegiste el transporte público, la bici o directamente optaste por ejercer tu legítimo derecho a ser peatón, ¡aguas! —nunca mejor dicho—, un calzado adecuado puede marcar la diferencia entre llegar a tu casa sano y salvo o quedarte atrapado en el techito de algún comercio. El día que el juicio final llegue —o sea, cualquier fecha del calendario en temporada de lluvias— agradece las banquetas de proporciones superlativas pues, siempre y cuando consigas resguardarte, el bordillo te protegerá de ser tragado por la inundación. Lo de la canoa y los remos también puede ser buena opción, pero ya está en cada uno prepararse como quiera, o como medianamente pueda…

Fotos: Cortesía

Los rincones más top para las ‘beauty lovers’

Como la mayoría de las mujeres, durante mis 24 años de vida, ya había seleccionado minuciosamente mis sitios de confianza en Oviedo. Por eso, cuando llegué a México, y teniendo en cuenta que mi novio no tenía las mismas necesidades que yo, me costó bastantes pruebas —con sus consecuentes errores— encontrar los lugares adecuados para los clásicos retoques de “chapa y pintura”.

Teniendo en cuenta la cantidad de extranjeras, recién aterrizadas, que se han acercado a mí en los últimos 8 años pidiéndome consejo sobre dónde depilarse o dónde pintarse las uñas, he decidido hacer una recopilación de mis beauty hot spots para evitaros alguna que otra historia de terror —sí, os las contaré—.

Depilación

Mi primer impulso me llevó a probar suerte en las típicas peluquerías de barrio donde también ofrecen “depilación”. Y lo pongo entre comillas porque las experiencias que tuve ponen muy en duda esa afirmación. En una de ellas, quise probar con algo fácil como medias piernas y os podéis hacer una idea de la cara de póquer que puse cuando me sacaron el típico tarrito para depilar zonas pequeñas como el bigote. Después de dos horas y media, los pelos ya se me habían caído por desesperación. Eso sí, nada se compara a mi segunda experiencia… Después de decirle a una linda señorita —que parecía Lluvia Rojo recién salida de la peluquería de Cuéntame cómo pasó— que mi intención era volver a usar falda, me metió en una habitación donde había dos camillas —sí, dos—. Pero lo peor no fue eso, lo más grave fue cuando a los cinco minutos entró —a hacerme compañía, digo yo— la segunda clienta. En ese momento, queridos amigos, solo cerré los ojos y recé para que no fuera a hacerse la zona del bikini.

Después de estos oscuros episodios, entenderéis la alegría que me entró cuando, por una compañera de trabajo, descubrí Wax Revolution. No es que te quiten los pelos de una manera especial pero, al menos, son espacios limpios, agradables y el trato del personal es impecable. Es caro —carísimo, no os voy a engañar—, pero teniendo en cuenta el resto de opciones, creedme cuando os digo que lo vais a pagar con todo el gusto del mundo.

Depilación de cejas

En este punto me gustaría hacer especial incisión ya que, como todas bien sabemos, las cejas son el marco de la cara. De ahí que encontrar a alguien que consiga darnos la forma adecuada, en consonancia con nosotras y nuestra personalidad, sea una de nuestras necesidades básicas de belleza. La barra de cejas de Benefit Cosmetics, que puedes encontrar en centros de Sephora y en Palacio de Hierro, creo que es la opción perfecta ya que, bien sea con cera o con pinza, son expertos en diseño de cejas. Sé que en España es mucho más caro, por eso te recomiendo que aproveches las ventajas de estar de este lado del charco y le des a tu rostro el marco que mejor le queda. Siempre que voy, acabo comprándome ese «algo más», para pintarme las cejas, peinarlas o lo que tengan de novedad…

Uñas

Pintarse las uñas suena más fácil de lo que realmente es. En mi caso, y después de vivir la experiencia de los salones de belleza impregnados con el penetrante olor del acrílico con el que ponen las uñas postizas, he de reconocer que he encontrado en D-Uñas el espacio que, por precio y trato, mejor se adecúa a mis necesidades. Además, tienen varias sucursales lo que lo convierte en un sitio cómodo y accesible para arreglarte las uñas. Te recomiendo que vayas a hacerte la pedicura y hasta con masajito de pies saldrás.

Peinarse para un evento

En este punto, si lo que buscas es un sitio donde te hagan algo rápido por un precio asequible, te sugiero que pruebes el menú de Her barra de peinados. Y digo menú porque su servicio se basa en una carta ya establecida para que elijas qué peinado quieres ese día y, en menos de una hora, estás lista para partir la pana.

