Los zapatos favoritos de Santa Claus

Estamos a escasa horas de recibir a Santa Claus —más conocido en mi casa como “el gordo de la Coca Cola”—, aquel individuo risueño de aspecto amoroso que solo te traía objetos banales para cualquier criatura, como calcetines o lápices de colores. En mi casa el furor se reservaba para los Reyes Magos, más que nada, por una cuestión de lógica aplastante. Vamos a ver, seguro que más de una vez os habéis parado a pensar en ello; ¿cómo va a ser mejor Papá Noel si solo es uno, si viaja en trineo que, aunque os parezca el modo más rápido de viajar, pensad en la cantidad de veces que se os ha pinchado una rueda en la carretera —yo todavía no he visto a un camello pinchar— y se fía de unos renos para llegar a su destino?

Bromas a parte,  lo cierto es que bien seas devoto de Santa Claus o fiel admirador de los Reyes Magos, a todos nos hace la misma ilusión dejar nuestro zapato bajo el árbol y acudir a su encuentro, como caballos desbocados, a la mañana siguiente. Pues bien, aunque muchos de vosotros no os hayáis percatado, a Melchor, Gaspar y compañía no les sirve cualquier tipo de calzado. Imaginad, por ejemplo, lo que pasaría si dejásemos una sandalia de tacón junto a las galletas y el agua para los camellos. ¡Se saldrían todos los regalos! Por ello, este año me he dado a la tarea de encontrar el zapato perfecto para cobijar nuestros presentes navideños. ¿Lo mejor de todo? ¡Está hecho en México!

Os hablo, como no podía ser menos, de la firma Felicific, que esta temporada invernal ha presentado unos botines preciosos y comodísimos —y no, no es publicidad, os puedo asegurar que tengo varios zapatos de Felicific y son como zapatillas—. De todas sus nuevas propuestas, me quedo con el modelo Patricia, existente en tono camel y chocolate. Una pieza lo bastante amplia como para guardar nuestros regalos, sin que estén expuestos a algún peligro, hasta la mañana de Navidad.

Si eres de las que prefiere apostar por lo tradicional y no despistar a Santa con variaciones de última hora, opta por el botín flat camel, que viene en tonos negro y vino. Una pieza de su colección permanente que lo podrás utilizar tanto con falda como con pantalón.

Por último, uno de los detalles que más me gustan de esta marca es el nombre de sus modelos. Todos los zapatos llevan el nombre de la primera persona que se hace con cada nueva creación. Quién sabe, si somos acertados, quizá arranquen el año con el modelo Santa Claus… —yo pienso dormir con un ojo abierto, por si acaso—.

Rincones de moda para los amantes de la carne

De todos es bien sabida la variedad y diversidad de la gastronomía mexicana; sin embargo, me ha parecido oportuno cerrar el año destacando cuatro restaurantes especializados en carne que, aunque puede que más de uno discrepe en cuanto al criterio de selección de este ranking, para mi gusto son la estrella de este 2018.

Empecemos por lo básico; la materia prima. Como española, muchas veces me he cuestionado por qué esa costumbre —por no llamarlo manía obsesiva— de bañar siempre la carne y el pescado en 1 litro de salsa —eso cuando, además, no lo gratinan, le echan más salsa encima y demás condimentos— que solo consiguen opacar el sabor natural del producto principal. ¿De qué sirve tener una de las carnes con mayor calidad del mundo —con permiso de los argentinos— si la vamos a mandar a un segundo plano? En este punto me gustaría destacar el entrecôte al carbón de Blanco Castelar; un corte de excelente calidad, cocinado al calor de las brasas y apenas salpimentado. Si catar el verdadero sabor de la carne made in Mexico es tu objetivo, te recomiendo encarecidamente que te des una vuelta por esta construcción de estilo californiano, diseñada por el arquitecto Shafick Kaim, entre 1939 y 1940. Si además quieres darle ese toque de mar y montaña, puedes pedir de entrada el crudo de hamachi con perlas de trufa; una explosión de sabores que seguro sorprenderá a tu paladar.

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Centro de filete #blancocastelar

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Siguiendo con la constante del sabor natural de la carne, me parece interesante destacar, puede que no tanto por su sabor pero sí por su variedad de cortes, el restaurante Puerto Madero; un clásico en Ciudad de México. De ambiente más tradicional y serio, puede ser una buena opción para compartir un domingo en familia. Desde mi punto de vista, la mejor opción es que pidáis varios cortes y los compartáis. De esta forma podréis pasar de la suavidad del lomo a la gran textura y sabor del bife angosto en la misma visita. La cazuela de camarones y pulpo fue de mis entradas favoritas para abrir el apetito. Ya me contaréis si coincidís.

Corte de carne.

Dejando a un lado el purismo de la materia prima en su máximo esplendor, ha llegado el momento de hablar del restaurante Mochomos. Ubicado en la Avenida de Las Palmas, es el espacio perfecto para probar las mejores preparaciones y combinaciones con la carne como ingrediente principal. Pero antes de entrar en detalles, dejadme que os hable de sus tacos y tostadas, ¡una delicia! Si sois más de mar, tenéis que probar las tostadas puestas de atún, con pescado marinado en salsa de cítricos y salsas negras, coronada con finas rebanadas de aguacate y poro. Si la montaña es lo vuestro, os encantará la carne a la piedra para que la podáis ir haciendo paso a paso en la mesa —sí sí, como los muebles de Ikea—. Abierto ya el apetito, os recomiendo por encima de todas las opciones el filete de res bañado en salsa de cereza, mi favorito, o el filete Kawi; medallones gratinados con queso de cabra, tomate deshidratado y coronados con espinacas fritas y tomate cherry confitado. Eso sí, por mucho que la carta os haga ojitos, T-E-N-É-I-S que dejar espacio para el postre. Muchas amigas me han dicho que el pastel de pistache es la joya de la corona en Mochomos pero la verdad es que nunca lo he probado. Ojo, siempre me lo propongo pero es que cuando llega la hora del dulce y me acuerdo de su pastel de tres leches con chocolate y chispitas de chocolate no puedo ver más allá. De verdad si sois chocolate lovers, ¡tenéis que pedirlo!

Para finalizar con broche de oro, no podía despedirme de la carne sin probar el restaurante Cuerno Masaryk. Para empezar, lo más importante que debéis saber sobre este restaurante es que la lista de espera es E-T-E-R-N-A. Vamos que si pretendéis llegar un sábado cualquiera, a las tres de la tarde, que no os extrañe recibir un “tenemos lista de dos horas de espera” como respuesta —el que avisa no es traidor—. Lo mejor es que llaméis con tiempo y reservéis con antelación. Una vez que logréis conseguir una mesa, os sorprenderá lo acogedor del lugar y la bonita decoración que le caracteriza. Si vais al medio día, os recibirá un ambiente más distendido mientras que en la noche la situación se torna bastante más animada, con DJ en vivo incluido. Pero pasemos a lo importante; el menú. Además de una variada y atractiva carta de vinos, os recomiendo que seáis comedidos a la hora de pedir, pues los platos están bastante bien servidos. Como entrante os recomiendo el chicharrón de pulpo y los tacos Richi, con una carne tan jugosa que se derrite en la boca. Como plato fuerte, cuentan con una amplia variedad de cortes y opciones carnívoras con el sabor auténtico de la materia prima de la mejor calidad. Sin embargo; si sois de los que os atrevéis con nuevos sabores y lo exótico forma parte de vuestra dieta básica, os recomiendo mucho que probéis las láminas de wagyu japonés. Una carne tan suave y jugosa que dejará a vuestro paladar en el paraíso. Un trance culinario del que solo podréis salir con su ya archiconocido pastel de campechanas. ¿La receta? Secreto de sumario. Ya me contaréis qué os parece…

Láminas de wagyu japonés.

Fotos: Alba Vázquez/ Cortesía

En México no se habla español

Algunos de mis amigos, en tono cariñoso —espero—, me llaman Cervantes. Curioso apodo teniendo en cuenta que ni El Quijote me he leído —quien esté libre de pecado que tire la primera piedra—. Sin embargo, su ilustre adjetivo va más por mi obsesión por el idioma español que por otra cosa.

Que sí, que soy consciente de que estar pegados a los vecinos del norte tiene claras repercusiones en la cultura —véase la costumbre de celebrar Halloween y la iniciativa de algunos hoteles por ofrecer a sus huéspedes norteamericanos una cena de Acción de Gracias—, pero eso no significa que debamos renunciar a nuestro ADN. Y el idioma oficial de México, queridos amigos, no es otro que el español.

He de reconocer que cuando llegué a este país, el coger y el “culo” no fueron mis únicos enfrentamientos con el lenguaje. Los anglicismos y los términos españolizados a lo bruto —véase coachear— llegaron a hacer cortocircuito en mi sistema. Aún recuerdo cuando una amiga me llamó un jueves por la tarde para decirme que la habían invitado a una cena súper top y me ofreció ser su “plus one”. ¿Perdona? ¿tu qué? ¿Dónde quedó el “quieres ser mi acompañante” de toda la vida? Y puedo tolerar que el código de vestimenta haya pasado a ser un simple dress code y que la gente se despida con un escueto “bye” —yo seguiré defendiendo mi “hasta luego” de siempre— pero oye, ¿que me llames para ir a hanguear —no sé ni cómo escribirlo—? ¿qué es eso? ¿No podemos quedar para tomar un café y echar una risas como T-O-D-A L-A V-I-D-A D-E D-I-O-S?