Maquillaje y peinado

Si buscas algo más elaborado, como un look para una boda o un evento más top —en México las mujeres se arreglan mucho, así que este tip te servirá en más de una ocasión—, te recomiendo que simplifiques esfuerzos. Como ya lo hemos hablado, el tráfico de México hace que moverte de un lado a otro sea tedioso y complicado. Imagina si, además, tienes que ir a una peluquería a que te planten el moño —chongo de este lado del charco— y después  a otro sitio a que te tapen las ojeras y el estrés de andar corriendo de un lado para otro. O-P-T-I-M-I-Z-A tu tiempo. Coge el móvil y descárgate una aplicación que se llama Glam2Go; agenda una cita y relájate en el sofá mientras vienen a peinarte y a maquillarte, en tu casa y sin agobios.

 

 

Spás para facial

A todas nos gusta darnos un capricho de vez en cuando y consentirnos con un facial. En este punto, os recomiendo mucho el spá que se encuentra dentro del Liverpool de Polanco o Hela Spá, ubicado en el hotel Presidente Intercontinental de Campos Elíeos. Ninguno de los dos es una ganga precisamente, pero creedme cuando os digo que vuestra piel —el exceso de polución llega un punto que se hace más que evidente— lo agradecerá.

Cortarse el pelo

No os voy a mentir; aunque alguna vez he probado a cortarme el pelo en México, aún no he encontrado a alguien que me de la confianza que me da Barbareando. Así que, aunque parezca cantante de rock desmelenándome en el escenario, siempre trato de esperar a llegar a casa para ponerme en sus manos. De las veces que el espejo me tuvo que gritar un “córtate el pelo hippie” —y accedí—, los chicos de Orange Beauté, en Palacio de Hierro, me dejaron muy satisfecha con el resultado. Eso sí, preparad la cartera…

 

 

Ahora contadme vosotras, ¿cuáles son vuestros sitios de confianza para una puesta a punto?

Fotos: Alba Vázquez

Así dan las gracias en México

El día de Acción de Gracias en Estados Unidos —porque en Inglaterra fue mucho antes— data del siglo XVII y, aunque la idea original era dar gracias por las cosechas del año, hoy en día esta costumbre se sigue practicando, aunque no necesariamente haya ninguna plantación —al menos literal— previa.

Si os digo la verdad, hasta que llegué a México no sabía mucho de esta tradición —más que por los capítulos de Friends en donde el pavo, el desfile anual de Macy’s y la reunión de los protagonistas alrededor de la mesa eran los ingredientes principales—, pero aquí, aunque es una costumbre que nadie celebra, la cercanía con los vecinos del norte te lleva a conocer más de cerca sus costumbres y así descubrí, entre otras cosas, que le día de Thanksgiving es casi tan importante (o más) que la Navidad para algunos de ellos.

Sé que en el artículo sobre el Día de Muertos fui un poco —vale, muy— dura con eso de celebrar Halloween cuando creciste en Puebla o en Albacete pero, en este caso, he de confesar que me parece una tradición que todos deberíamos adoptar. ¿Qué mejor motivo para reunirte con tu familia y seres queridos que dar las gracias por todo lo bueno que te ha pasado este año?

El caso es que hace unos días me invitaron al restaurante Rulfo Paraje Latino, ubicado en el Hotel Hyatt, para probar su menú especial de Thanksgiving. Obviamente, mi primera pregunta —esperando que la respuesta me diera munición suficiente para atacarlos por copiones— fue referente a por qué celebrar una costumbre americana en México. La contestación me sorprendió gratamente; para que los ciudadanos estadounidenses que se encuentran ese día en México puedan celebrarlo “en familia”.

En cuanto al menú, al que cualquiera se puede apuntar —bien sea americano o solo por el gusto de compartir— será ofrecido el próximo 22 de noviembre y, aunque respeta los ingredientes principales del banquete, ofrece unas variables bastante interesantes.

En primer lugar, Alejandro Escudero, Chef Ejecutivo del hotel, y el Sous Chef Ejecutivo, Davide Preziuso, decidieron arrancar su propuesta con un entrante fresco, de sabores vibrantes y muy atractivo visualmente; un amouse bouche de salmón curado en casa, queso de cabra especiado con arándano y nueces, espárragos frescos y vinagreta de lima. He de deciros que la vinagreta le da un toque divertido e interesante a la cremosidad del pescado.

 

Amouse bouche de salmón curado en casa.
Amouse bouche de salmón curado en casa.

 

La oferta culinaria sigue con una sopa de elote dulce, poro dorado, pimientos, aceite de perejil y aire de trufa, para calentar el ambiente —puede que en México sigamos en manga corta pero en el norte ya empieza a asomar el frío del invierno—.

 

Sopa de elote dulce.
Sopa de elote dulce.

 

La tradición se hace presente con el plato fuerte del menú; pechuga de pavo rellena de semillas y frutos secos, tocino, puré de camote amarillo y morado, ejotes y gravy de ave. Una delicia para los sentidos y para el corazón de los que abrazan los sabores de siempre.

 

Pechuga de pavo rellena.
Pechuga de pavo rellena.

 

Por último, y reinventando el clásico pastel de manzana, Escudero y Preziuso proponen un postre compuesto por manzana horneada con frutos rojos y secos, canela, vino tinto y helado de macadamia. El broche perfecto para una cena de las que hacen historia.

 

Manzana horneada.
Manzana horneada.

 

Por último, si eres de los que prefiere no celebrar, siempre te puedes consolar con aprovechar el viernes siguiente al día de Acción de Gracias para desquitarte con los precios especiales del Black Friday. Ojo que en México, el Buen Fin —la versión mexicana, y ampliada, del viernes negro americano— se celebra este fin de semana. No os vayáis a reservar —a no ser que tengáis pensado viajar a Estados Unidos a celebrar con ellos el Thanksgiving, claro—.

Y vosotros, ¿por qué daríais las gracias este año?

Fotos: Cortesía

Rutina de belleza para vagos

Cualquier bloguera especializada en belleza que se precie, otorga a sus seguidores T-O-D-O-S los pasos a seguir para lucir una piel tersa y radiante. En mi caso, amigos míos, aunque trato de cuidarme lo más que puedo —pasando el umbral de los 30, la edad no perdona—, no dispongo del tiempo —ni las ganas, para qué engañarnos— para estar una hora en el baño echándome mil productos.

Por ello, y siguiendo las recomendaciones de mi querida amiga Annie Catalán, he hecho una selección exhaustiva de “aliados” que hacen que mis bellas líneas de expresión —ojalá se quedaran solo en eso— se disimulen un poquito —con el permiso de Adolfo Domínguez y sus fieles convicciones sobre las arrugas—.

Para todas aquellas que, como a mí, os cuesta mantener una rutina detallada de skincare, esta guía os será de gran ayuda. Os presento a mis favoritos del día a día:

AGUA MICELAR

Una vez escuché que las toallitas desmaquillantes no eran precisamente lo más óptimo para la piel. En ese momento, la revolución en el mundo editorial era un agua de dudosa efectividad y difícil pronunciación —sí, soy de las que decía agua miscelar—; sin embargo, después de probarlas, M-E E-N-A-M-O-R-É. En lo particular, me quedo con las de L’Oréal y Garnier aunque, para ser sinceros, me muero por probar la de la nueva línea B-CALM, que Germaine de Capuccini acaba de lanzar para pieles sensibles.

 

Agua micelar de Germaine De Capuccini
Agua micelar de Germaine De Capuccini

 

JABÓN

En este punto, debo aclarar que para lavarme la cara (siempre mañana y noche) me gusta utilizar productos que dejen mi piel limpia, sin residuos y sin restarle suavidad. Me gusta mucho el limpiador detoxificante negro de Boscia y también he usado mucho tiempo el gel purificante Nutritious Micro Algae, de Estée Lauder, que limpia las impurezas y los restos de maquillaje, pero sin dejar la piel seca.

 

Gel purificante Nutritious Micro Algae, de Estée Lauder
Gel purificante Nutritious Micro Algae, de Estée Lauder

 

SUERO

Después de que un dermatólogo le recomendara este producto a una amiga, cuando le quemaron la cara en una clínica de depilación láser, decidí darle una oportunidad y, queridas amigas, de todos los productos que puede haber en mi repisa del baño, este es el único que nunca —nunca— puede faltar para echarme antes de irme a dormir —aunque llegue a las 6 de la mañana y mi cuerpo me grite cama, nunca me puedo acostar sin antes desmaquillarme correctamente y echarme mi suero mágico—.

Advanced Night Repair de Estée Lauder
Advanced Night Repair de Estée Lauder

 

Mi BFF en el terreno del skincare no es otro que el Advanced Night Repair de Estée Lauder. Su fórmula repara la piel durante la noche gracias a su Tecnología Chronolux, que ayuda a la sincronización natural de los procesos de reparación y protección de la piel. Además, ayuda a reparar el daño visible provocado por el humo y la contaminación, en concreto por las toxinas y sustancias químicas. Una joya teniendo en cuenta que la Ciudad de México es una de las urbes más contaminadas del planeta.

 

CONTORNO DE OJOS

Hace apenas un mes descubrí que la fórmula infalible para tapar las ojeras no es un buen corrector, tampoco una base densa ni un iluminador, sino una buena hidratación. Desde ese momento, todos los días, así llueva, nieve o haga un calor infernal, en la mañana y en la noche impregno bien mis párpados y las bolsas de las ojeras con un contorno de ojos —siempre con el dedo anular y dando pequeños golpecitos—.