En más de una ocasión he tenido que acompañar a alguna compañera al cajero porque no traía “cash” para pagar la comida o he tenido que posponer mi reunión con el jefe porque “andaba a full”. Y luego me dicen que soy una exagerada cuando les corrijo y les digo que nieva y no “neva”. Por favor… Al menos yo no insisto en “bustear” una publicación para obtener más visibilidad —la verdad es que yo con promocionarla me conformo—.

Señores, blush es colorete —o rubor, en su defecto—, lipstick es pintalabios —o labial, si prefieres—, y, definitivamente, por mucho que te empeñes en decir que te encantan los shots, en el Diccionario de la Real Academia Española no hay cabida para otra cosa que no sean chupitos.

Así que abracemos todos el idioma de Cervantes, alcemos nuestras copas y digamos “salud”—al que me salga con un “cheers” le doy con la copa en la cabeza—.

En México no llueve

Además del ya analizado tráfico infernal, una de las cosas que llamó mucho mi atención, cuando me mudé a Ciudad de México, fue la altura de los bordillos —en serio, aquí puedes llegar a desarrollar vértigo por el simple hecho de asomarte desde una banqueta—. Aquello era algo que se escapaba de mi entendimiento; sobre todo, teniendo en cuenta que el promedio de este país está muy alejado de la media de los nórdicos —sin ofender—. De hecho son tan altas que estoy convencida que solo con subir y bajar unas cuantas al día, es más que suficiente para lograr un bonito y tonificado derrierepor eso de que nadie se vaya a ofender si digo “culo”—.

Mis dudas se disiparon el día que cayó el primer diluvio universal. Porque en México no llueve, queridos amigos, en este país cuando las nubes deciden ponerse a descargar, más te vale que tu coche se convierta en lancha, pues parece que todos los ángeles se ponen de acuerdo para arrojar cubos de agua por la borda. Una vez empezada la tormenta, reza para estar bien resguardado pues, como daño colateral, la ciudad se inunda en cuestión de minutos —literal—. Puedes correr, saltar y gritar pero no podrás esconderte. Os lo dice alguien que ha visto llegarle el agua hasta las rodillas —y no es una forma de hablar—, en medio de una de esas “lloviznas”, mientras esperaba a que pasara el autobús.

Otra de las consecuencias de la lluvia en la capital azteca tiene que ver con la cantidad de coches y es que, por si el nivel de tráfico no fuese suficiente en condiciones normales, cuando llueve se triplica. En este punto te recomiendo que tengas lista una buena lista de Spotify para montarte tu karaoke particular y que lleves alguna que otra provisión —galletas y frutos secos son la mejor opción, tampoco te pongas a sacar el tupper en plena avenida Reforma porque en una de esas, al de al lado se le antoja— para hacer la espera menos desesperante.

Y si ese día elegiste el transporte público, la bici o directamente optaste por ejercer tu legítimo derecho a ser peatón, ¡aguas! —nunca mejor dicho—, un calzado adecuado puede marcar la diferencia entre llegar a tu casa sano y salvo o quedarte atrapado en el techito de algún comercio. El día que el juicio final llegue —o sea, cualquier fecha del calendario en temporada de lluvias— agradece las banquetas de proporciones superlativas pues, siempre y cuando consigas resguardarte, el bordillo te protegerá de ser tragado por la inundación. Lo de la canoa y los remos también puede ser buena opción, pero ya está en cada uno prepararse como quiera, o como medianamente pueda…

Fotos: Cortesía

Los rincones más top para las ‘beauty lovers’

Como la mayoría de las mujeres, durante mis 24 años de vida, ya había seleccionado minuciosamente mis sitios de confianza en Oviedo. Por eso, cuando llegué a México, y teniendo en cuenta que mi novio no tenía las mismas necesidades que yo, me costó bastantes pruebas —con sus consecuentes errores— encontrar los lugares adecuados para los clásicos retoques de “chapa y pintura”.

Teniendo en cuenta la cantidad de extranjeras, recién aterrizadas, que se han acercado a mí en los últimos 8 años pidiéndome consejo sobre dónde depilarse o dónde pintarse las uñas, he decidido hacer una recopilación de mis beauty hot spots para evitaros alguna que otra historia de terror —sí, os las contaré—.