 

Colección Kiehl’s Loves México 2018
Colección Kiehl’s Loves México 2018

 

Con el que he empezado este buen hábito, y con el que he visto resultados I-M-P-R-E-S-I-O-N-A-N-T-E-S, es el tratamiento especial con aguacate, de Kiehl’s. En mi caso, estoy usando la edición Limitada Kiehl’s Loves México 2018. Así que, además de cuidarme, me alegra la vista.

 

CREMA

En el terreno de las cremas, tanto de día de noche, soy tan práctica como infiel. En primer lugar, siempre uso la misma (independientemente del horario) y en cuanto a la marca, me gusta probar tantas opciones como me sea posible y de diferentes rangos de precio. En este momento, por ejemplo, estoy usando una que me está gustando bastante.

 

hungarian termal water mineral rich mousturizer, de Peter Thomas Roth
hungarian termal water mineral rich mousturizer, de Peter Thomas Roth

 

Se trata de la hungarian termal water mineral rich mousturizer, de Peter Thomas Roth, que ayuda a reducir la apariencia de líneas finas, arrugas, opacidad, tono de piel desigual y textura para una piel más firme, más suave, más saludable y más joven. La puedes encontrar en Sephora por poco más de 1,000 pesos.

BLOQUEADOR / PROTECTOR SOLAR

Hace unos meses, noté que mi piel empezaba a verse apagada y reseca y no comprendí, hasta que eché mano del protector solar, que, aunque me pase el día dentro de una oficina, las pantallas del móvil y el ordenador son tan perjudiciales, o más, que los rayos del sol. Como no me gusta echarme 40 cremas, y volviendo al punto inicial de la optimización de tiempo y recursos, decidí probar con el bloqueador en polvo de Peter Thomas Roth.

 

Bloqueador en polvo de Peter Thomas Roth
Bloqueador en polvo de Peter Thomas Roth

 

Aunque al principio me resultó muy práctico, ya que se echa con la brocha que viene integrada, a las pocas semanas empezó a salir mucho menos producto; por lo que no sé si volveré a comprarlo o probaré suerte, aunque sea en formato crema, con el Ultra Light Daily UV Defense SPF50 de Kiehl’s, de alta protección y anti-contaminación —¿ya os he aclarado lo importante que es esto en la Ciudad de México?—. ¿Por qué ese y no otro? Porque alguna vez que se lo robé a mi madre, quedé encantada.

INVITADOS ESPECIALES

El cepillo de limpieza facial y masajeador anti-edad, LUNA, es el gran invento de FOREO que, gracias a su sistema de tecnología T-Sonic™, ofrece una limpieza profunda y una suave exfoliación. Aunque se puede usar de forma diaria, yo prefiero utilizarlo una o dos veces por semana, normalmente los domingos, que es el día que suelo dejar para consentirme —si el tiempo me lo permite, cosa que rara vez ocurre—.

Edición especial de Luna, de Foreo.
Edición especial de Luna, de Foreo.

 

Además, lo acompaño con la crema facial ultraexfoliante de Dr. Brandt, que permite eliminar un máximo de pieles muertas a la vez que calma, alisa y deja la piel mucho más luminosa, y lo culmino con alguna mascarilla súper hidratante. Os recomiendo mucho cualquiera en tejido de Dr.Jart+; además de tener un packaging súper original, son una gozada.

Porque los domingos son ese día para romper las normas y dedicarle más de 10 minutos a nuestra rutina de belleza, ¿no os parece?

En otra entrada, os compartiré mis favoritos para un maquillaje versátil y práctico así como mi rutina para desmaquillarme sin dolor. Estad atentos.

Fotos: Diseñarte Fotografía / Cortesía

¿Cuáles son los mejores tacos de México?

Tortas, tacos, tamales, tlayudas… la variedad de opciones que ofrece una simple letra es tan variopinta como infinita. Con «la dieta T”, el mexicano común se refiere a aquel compatriota que acostumbra —día sí, día también— a alimentarse de todos aquellos manjares que, en su mayoría, se conocen como “garnachas”. De entre todas las opciones que abarca esta categoría, hoy he decidido hablaros del clásico de los clásicos; el taco.

Eso sí, como dirían por ahí, hasta entre los perros hay razas y no es lo mismo comerse un taco en el típico lugar que abre solo para que los borrachos de turno equilibren el exceso de alcohol en cuerpo, que degustar aquellos que presumen de ofrecer una obra de arte dentro de una tortilla.

 

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Pero antes de entrar en detalles, hay dos cosas que todo buen mexicano sabe y, como extranjero, debes aprender a dominar; la compañía y la posición —sin pensar mal que el postre ya vendrá después—. Con compañía me refiero a uno de los placeres más valorados por los amantes de los tacos; la salsa. Muchas veces, elegimos en qué tacos pararnos a reponer fuerzas, no por la calidad de la carne —que también influye— sino por el nivel de la salsa que le pondremos encima como complemento. El Califa, por ejemplo, tiene muy buenas (y variadas) opciones para aderezar tus tacos.

En cuanto a la posición, me refiero al arte de levantar el dedo meñique cuando coges tu taco y evitar que se derrame una sola gota del limón o la salsa con la que lo has bañado —sí, a mí también se me está cayendo la baba solo de imaginármelo…—.

 

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Por último, llegados a este punto, me dispongo a compartiros mi top five con aquellos que por originalidad y, sobre todo, por relleno, son mis favoritos:

Restaurante Chapulín

Ubicado en el interior del Hotel Presidente Intercontinental de Campos Elíseos, este restaurante ofrece un menú de fusión mexicano con delicias como el ceviche de camarón y sandía, con soja y maíz crujiente, o el delicioso Taco de Lechón; una terrina de lechón confitado con cremoso de aguacate, cebolla asada y polvo de chicharrón. Una delicia que te hará plantearte si merece la pena echarle salsa o comértelo así, como la chef Josefina López Méndez lo trajo al mundo.

 

Tacos de lechón
Tacos de lechón

 

El Parnita

Situado en la calle de Yucatán, este restaurante familiar es, sin lugar a dudas, de mis opciones favoritas para disfrutar de la comida típica mexicana. Además de tener los mejores ceviches —ya os habréis dado cuenta de que es uno de mis platos fetiche—, tienen uno de los mejores tacos que han pisado la faz de la tierra; El Huérfano. En este punto es importante aclarar que el mexicano común acostumbra a decir que algo “no tiene madre” cuando está muy bueno. Con esta premisa, podéis adivinar fácilmente de dónde viene el nombre de esta delicia compuesta por camarones empanizados, queso, guacamole y frijoles. ¿De verdad necesitáis más para correr a probarlo?

 

 

El Califa

Clásico de clásicos. El Califa ofrece una carta común, si de taquerías hablamos, pero presume de tener muy buena materia prima y salsas de excelente calidad. Aquí os recomiendo el chicharrón de queso —merece mucho la pena— y los típicos tacos al pastor. Uno de los musts de la Ciudad de México, realizados en trompo —el que me diga que es un kebab a la mexicana lo mato, sin ofender, pero nada se compara al fino sabor de un buen taco al pastor—, que debes probar —y repetir— para ser considerado un local entre los expertos.

 

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Como cada sábado tenemos para ti un remedio infalible. #Tacos al #Pastor y #Guacamole.

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Los tacos Marvichi

Sí, sé lo que me vais a decir; ¿no que no te gustaban los tacos que se ponen afuera de los antros? Queridos amigos, los tacos ambulantes —sin entrar en detalles de instalaciones ni condiciones—Marvichi, en Polanco, son toda una institución. El de milanesa empanizada con cebolla, queso y patatas fritas es mejor que un vaso de leche con miel para conciliar el sueño. He de confesar que, en más de una ocasión, me he ido en chándal a cenar ahí y me he mimetizado entre los borrachos de turno que, por su condición etílica, no pueden apreciar, como yo, el regalo culinario que tienen entre sus manos.

Las carnitas de los Hermanos García

Pido perdón por terminar con algo tan sumamente local, pero de todos es bien sabido que en los mercados, como en casa de las abuelas, es donde mejor se come. Las carnitas de cerdo, desde mi punto de vista, son ese gusto culposo que nos permitimos algún que otro fin de semana —o todos si nadie nos limita—. El nombre de “carnitas” se refiere a las diferentes partes del cerdo que son fritas en manteca del mismo animal para después incorporarlas a grandes ollas de cobre y mezclarlas, a su vez, con diferentes ingredientes secretos según el cocinero —sé lo que parece pero créeme cuando te digo que son un manjar divino—. Mi perdición, sin duda, son las de los hermanos García, que se ponen los sábados en el mercado de Presa Salinillas (Colonia Irrigación). Un taco de chamorro y otro de oreja pueden devolverle la sonrisa a cualquier día gris.

 

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¿Algún alma caritativa que me quiera invitar a unos buenos tacos? Prometo no defraudaros; lo del meñique en alto, queridos amigos, ya lo tengo totalmente dominado. Y aquí es donde aclaro que la foto de portada corresponde a mi primera noche en México (allá por 2011), donde me llevaron a comer mis primeros tacos y donde, evidentemente, aún me faltaba cierta destreza en el arte del levantamiento de meñique.