Depilación

Mi primer impulso me llevó a probar suerte en las típicas peluquerías de barrio donde también ofrecen “depilación”. Y lo pongo entre comillas porque las experiencias que tuve ponen muy en duda esa afirmación. En una de ellas, quise probar con algo fácil como medias piernas y os podéis hacer una idea de la cara de póquer que puse cuando me sacaron el típico tarrito para depilar zonas pequeñas como el bigote. Después de dos horas y media, los pelos ya se me habían caído por desesperación. Eso sí, nada se compara a mi segunda experiencia… Después de decirle a una linda señorita —que parecía Lluvia Rojo recién salida de la peluquería de Cuéntame cómo pasó— que mi intención era volver a usar falda, me metió en una habitación donde había dos camillas —sí, dos—. Pero lo peor no fue eso, lo más grave fue cuando a los cinco minutos entró —a hacerme compañía, digo yo— la segunda clienta. En ese momento, queridos amigos, solo cerré los ojos y recé para que no fuera a hacerse la zona del bikini.

Después de estos oscuros episodios, entenderéis la alegría que me entró cuando, por una compañera de trabajo, descubrí Wax Revolution. No es que te quiten los pelos de una manera especial pero, al menos, son espacios limpios, agradables y el trato del personal es impecable. Es caro —carísimo, no os voy a engañar—, pero teniendo en cuenta el resto de opciones, creedme cuando os digo que lo vais a pagar con todo el gusto del mundo.

Depilación de cejas

En este punto me gustaría hacer especial incisión ya que, como todas bien sabemos, las cejas son el marco de la cara. De ahí que encontrar a alguien que consiga darnos la forma adecuada, en consonancia con nosotras y nuestra personalidad, sea una de nuestras necesidades básicas de belleza. La barra de cejas de Benefit Cosmetics, que puedes encontrar en centros de Sephora y en Palacio de Hierro, creo que es la opción perfecta ya que, bien sea con cera o con pinza, son expertos en diseño de cejas. Sé que en España es mucho más caro, por eso te recomiendo que aproveches las ventajas de estar de este lado del charco y le des a tu rostro el marco que mejor le queda. Siempre que voy, acabo comprándome ese «algo más», para pintarme las cejas, peinarlas o lo que tengan de novedad…

Uñas

Pintarse las uñas suena más fácil de lo que realmente es. En mi caso, y después de vivir la experiencia de los salones de belleza impregnados con el penetrante olor del acrílico con el que ponen las uñas postizas, he de reconocer que he encontrado en D-Uñas el espacio que, por precio y trato, mejor se adecúa a mis necesidades. Además, tienen varias sucursales lo que lo convierte en un sitio cómodo y accesible para arreglarte las uñas. Te recomiendo que vayas a hacerte la pedicura y hasta con masajito de pies saldrás.

Peinarse para un evento

En este punto, si lo que buscas es un sitio donde te hagan algo rápido por un precio asequible, te sugiero que pruebes el menú de Her barra de peinados. Y digo menú porque su servicio se basa en una carta ya establecida para que elijas qué peinado quieres ese día y, en menos de una hora, estás lista para partir la pana.

Maquillaje y peinado

Si buscas algo más elaborado, como un look para una boda o un evento más top —en México las mujeres se arreglan mucho, así que este tip te servirá en más de una ocasión—, te recomiendo que simplifiques esfuerzos. Como ya lo hemos hablado, el tráfico de México hace que moverte de un lado a otro sea tedioso y complicado. Imagina si, además, tienes que ir a una peluquería a que te planten el moño —chongo de este lado del charco— y después  a otro sitio a que te tapen las ojeras y el estrés de andar corriendo de un lado para otro. O-P-T-I-M-I-Z-A tu tiempo. Coge el móvil y descárgate una aplicación que se llama Glam2Go; agenda una cita y relájate en el sofá mientras vienen a peinarte y a maquillarte, en tu casa y sin agobios.

 

 

Spás para facial

A todas nos gusta darnos un capricho de vez en cuando y consentirnos con un facial. En este punto, os recomiendo mucho el spá que se encuentra dentro del Liverpool de Polanco o Hela Spá, ubicado en el hotel Presidente Intercontinental de Campos Elíeos. Ninguno de los dos es una ganga precisamente, pero creedme cuando os digo que vuestra piel —el exceso de polución llega un punto que se hace más que evidente— lo agradecerá.