 

 

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Fotos: Cortesía

En México no hay tráfico

Según el Diccionario de la Real Academia, el sustantivo “tráfico” se refiere a la circulación de vehículos. Teniendo en cuenta que en México hay tantos coches que la circulación es casi nula, podemos afirmar que en México, de hecho, no hay tráfico.

Recuerdo la primera vez que llegué a este país. Al bajar del avión lo primero que vi fue un vendedor ambulante paseando entre los coches ofreciendo lo que mi querido amigo Manus definió como “alegrías”. Os podéis imaginar mi cara en ese momento… ¿alegrías a plena luz del día? Después comprobaría que solo se refería a un dulce propio de la tierra que, por cierto, está bastante rico.

Volviendo al punto inicial, la cuestión es que el hecho de ver personas vendiendo comida y otras amenidades entre los vehículos fue el primer indicativo de que en México la gente pasa mucho, mucho —M-U-C-H-O— tiempo en su coche.

La segunda alarma que me advirtió de lo que estaba por venir fue la primera vez que me subí al coche de una mujer. ¿Quién lleva una plancha del pelo —ojo, adaptable para enchufarla en el cenicero del automóvil—, el estuche de maquillaje y los restos de un desayuno continental en la guantera?

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Como lo oyes, en México las mujeres tienen la capacidad de maquillarse entre semáforo y semáforo. Y no te hablo solo de un no make-up; me refiero a que tienen la habilidad necesaria para hacerse un smokey eye a la vez que se toman su café —del Starbucks, por supuesto. Aunque eso les retrase 15 minutos más, siempre es mejor llegar fardando con tu vaso del café verde, que asumiendo el papel de godín en la máquina de café de la oficina—.

Dejando a un lado las —muchas, para ser exactos— variables que incrementan el fluyo de vehículos en la Ciudad de México (véase lluvia, fechas de pago, manifestaciones, etc.), no hay nada mejor para probar de verdad lo que es el tráfico que salir de la capital un puente cualquiera. Así me pasó este fin de semana cuando, aprovechando el festivo del Día de Muertos, decidí irme a Querétaro. A la vuelta, un trayecto que normalmente se hace en 3 horas, nos llevó casi 6 horas. ¿Te imaginas estar totalmente parado en una autopista como si de un aparcamiento se tratase? Tan real como la vida misma. Y, aunque podría parecer el infierno, lo cierto es que una buena plática, algo para picar y buena música para soltar el estrés a grito pelado —pido perdón públicamente a mi acompañante— hacen que el viaje, incluso, valga la pena.

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En resumidas cuentas, y después de tres años conduciendo en este país, he aprendido que se puede merendar en el coche —unas nueces o unas galletas, tampoco es que vaya yo a sacar el bocadillo de chorizo en pleno Periférico—, y que las largas conversaciones los viernes de quincena —y lloviendo, por no dejar— mantienen vivas las amistades. Eso sí, lo de maquillarme en el coche aún no me atrevo a hacerlo —no vaya a ser que mi código postal me delate y acabe sacándome un ojo con la mascara de pestañas—.

Fotos: Daniela Rodríguez

Restaurantes y bares de Oviedo; dónde ir y qué no repetir

Vivir a un océano de tu hogar te da una perspectiva diferente de las cosas. Lo que para los que se quedan se convierte en algo ordinario, para mí adquiere un carácter de exclusividad que me hace anhelarlo más que la llegada de los Reyes Magos para un niño. ¿Un ejemplo? Las Moscovitas de Rialto. Para quien no las conozca, son finas pastas de almendra marcona y cobertura de chocolate con leche, típicas de Oviedo, que están al alcance de la mano de cualquier local, y que se vuelven más preciadas que el anillo de Gollum para los que las hemos probado y tenemos que esperar más de un año para sentirlas de nuevo derritiéndose en nuestra boca —en este momento agradecería un caldero (cubo). Quien las ha probado, lo sabe…—.

 

Moscovitas de Rialto
Moscovitas de Rialto

 

Entenderéis que, teniendo que esperar meses para volver a sentir el calor del hogar en mis papilas gustativas, aproveche mis fugaces visitas a casa no solo para consentirme con mis caprichos de siempre, sino también para sumar nuevos manjares, hot spots y restaurantes a mi lista de favoritos.

Casadiellas a parte —es uno de los postres icónicos de Asturias y es una especie de empanada frita, elaborada con una masa de harina de trigo que se rellena con una mezcla de nueces, azúcar y anís—, durante mi último viaje a España, hace apenas un mes, descubrí nuevos y deliciosos rincones para comer, constaté la calidad que mantienen los clásicos y me percaté, muy a mí pesar, de cómo otros han perdido mi particular (y humilde) “estrella Michelín”. Llegados a este punto, y teniendo en cuenta que en diciembre espero ampliaros la lista con nuevas adquisiciones, hoy os dejaré mi crítica (y muy personal) opinión sobre algunas de mis experiencias recientes (que no todas), para los que os decidáis por Oviedo en vuestra próxima excursión:

La corte de Pelayo

Un clásico donde los haya. En 2014 se ganaron el premio del mejor cachopo y a día de hoy os puedo decir que no he probado otro mejor —al margen del que hace mi primo Juanjo, por supuesto—. Para los que no estáis muy familiarizados con el concepto, el cachopo (clásico, porque hay tantas variables como peces en el mar) se compone de dos filetes de ternera rellenos de jamón serrano y queso. Todo ello se reboza en harina, huevo y pan rallado y ¡a freír! En el plato encontraréis, acompañando a este manjar, patatas fritas, pimientos asados o champiñones salteados (normalmente).

 

El cachopo de La Corte
El cachopo de La Corte

En el caso del creado en este restaurante, el relleno, además del jamón serrano, en este caso ibérico, y el queso, de cabra, incluye pimientos del piquillo, lacón asturiano y espárrago blanco. ¿Lo mejor de todo? La salsa con la que lo acompañan ¡para chuparse los dedos!

La tabernilla de Oviedo

Si de menús del día hablamos, este rinconcito, fundado en 2005 por Rafael García, ha sido mi gran descubrimiento en esta visita. Lo tiene todo. Y cuando digo “todo” es T-O-D-O; buen sabor, una amplia variedad de opciones, platos que se salen de lo “típico” —vamos que aquí no vas a comer macarrones con tomate y merluza rebozada—, un trato de primera y un precio tan atractivo que me abstengo de compartirlo para que no me saturéis el sitio y tenga que reservar un mes antes la próxima vez que quiera volver. Aquí os comparto una foto de la experiencia para daros una muestra (limitada, que os veo venir) de su atractivo.

 

Primer plato en La Tabernilla
Primer plato en La Tabernilla

 

La eterna batalla del vermuth solera

“Cuatro cosas tiene Oviedo que siempre debes probar, los bombones de Peñalba, carballones de Camilo de Blas, moscovitas de Rialto y el Vermuth de La Paloma”. Así versa el cartel que preside este bar ubicado en la calle de la Independencia. Un rinconcito mítico de Oviedo donde, se dice, inventaron el vermuth solera en 1900. Ser el primero en algo está muy bien, no lo vamos a negar, pero a no ser que tengas en tu haber la receta secreta de la Coca-Cola, la etiqueta de “el mejor” es un estándar que hay que saber mantener. ¿A dónde quiero llegar con todo esto? A pesar de que muchos ovetenses se declinen a favor del hervidero dominical de La Paloma, yo me inclino más por el solera de Casa Amparo, un localito de toda la vida situado en la plaza del Fontán al que me llevó mi padre una mañana cualquiera.

 

La Paloma
La Paloma

 

Si del vermuth hablamos, y con ello hacemos referencia a un tipo de vino bañado en flores, frutas, plantas, especias y maderas, el de Casa Amparo (desde mi punto de vista) supera con creces al de La Paloma, no solo en presentación, que también influye —y si no que se lo pregunten a los concursantes de MasterChef Celebrity—, sino en sabor, siendo el del Fontán más dulce y más fino al paladar.

 

Casa Amparo
Casa Amparo

 

Otro de los puntos a favor de Casa Amparo son las tapas. Y es que no nos engañemos queridos amigos, España es un país D-E T-A-P-A-S y así como la salsa de los tacos marca la diferencia en México, en mi tierra, la distinción viene marcada por el maridaje (gratuito, claro está) con el que acompañan las bebidas. A mí que me perdonen pero prefiero unos buenos mejillones con salsa picante —lo mexicano por algún sitio se tiene que notar—, que unas gambas a la gabardina. Señores, lo de los entremeses fríos y calientes ya ha quedado totalmente demodé. ¡Renovarse o morir! —con todos mis respetos, claro está—.

El carajillo al estilo español

Que levante la mano a quien no le agrade un buen carajillo «shakeado» después de comer. Bien pues, aunque el carajillo como tal es originario de España, su preparación dista mucho del que degustamos en México. Para empezar, allí es caliente. Además, en lugar de llevar Licor 43, se hace con coñac (previamente flameado o quemado) y para finalizar se le añade un poco de nata —aunque yo lo prefiero con espuma de leche—. Lo de endulzarlo ya va a gustos.

El caso es que aprovechando mi visita, decidí tomarme un carajillo en un lugar llamado Ópera café, antes conocido como El Teatrillo, situado frente al Teatro Campoamor (donde cada año se entregan los premios Princesa de Asturias), y donde recordaba haberme tomado uno bastante bueno la última vez.