Cortarse el pelo

No os voy a mentir; aunque alguna vez he probado a cortarme el pelo en México, aún no he encontrado a alguien que me de la confianza que me da Barbareando. Así que, aunque parezca cantante de rock desmelenándome en el escenario, siempre trato de esperar a llegar a casa para ponerme en sus manos. De las veces que el espejo me tuvo que gritar un “córtate el pelo hippie” —y accedí—, los chicos de Orange Beauté, en Palacio de Hierro, me dejaron muy satisfecha con el resultado. Eso sí, preparad la cartera…

 

 

Ahora contadme vosotras, ¿cuáles son vuestros sitios de confianza para una puesta a punto?

Fotos: Alba Vázquez

Así dan las gracias en México

El día de Acción de Gracias en Estados Unidos —porque en Inglaterra fue mucho antes— data del siglo XVII y, aunque la idea original era dar gracias por las cosechas del año, hoy en día esta costumbre se sigue practicando, aunque no necesariamente haya ninguna plantación —al menos literal— previa.

Si os digo la verdad, hasta que llegué a México no sabía mucho de esta tradición —más que por los capítulos de Friends en donde el pavo, el desfile anual de Macy’s y la reunión de los protagonistas alrededor de la mesa eran los ingredientes principales—, pero aquí, aunque es una costumbre que nadie celebra, la cercanía con los vecinos del norte te lleva a conocer más de cerca sus costumbres y así descubrí, entre otras cosas, que le día de Thanksgiving es casi tan importante (o más) que la Navidad para algunos de ellos.

Sé que en el artículo sobre el Día de Muertos fui un poco —vale, muy— dura con eso de celebrar Halloween cuando creciste en Puebla o en Albacete pero, en este caso, he de confesar que me parece una tradición que todos deberíamos adoptar. ¿Qué mejor motivo para reunirte con tu familia y seres queridos que dar las gracias por todo lo bueno que te ha pasado este año?

El caso es que hace unos días me invitaron al restaurante Rulfo Paraje Latino, ubicado en el Hotel Hyatt, para probar su menú especial de Thanksgiving. Obviamente, mi primera pregunta —esperando que la respuesta me diera munición suficiente para atacarlos por copiones— fue referente a por qué celebrar una costumbre americana en México. La contestación me sorprendió gratamente; para que los ciudadanos estadounidenses que se encuentran ese día en México puedan celebrarlo “en familia”.

En cuanto al menú, al que cualquiera se puede apuntar —bien sea americano o solo por el gusto de compartir— será ofrecido el próximo 22 de noviembre y, aunque respeta los ingredientes principales del banquete, ofrece unas variables bastante interesantes.

En primer lugar, Alejandro Escudero, Chef Ejecutivo del hotel, y el Sous Chef Ejecutivo, Davide Preziuso, decidieron arrancar su propuesta con un entrante fresco, de sabores vibrantes y muy atractivo visualmente; un amouse bouche de salmón curado en casa, queso de cabra especiado con arándano y nueces, espárragos frescos y vinagreta de lima. He de deciros que la vinagreta le da un toque divertido e interesante a la cremosidad del pescado.

 

Amouse bouche de salmón curado en casa.
Amouse bouche de salmón curado en casa.

 

La oferta culinaria sigue con una sopa de elote dulce, poro dorado, pimientos, aceite de perejil y aire de trufa, para calentar el ambiente —puede que en México sigamos en manga corta pero en el norte ya empieza a asomar el frío del invierno—.

 

Sopa de elote dulce.
Sopa de elote dulce.

 

La tradición se hace presente con el plato fuerte del menú; pechuga de pavo rellena de semillas y frutos secos, tocino, puré de camote amarillo y morado, ejotes y gravy de ave. Una delicia para los sentidos y para el corazón de los que abrazan los sabores de siempre.

 

Pechuga de pavo rellena.
Pechuga de pavo rellena.

 

Por último, y reinventando el clásico pastel de manzana, Escudero y Preziuso proponen un postre compuesto por manzana horneada con frutos rojos y secos, canela, vino tinto y helado de macadamia. El broche perfecto para una cena de las que hacen historia.

 

Manzana horneada.
Manzana horneada.

 

Por último, si eres de los que prefiere no celebrar, siempre te puedes consolar con aprovechar el viernes siguiente al día de Acción de Gracias para desquitarte con los precios especiales del Black Friday. Ojo que en México, el Buen Fin —la versión mexicana, y ampliada, del viernes negro americano— se celebra este fin de semana. No os vayáis a reservar —a no ser que tengáis pensado viajar a Estados Unidos a celebrar con ellos el Thanksgiving, claro—.

Y vosotros, ¿por qué daríais las gracias este año?

Fotos: Cortesía

Tema: Baskerville 2 por Anders Noren.

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