¡Error! El resultado de esta ocasión fue un café frío, con muy muy poca cantidad de alcohol y cuando le sugería al camarero que no estaba del todo bien, quiso rellenarlo con coñac D-I-R-E-C-T-A-M-E-N-T-E de la botella… —los cafeteros entenderán por qué me eché las manos a la cabeza cuando, además, tuve que pagar 4.5 euros por él—.

Vamos, que poco más y termino en el Starbucks que han abierto este año en Oviedo. Presumen que es el primero pero yo no lo vi muy concurrido. Aunque siendo sinceros, teniendo a escasos metros más de una emblemática cafetería —de esas españolas tradicionales donde hasta galletita te ponen con el café—, la contienda presume ser difícil de ganar para los verdes…

En definitiva, y para terminar, una última reflexión: A los nuevos amantes de mi vida, encantada de haberos conocido, a los “amigos” de siempre, un placer volver a veros y a los que en este momento estáis nominados para salir de mi corazón, estoy deseando volver para daros una nueva oportunidad.

Más adelante os compartiré los principales atractivos turísticos para que no todo sea comer y beber…

Fotos: Alba Vázquez

El día que perdí mi virginidad (en un desayuno)

Ojo, no penséis mal, este no es un artículo pornográfico ni mucho menos —aunque incluya la crónica de algún que otro orgasmo—. Esta es la historia del día que dejé a un lado las galletas de chocolate y me enfrenté, por primera vez, a unos tacos de carnitas para desayunar.

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Para los que no están tan familiarizados con la cultura popular española, deciros que el español, por definición, acostumbra a desayunar ligero. Esto significa que no nos metemos una tortilla de patata al alba ni mucho menos una paella. Como mucho, una tostada con aceite de oliva y jamón serrano. Pero vamos, lo normal son unas galletas, cereales o alguna opción de bollería. Advertidos ya sobre mis hábitos, entenderéis lo difícil que fue para mí llegar a un país donde comer barbacoa los domingos por la mañana se considera deporte nacional y donde los huevos (en cualquiera de sus presentaciones) son básicos en el desayuno de la mayoría de los mexicanos.

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Sin embargo; ya que estamos en el confesionario, he de deciros que tras meses citando a Danny Ocean —por aquello del “me rehúso”— decidí probar suerte y hacer realidad lo del “desayuno de campeones”. Empecé con quesadillas de queso —aunque la aclaración es evidente para los norteños, en la capital es necesaria la aclaración— y hoy en día puedo presumir de haber alcanzado el nivel experto, llegando incluso a disfrutar de unos buenos tacos de carnitas, sin necesidad de una noche de fiesta previa que justifique la sobredosis de calorías.

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En mi particular búsqueda de la felicidad culinaria, he de confesar que nada se compara a unos buenos chilaquiles cualquier sábado por la mañana. Eso sí, como buena catadora de este emblemático plato mexicano, considero que hay ciertas reglas que se deben cumplir para alzarse con el título de “unos buenos chilaquiles”. En primer lugar, T-I-E-N-E-N Q-U-E P-I-C-A-R. Nada de salsitas flojitas que pasan desapercibidas por las papilas gustativas. Solo los que de verdad despiertan tu fuego interior merecen mención especial. Por si me preguntan los puristas, yo los prefiero verdes que rojos, aunque si se me permite la licencia de la innovación, me quedo con los cremosos de chipotle del restaurante Volver. Si por alguna razón no los ves en la carta, pregunta por ellos, me lo vas a agradecer.

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Por otra parte, dejando a un lado los toppings tradicionales, como huevo y pollo desmenuzado, entramos en uno de los debates más recurrentes en cuanto a los chilaquiles; ¿crujientes o aguados? Esa pregunta, para mí, es cómo si me hicieran elegir entre mi padre o mi madre. La mejor respuesta a esa pregunta son aquellos que combinan totopos de diferentes texturas.

Llegados a este punto, me gustaría hacer una reseña especial a los del Café El Popular; además de que la salsa está en su nivel idóneo de picor y los totopos en su punto, tienen la opción de sustituir la crema y el queso rallado por manchego gratinado. ¿Quieres saber lo que es estar en el séptimo cielo? Aprovecha tu paseo por el centro histórico y date un homenaje.

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Por último, si tu idea es mantener la línea y respetar la dieta a rajatabla —o, al menos, intentarlo— te recomiendo los de Ojo de agua, con totopos horneados y topping de aguacate. Una opción saludable que calmará tu antojo.

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Cuéntame tus preferencias, ¿cuáles son tus chilaquiles favoritos?

Fotos: Alba Vázquez

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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